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Marcos Roitman

Profesor titular de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Entre sus libros destacan: Tiempos de Oscuridad. Historia de los golpes de Estado en América latina (Akal, 2013); Democracia sin demócratas y otras invenciones (Sequitur, 2008); en colaboración con P. González Casanova, La formación de Conceptos en Ciencias y Humanidades (Siglo XXI, México, 2006); El pensamiento sistémico. Los orígenes del socialconformismo (Siglo XXI, México, 2003); y Las razones de la democracia en América latina (Sequitur, 2003).

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Europa: contra los inmigrantes subsaharianos, drones y represión

Las noticias no pueden ser más desalentadoras. Un día sí y otro también, los medios de comunicación proyectan imágenes de inmigrantes subsaharianos rescatados de las aguas del Mediterráneo por patrulleras pertenecientes a la Unión Europea. Mujeres embarazadas, madres con bebés en brazos, jóvenes en estado de hipotermia y shock; todos ellos, desorientados y con la mirada perdida, son atendidos por personal militar y la Cruz Roja. Los militares apuntan sus armas, mientras médicos y personal auxiliar visten monos blancos, guantes y mascarillas; los inmigrantes ilegales son considerados una epidemia contagiosa. Los sobrevivientes que han sorteado la muerte son sometidos a interrogatorios, fichados, fotografiados y trasladados a centros de acogida de extranjeros, que más bien parecen campos de confinamiento, donde lo más probable es que sean repatriados. La petición de asilo o refugio político es una lotería.

Las costas de Italia y España se han trasformado en un caladero de muerte. La tragedia toma una dimensión difícil de entender. No hay palabras. La sinrazón se apodera del drama humano convertido en pesadilla. Las agencias y los informativos prefieren relatar lo morboso, aquello que centre la atención del espectador. Los muertos no son noticia. En Palermo -nos anuncia una presentadora vestida a la moda- han sido detenidos quince inmigrantes musulmanes, rescatados en aguas próximas a Sicilia, por tirar al mar a una docena de inmigrantes cristianos. Meses antes, nos asombraban con otra noticia: en las costas de Almería algunos sobrevivientes de pateras declararon haber tirado por la borda a una docena de subsaharianos para evitar zozobrar y haber dado una paliza a otros hasta matarlos.

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Eduardo Galeano: cronista de la esperanza, escribiente del dolor

" Los científicos dicen que estamos hechos de átomos,

pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historia"

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La democracia según Estados Unidos

Los Estados Unidos se autoproclaman un pueblo pacífico, destinado por la providencia a expandir el ideal de la libertad y la democracia por el planeta. Su relato se complementó más adelante con doctrina Monroe de 1821, cuyo eslogan "América para los americanos" fue la excusa para imponer su voluntad a los nacientes Estados de América latina. Doctrina Monroe y "destino manifiesto" han tenido diferentes interpretaciones y actualizaciones, según gobiernen demócratas o republicanos. Desde la política del garrote y la zanahoria, pasando por la del "buen vecino", el panamericanismo y la Alianza para el Progreso hasta las políticas militares y geoestratégicas. Guerras de baja intensidad, lucha contra el narcotráfico, el terrorismo internacional, reversión de procesos revolucionarios, etc. Bajo dicho paraguas proclaman su condición de gendarme no sólo en América latina, sino en el mundo occidental. Según argumentan sus ideólogos y think tanks, no se trata de una situación buscada, sino de una especie de fatalidad con la cual deben convivir, impuesta por Dios, como pueblo elegido para garantizar la democracia. Así, educados en la paz, tendrán que hacer la guerra. Defensores de los derechos humanos, tendrán que violarlos. Bajo la promesa de defender la justicia y la libertad, se ven abocados a transgredir dichos principios en pro de lograr el objetivo final, que no es otro que imponer por la fuerza y a su pesar el Estado de Derecho. Para ello no escatiman esfuerzos, promueven golpes de Estado, derrocan gobiernos y, si es necesario, invaden países en nombre de la pax americana.

Nunca he creído en guardianes de la democracia. No soy partidario de un gendarme protector que avise, según su entender, cuándo se traspasa el límite de lo políticamente correcto. Rechazo, por principio, los discursos paternalistas y soberbios, llenos de consejos mostrando los peligros de refrendar proyectos antiimperialistas, democráticos y socialistas, así como las consecuencias de no seguir sus advertencias. Siempre bajo el tópico: "ustedes se lo han buscado". No queríamos invadir, matar, violar ni torturar, pero no nos han dejado otra salida.

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El trampantojo venezolano: cuando la sedición muta en democracia

Justificar un golpe de Estado, proclamándose adalid de las libertades civiles, es un ardid propio de quienes desprecian el poder político democrático. En América Latina las experiencias históricas se acumulan y no dejan de sorprender por su recurrencia y uso de argumentos asentados en la psicología del enemigo interno desplegada durante la guerra fría, diseñada por Brasil y redefinida por Estados Unidos como doctrina de la seguridad nacional.

Venezuela sufre desde 1998, fecha del triunfo electoral del proceso bolivariano encabezado por Hugo Chávez, una acción desestabilizadora destinada a romper la voluntad popular del pueblo venezolano expresada en las urnas. Al desconcierto inicial de los partidos tradicionales desde principios del siglo XXI le ha seguido un reordenamiento de la derecha, grupos empresariales y oligarquía terrateniente, quienes no han dudado en llamar al magnicidio como alternativa para derrocar al gobierno.

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Sin principios no hay dignidad y sin dignidad no hay ética política

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, aludiendo a Izquierda Unida sentenció: "Se vive muy cómodo en el 12%, siendo un partido bisagra del PSOE, siendo fiel a tus principios y sabiendo que vas a ser minoritario". Que un político argumente la necesidad de renunciar a los principios y valores bajo el paraguas de ganar a toda costa es inquietante. En este caso, da igual si el secretario general aludía a un partido, a su dirigencia o al comportamiento de personas en su vida privada. La moraleja es la misma: no vale la pena mantener principios si con ello pierdes. En la vida es mejor ganar que perder.

Me parece que tal opinión -muy extendida en el ámbito deportivo: no importa jugar mal y ganar, mejor que hacerlo bien y perder- nos sitúa en el mundo donde el quehacer político se reduce a gozar del poder por el poder. El EZLN lo aclara magistralmente: "En la historieta del poder, el problema de la relación entre la moral y la política es ocultado (o desplazado) por el de la relación entre política y éxito, y entre política y eficacia. Maquiavelo resucita en el argumento de que, en política, la moral superior es la eficacia y la eficacia se mide en cuotas de poder, es decir, en el acceso al poder (...) En consecuencia, ahora hay una ética de la 'eficacia política' que justifica los medios que sean necesarios para obtener resultados".

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La transparencia, una excusa para la corrupción

Desde hace algún tiempo, partidos políticos, instituciones y personalidades públicas reclaman transparencia, como si fuese la respuesta a todos los males de la política actual y supusiera el fin de la corrupción. Igualmente, la relación entre partidos políticos y democracia parece unívoca. La existencia de muchos partidos se interpreta como un síntoma del buen funcionamiento democrático. Un juego entre partidos que se disputan cargos públicos para gestionar fondos y controlar las decisiones del día a día en el marco de las estructuras de poder.

A medida que el neoliberalismo ha ido asentándose cultural y socialmente, la política ha perdido su centralidad, reduciendo sus contenidos a una gestión y alternancia. Los proyectos, las alternativas y la creación de horizonte histórico desaparecen. El objetivo de los partidos y de sus representantes parece centrarse hoy en rendir cuentas de en qué, cómo, para y a quiénes se destinan los fondos que se manejan y, de paso, mostrar la desnudez económica bajo la fórmula de sueldos, salarios y declaraciones de la renta. El partido y sus dirigentes deben ser transparentes.

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Charlie Hebdo: terrorismo, libertad de expresión y humor

Los creyentes en dioses y profetas, sea Mahoma, Cristo o Moisés, se consideren católicos, judíos o musulmanes, lectores de la Biblia, el Corán o la Tora, están sometidos a un doble vínculo: su religión y una sociedad que puede o no estar secularizada. En cualquier caso, poco cambia el argumento. En Occidente, hablamos de la separación Iglesia-Estado, pero el calendario es religioso, se celebra la navidad, la semana santa y la Iglesia católica ejerce su fuerza sobre el poder político, manifestándose contra el aborto, el divorcio, la homosexualidad o la educación laica. Igualmente, controla empresas, bancos y medios de comunicación. ¿Estado laico? Los guardianes de la fe, las iglesias y sus funcionarios, se consideran legitimados para blandir la espada contra infieles y herejes, todos blasfemos. El mensaje es simple: mostrar irreverencia conlleva sufrir castigo divino. En esto tampoco hay distingos. Musulmanes, católicos o judíos justifican su venganza sin más argumento que sentirse insultados e humillados. Pero olvidamos que la religión es un asunto privado, que sólo compete a sus creyentes y no puede imponerse a los demás. El humor y las caricaturas, imitaciones, historietas, chistes, comedias, etc. son por naturaleza irreverentes. Y deben seguir siéndolo. Demuestra la capacidad de una sociedad de reírse de sus miserias, de criticar al poder y sentirse libre. Qué decir de la comedia greco-romana, cuna del humor occidental.      

La libertad de expresión -se quiera o no- presupone la capacidad de escuchar, seleccionar y determinar la relevancia de lo dicho. No todo lo dicho por alguien debe concitar y ser digno de atención. Los ciudadanos pueden reivindicar su derecho al silencio, la indiferencia y la crítica. En eso consiste la libertad de expresión. Los regímenes antidemocráticos cercenan la cultura, ejercen la represión política, la censura, ahogan económicamente a los medios de comunicación social independientes, mostrando un fundamentalismo, recortando derechos políticos en nombre de la seguridad, la decencia, el decoro y las buenas costumbres. No hay país occidental donde no se ejerza la violencia política en nombre de la razón de Estado. Seguramente, nuestras maneras las consideramos civilizadas, frente a la persecución en países como Arabia Saudí, donde se persigue a homosexuales, el rey tiene todos los poderes, se castiga a las mujeres, existe una policía religiosa. Pero Occidente se siente cómodo con Arabia Saudí, aliado de sus torticeras maniobras en Oriente medio. ¿Por qué no le declara la guerra como ha hecho con Siria, Libia e Irán? ¿Hipocresía?

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Cuba: la dignidad gana batallas

Resulta un contrasentido. Quienes hasta hoy señalaban que el bloqueo económico, el embargo y el boicot político serían la manera de acabar con la revolución cubana, hoy señalan que ha resultado un fracaso. Sin embargo, sus mismos impulsores hablan del daño causado, dejando sin argumentos a quienes continuamente proclaman su inexistencia o ser una mera excusa para convencidos. Informes del departamento de Estado, la CIA y el Pentágono desglosan las maniobras de sabotaje para causar daño a la población cubana. Pero el embargo se mantuvo, aunque en la última Asamblea General de Naciones Unidas Estados Unidos e Israel se quedaron solos. Los 188 votos de los países asistentes solicitaron su levantamiento. Quien mejor sintetiza este sinsentido es el exfiscal adjunto de Nueva York, Robert. F. Kennedy Jr, sobrino del expresidente Kennedy, en un artículo publicado en el periódico La Jornada de México: "Parece una tontería que EEUU mantenga una política exterior mediante la repetición de una estrategia que demostró ser un fracaso monumental durante seis décadas (...) El embargo es una locura (...), desacredita claramente la política exterior estadounidense, no sólo en América latina, sino también en Europa y otras regiones".

Son muchos quienes durante décadas han vaticinado el fin de la revolución cubana. No han faltado argumentos. En tiempos de guerra fría se tildó al régimen de ser un títere de la Unión Soviética. Tras la caída del muro de Berlín, y la desarticulación del bloque del Este, Cuba se consideró un anacronismo histórico. No tenía cabida en la nueva era de la globalización. Sin apoyos exteriores, la revolución llegaría, sin pena ni gloria, a un callejón sin salida. Moriría y con ello su ideario. Su existencia sería un mal recuerdo en medio de un caos económico, social y político. Cuba entraría a la comunidad internacional con la cabeza gacha y reconociendo su fracaso. Los agoreros intuían un proceso similar al seguido por Rumanía, Polonia, Hungría, Bulgaria o la desarticulada URRS. El restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos pone en evidencia lo estrecho de un planteamiento como el descrito, mantenido durante medio siglo articulando la política exterior de Estados Unidos.

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La administración política de nuestros miedos

El miedo forma parte del relato político. Su construcción procede de las entrañas del poder. Su objetivo es controlar el desborde social. Es la mejor forma de evitar un cisma o una revolución. La Iglesia católica, por ejemplo, administra la condena eterna, el miedo de sus feligreses, ofreciendo absolución a los pecados bajo el secreto de confesión. El temor a sufrir la llama del infierno se muestra eficaz a la hora de expiar culpas. Esta técnica funciona de maravillas. No pocas donaciones a la santa iglesia se realizan en el lecho de muerte bajo amenaza de no pasar el juicio divino. El panóptico de Dios es absoluto. El descanso del alma está reservado a unos pocos elegidos. Asimismo, las sectas -sin excepción- practican el miedo como técnica de control. El temor a la venganza de un Dios castigador da pie a concepciones milenaristas, guerras, matanzas, suicidios colectivos y asesinatos múltiples. El miedo irracional a desatar la ira de un Dios cansado de la corrupción mundana, empuñando la espada justiciera y aniquilando la especie humana, da para mucho.

Lo apuntado para la iglesia se puede extrapolar a la política. Las visiones catastrofistas son un factor de control social. Una manera de administrar los tiempos del poder. En 1986, durante el referéndum sobre la pertenencia de España en la OTAN, tanto el discurso de las fuerzas políticas que apoyaban el sí como el propio gobierno del PSOE, adoptaron un tono apocalíptico. ¿Quién administrará el no? Las respuestas eran, entre otras: "Fuera de la OTAN, España no tiene futuro" o "Renunciar a la OTAN conlleva la muerte política de la joven democracia". Felipe González, por esa época líder respetado, amenazó con renunciar si ganaba el no. La disyuntiva se planteó en términos de la OTAN o el caos. Y claro, ganó el sí. Los miedos se construyen y se administran al igual que los mitos políticos.

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Treinta años de neoliberalismo en México: los orígenes de la narcopolítica

Las protestas, manifestaciones de estudiantes, marchas y la solidaridad de todo el pueblo mexicano exigiendo el fin de la violencia y la aparición con vida de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa han paralizado el país. Las voces pidiendo la dimisión del presidente Enrique Peña Nieto muestran un gobierno incapaz de revertir el descrédito en el cual han caído las principales instituciones del Estado. Mientras tanto, la clase política -cuyo ideario neoliberal compromete a los tres grandes partidos, PRI, PAN y PRD, y a sus aliados menores- prefiere enrocarse con un discurso grandilocuente de éxitos privatizadores y su lucha contra el narcotráfico. Desde hace treinta años, el neoliberalismo es el mantra con el cual gobiernan el PRI y el PAN, tándem conocido como PRIAN.

Fue Miguel de la Madrid, presidente entre 1982-1988, quien abrió las puertas a la reforma neoliberal del Estado, promoviendo la apertura comercial-financiera y la descentralización, desregulación y privatización del sector público. La revolución mexicana fue perdiendo identidad. El antiimperialismo y el nacionalismo revolucionario se trasformaron en sumisión a Estados Unidos. Mientras tanto, el régimen político conservaba los mecanismos de control de un Estado autoritario. La guerra sucia, el fraude electoral, el cohecho, el crimen político y la censura fueron las armas preferidas para detener la protesta social y la crítica política. En un acto de claudicación de soberanía, De la Madrid cedió parte del territorio a los Estados Unidos para ser utilizado por la CIA, la DEA, el FBI, el Pentágono y el Departamento de Estado en la lucha contra el narcotráfico, dentro de la estrategia de guerras de baja intensidad diseñada por la administración Reagan.

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