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Telesforo Bravo, un profeta en su tierra

Trece años después de su muerte, este profesor sigue siendo un referente entre muchos canarios, por la defensa de su tierra

La fundación Telesforo Bravo tiene la función mantener viva su figura y su obra, que sirviera de trampolín para relanzar su filosofía ante la vida y la ciencia

La investigación, divulgación y promoción de los valores naturales y sociales de los Parques Nacionales y resto de Espacios Naturales Protegidos de Canarias será prioritarias en esta institución

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Telesforo Bravo, un profeta en su tierra.

Telesforo Bravo, un profeta en su tierra.

Trece años después de su muerte, Telesforo Bravo sigue presente en el día a día de muchos canarios, que vieron en sus conocimientos un referente de la defensa de su tierra y un isleño ejemplar por sus ansias de conocimiento y de compartir su sabiduría.

Por encima de los cargos y las representaciones que ostentaba, el profesor Telesforo Bravo era una persona afable y humilde, cuyos conocimientos engrandecían cada vez que los compartía, tanto en sus clases, como en una conferencia o en aquellas aleccionadoras intervenciones en los medios de comunicación, en las que siempre dejaba deslizar una lección de respeto por un entorno en constante riesgo por unas leyes menos proteccionistas que las actuales.

Familiares, amigos y admiradores, llevaban unos diez años de lucha incansable para lograr establecer algún tipo de institución que mantuviera viva su figura y su obra, que sirviera de trampolín para relanzar su filosofía ante la vida y la ciencia. Al final, ese objetivo se logró, y de la mano de su nieto, Jaime Coello Bravo, a quien una vez le dijo, antes de su inesperada muerte: “Con todos mis documentos, haz lo que quieras”, algo ante lo que no le quedó más remedio que actuar en consecuencia e impulsar una fundación que lleva su nombre y que ha empezado su andadura en julio de 2015.

Coello, como director de dicha fundación, recordó que esta iniciativa se puso en marcha justo cuando murió su abuelo, y sin olvidar aún “aquella manera socarrona y tan portuense de dejarme en mis manos toda su obra, ya que con su sonrisa, me transmitió que sabía que yo haría lo correcto”.

Con el paso del tiempo, tras más de una década sin la presencia relevante de Telesforo Bravo, su nieto señala que esa sencillez que siempre le hizo tan grande y que tanto reconocimiento popular le otorgó, tiene su origen en que él “nunca se olvidó de que cuando era un niño jugaba en los charcos que dejaba la marea y que nunca perdió el amor por la naturaleza y sus congéneres”.

Jaime Coello destaca también de la personalidad de su abuelo “esa preocupación que tenía por las personas, y su empatía cuando surgía una inquietud por aspectos como una crisis volcánica o un terremoto, además de esa mirada traviesa que sacaba a relucir cuando observaba algo y se callaba”.

El director de la Fundación Telesforo Bravo señaló que el acceso a la documentación o correspondencia de su abuelo, le ha ayudado a conocerlo aún más, hasta el punto de observar una personalidad que “aceptaba de forma estoica lo que le pudiera pasar, como las privaciones durante la Guerra Civil o las condiciones en las que estudió en Madrid tras la misma. Lo asumía todo casi con alegría porque era algo que tenía que vivir, y siempre lo he tomado como una lección de vida, porque lo afrontaba con optimismo”.

La extensa formación que fue acumulando a lo largo de su vida, y el lenguaje cercano con el que Telesforo Bravo hablaba de algunas cuestiones, sobre todo aquellas más controvertidas desde el punto de vista del medio ambiente o el urbanismo, le repercutieron en un respeto social y político, principalmente por la solvencia con la que abordaba cada asunto. En este sentido, Jaime Coello señaló que esa solvencia le viene de sus primeros pasos de formación, “autodidacta al principio, pero también influenciado por su padre, Buenaventura Bravo del Pino, un marino mercante que también era muy inquieto y que transmite a Telesforo el conocimiento y la cultura que va adquiriendo a lo largo de las rutas marinas entre Canarias, Cuba y EEUU”.

Las expediciones de Bravo en la naturaleza y en los trabajos de campo son muy tempranas, pues su primera incursión en una galería se remonta a la edad de 9 años, “una inquietud por adquirir conocimientos que le acompañarían a lo largo de su vida, pues esa vocación por aprender, le confieren mucha solvencia a la hora de defender un planteamiento o una teoría, algo que en ocasiones le generó alguna polémica, como por ejemplo con sus deslizamientos gravitacionales, negados por la comunidad científica durante unos 40, o su defensa para la conservación de algunos lugares naturales”.

En este sentido, Jaime Coello recordó su alocución durante la aceptación del título de Hijo Predilecto de Tenerife, en la que hablaba de salvar al paisaje canario de “tanta vulgaridad y agresión”, expuso un argumento que, sin duda, trae a la mente algunas consideraciones de Telesforo Bravo respecto al tratamiento que venía recibiendo en territorio. Su nieto y responsable de su fundación precisa que “era también la voz de la impotencia desde la autoridad científica que tenía, ante tanto desmán y, por ello, siempre ponía como referencia la cota 1.000 como el límite en el que simbólicamente decía, para llamar la atención, que ya se debía parar todo aquello”.

De Telesforo Bravo queda su obra, su imagen y su recuerdo, elementos que ahora requerirán de un trabajo con el mismo rigor con el que desempeñó toda su labor científica, y que tendrán sus primeros pasos en la puesta en marcha de la sede de la fundación. Al respecto, Coello dijo que tal y como ha expresado el alcalde de La Orotava, Francisco Linares, estará en este municipio, pero indicó que para su funcionamiento se requerirá de la colaboración de muchas instituciones.

Además, todo el material se tendrá que archivar, pero previamente se rematará el perfil que rodea al profesor con un documento gráfico sobre su vida, ya que con la colaboración del director de cine David Baute se podrá estrenar en octubre un documental sobre su vida y en cuya elaboración se han invertido los dos últimos años.

El resultado del rodaje “no dejará a nadie indiferente”, señaló Coello, pues anuncia que aportará datos relevantes de varias de sus estancias fuera de las islas, pues recordó que su condición de hidrogeólogo le repercutió fama también a nivel internacional, de lo que “guardamos correspondencias de grandes empresas estadounidenses que quieren contar con su participación después de su trabajo en Irán, donde en tres años desarrolló un proyecto con el que aseguró el abastecimientos de más de 30 bases del ejército o diferentes trabajos como una prospección para una carretera o muelles”.

Asimismo, es de una especial trascendencia su legado en la búsqueda de agua en territorio peninsular, y por la documentación más reciente que ha llegado a manos de Jaime Coello, sus trabajos en las siete islas en el mismo campo.

El director de la fundación lamenta que, tal vez, el reconocimiento a Telesforo Bravo en Canarias “le llegó de manera tardía”, pues recordó que el Premio Canarias “se le entregó en el año 1989; el de Hijo Predilecto de Tenerife en 2001, algo que, por desgracia, no es ajeno a nuestra tradición, donde los hombres y mujeres de ciencia no son suficientemente valorados”.

Ahora, con la injusticia que siempre imparte el tiempo, viene el reconocimiento para uno de los científicos más brillantes de Canarias, al que, una vez más el tiempo dará su justo juicio. Esa fundación que tendrá su sede en La Orotava servirá, sin duda, de referencia a generaciones futuras y contemporáneas al profesor, que podrán observar una vida y obra que darán la exacta medida de alguien que, por fin, es profeta en su tierra.

Fines de la fundación

La fundación que llevará el nombre de Telesforo Bravo tiene por delante una compleja existencia marcada también por las actividades que han de darle vida, una labor que requerirá de un arduo peregrinar por las instituciones, pero también la implicación de los ciudadanos, que a través de la figura del "miembro colaborador", que pueden ser personas físicas o jurídicas, pueden ayudar al sostenimiento de esta institución mediante aportaciones económicas o realizando las tareas que pueden formar parte de ella. Para este modelo de intervención se ha fijado una aportación anual de 24 euros para las personas físicas.

La Fundación Telesforo Bravo tiene carácter científico y cultural, y sus fines son la preservación y divulgación de su legado científico, cultural y personal y de Juan Coello Armenta, así como los de otros investigadores que realizaron o realizan investigaciones en Canarias y otros territorios volcánicos, especialmente en el campo de las Ciencias de la Tierra y otras disciplinas que se puedan englobar en las Ciencias Naturales.

Telesforo Bravo, un profeta en su tierra

Telesforo Bravo, un profeta en su tierra

También estará dedicada a la investigación y formación en las materias propias de las Ciencias de la Tierra, especialmente en Canarias y otras islas y territorios volcánicos.

En esa labor de preservación del patrimonio geológico y la geodiversidad de Canarias, se incluye la elaboración de inventarios, estudios sobre su uso y gestión, actividades formativas y el asesoramiento a las administraciones y entidades privadas sobre estas materias, así como de los recursos hídricos, sus valores sociales, culturales, históricos y ambientales, y sus métodos de explotación y el fomento de una cultura de aprovechamiento racional y ahorro del agua.

Asimismo, se facilitará el apoyo a la actividad educativa y docente sobre la naturaleza de Canarias, especialmente la enseñanza de la Geología y las Ciencias Naturales en todos los estamentos educativos, con especial atención a los agentes turísticos.

La investigación, divulgación y promoción de los valores naturales y sociales de los Parques Nacionales y resto de Espacios Naturales Protegidos de Canarias será prioritarias, así como su fomento en el exterior, y el refuerzo de las relaciones entre las sociedades insulares atlánticas y territorios.

Otros fines que persigue esta fundación es la puesta en marcha de cursos, conferencias, seminarios, coloquios, talleres, muestras, exposiciones, rutas, excursiones, viajes, campamentos, y cualquier otra actividad relacionados con los fines fundacionales, y la elaboración, edición, patrocinio y distribución de publicaciones, exposiciones, audiovisuales, y cualquier otro material de carácter científico, técnico y divulgativo, y la puesta a disposición de los fondos de la Fundación a los estamentos científicos, educativos, culturales, agentes turísticos, administraciones públicas y el público en general.

Una vida apasionante

Telesforo Bravo nació en Puerto de La Cruz el 5 de enero de 1913. Su padre fue Buenaventura Bravo del Pino y su madre, Hilaria Expósito. Es el menor de tres hermanos, tras Hilaria y Buenaventura.

Su infancia transcurrió en su ciudad natal, y desde muy niño se volcó en descubrir un paisaje lleno de contrastes y cambios; con una incansable curiosidad que durante 20 años le llevó al estudio de la vida marina en los charcos de la costa de Martiánez o a la búsqueda de restos aborígenes en las cuevas. Desde joven combinó la lectura con la fotografía, una pasión que le acompañó toda su vida, y con la que capturó miles de rincones e inmortalizó a sus compañeros de andanzas.

Realizó los estudios primarios en Puerto de La Cruz y su bachillerato en Ciencias en el Instituto de Canarias de La Laguna, pero la estrechez económica de la época, hace que Bravo curse junto con su hermano, Buenaventura, los estudios de Magisterio en La Laguna. Su primer destino como maestro en prácticas fue La Gomera, en 1935, de donde regresa como titular un año después, justo cuando le sorprende la Guerra Civil.

Después del alzamiento le movilizan hasta 1938, con la misión de enseñar a leer y a escribir a reclutas en Hoya Fría, hasta que es destinado al frente de Madrid, donde permanecerá con el cargo de teniente hasta el final de la guerra, en 1939.

Hasta 1945, Telesforo Bravo siguió movilizado, sin perder durante ese período amargo el interés por sus grandes pasiones, y “mata el gusanillo” descolgándose cuando tiene oportunidad por los acantilados de la Quinta en Santa Úrsula, usando las redes de la batería de costa, en  busca de restos aborígenes y fósiles.

No es hasta 1946 cuando cumple su gran sueño, y con el apoyo económico de su mujer, que se queda en Tenerife ejerciendo como maestra y cuidando de los dos hijos del matrimonio, se traslada a Madrid y comienza la carrera de Ciencias Naturales.

Son años de posguerra donde escasea la comida, pero obtiene excelentes resultados académicos y se especializa en Geología e Hidrología. Finaliza los cursos de doctorado en 1953, pero diversas vicisitudes académicas relacionadas con la política universitaria le impiden obtener los datos necesarios para elaborar la tesis, lo que supone un duro revés para él.

En 1954 entiende que su carrera en Madrid ha llegado a una vía muerta, y decide regresar a Canarias para ocupar el cargo de asesor técnico del Museo Canario, y dos años después le llaman a Madrid los arquitectos e ingenieros de las bases americanas para realizar investigaciones hidrogeológicas en sus terrenos y emplazamientos de satélites estadounidenses en la Península. Al año siguiente, Ammann & Whitney, una empresa norteamericana de arquitectura e ingeniería, le ofrece un contrato como geólogo, para trabajar en el suministro permanente de aguas para una treintena de bases que el Cuerpo de Arquitectos e Ingenieros del Ejército de los EEUU está construyendo en Irán, para el Iran Road Project (Proyecto de Carreteras de Irán), realizando el estudio geológico de más de 800 kilómetros de carreteras y la localización de canteras de gravas y arenas, así como los estudios geológicos para la construcción de muelles en lagos.

En 1960 lee su tesis, que denominará Estudio Geológico y Petrográfico de la Isla de La Gomera, en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Madrid, y se convierte en Doctor en Geología y obtiene el Premio Extraordinario. Regresó a Tenerife para ocupar la dirección del Museo de Ciencias Naturales y este mismo año elabora un extenso informe sobre el problema del agua en Lanzarote, que padece una severísima sequía, y se convierte en profesor asociado interino de la Universidad de La Laguna.

Telesforo es reclamado además por casi todas las comunidades de aguas de las Islas encargadas de gestionar galerías y pozos, por su reputación como hidrogeólogo, pues su nombre garantía de alumbramiento de agua. Esa fama le llevará también a Chile y a Isla Margarita.

En 1966 obtiene, por oposición, la Cátedra de Geología de la ULL, y se convierte en  catedrático de Petrología y Geoquímica. Este año es también importante en su trayectoria científica, porque formará un binomio científico que aportará grandes progresos al conocimiento geológico de las islas Canarias. Es el que forma con su yerno Juan Coello, que posteriormente ocuparía la cátedra de Geología de la ULL.

En 1971 se produce la erupción del Teneguía y Telesforo Bravo es el primer geólogo en acudir sobre el terreno. Su intervención es fundamental para apaciguar los ánimos, ya que tranquiliza a la población y la convence de que no se trata de una erupción peligrosa. El profesor Bravo desempeña un papel fundamental en la elección del nombre de este volcán.

En 1989 contribuye con varias intervenciones ante los medios de comunicación a tranquilizar a los tinerfeños, conmocionados por un terremoto que se dejó sentir en amplias zonas de la Isla. Su primer diagnóstico, realizado a pocos minutos de producirse, sentencia que es tectónico y que se originó entre Tenerife y Gran Canaria, lo que se confirma al poco tiempo.

Su inagotable vocación de servicio hacia la sociedad le hizo formar parte además de la Comisión investigadora del Incendio de La Gomera y realizar trabajos junto con Juan Coello para la rehabilitación de la Catedral de la Laguna.

Participó en una comisión del Congreso de los Diputados sobre criterios del  anteproyecto de la Ley de Aguas el 26 de abril de 1985 y su amor por la docencia le llevó, ya en su etapa de jubilado, a realizar multitud de viajes por Canarias, Azores y Cabo Verde, organizados por la Asociación Viera y Clavijo, para la enseñanza de las Ciencias, donde impartió su magisterio a muchísimos profesores de secundaria.

En sus últimos años denunció con mucha amargura el deterioro y la pérdida de muchos paisajes y ecosistemas de Canarias, hasta el punto de advertir que “el suelo rústico está en peligro de extinción”.

Telesforo Bravo, un profeta en su tierra

Telesforo Bravo, un profeta en su tierra

Responsabilidades

Entre sus muchas ocupaciones, Telesforo Bravo fue vicedecano y Decano de la Facultad de Ciencias de la ULL; presidente de la Sección de Vulcanología y Química del interior de la Tierra de la Comisión Nacional de Geodesia y Geofísica; director del Instituto de Estudios Canarios en dos períodos, de 1969 a 1973 y de 1981 a 1985; vicepresidente de la sección científica del Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias; miembro de la Junta General del Consejo Insular de Aguas, de la Sociedad Española de Historia Natural; académico de número de la Real Academia de Medicina de Santa Cruz de Tenerife y miembro de la Sociedad Geológica de España.

También perteneció a los Patronatos de los Parques Nacionales de Garajonay y El Teide; trabajó para el Museo Canario en cuestiones arqueológicas, geológicas y de inventario y organización de las colecciones de Ciencias Naturales; Geólogo para la empresa arquitectos e ingenieros de las bases estadounidenses en España (1956) y para el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EEUU y el Proyecto de carreteras de Irán (1957-59), además de ser catedrático de Geología de la ULL y Maestro Nacional.

Distinciones

La destacada carrera científica de Bravo derivó en un sinfín de reconocimientos, entre los que destacan su condición como miembro de Honor del Instituto de Estudios Canarios; Medalla de Oro del CIT de Puerto de La Cruz, miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural con diploma honorífico, y de la Asociación de Amigos del Museo de Ciencias Naturales de Santa Cruz de Tenerife o la Insignia de Oro de Asaga.

El Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias lo distinguió como socio de honor, igual que la Real Sociedad Económica de Amigos del País y fue el primero en recibir la Medalla de Oro de la Asociación Canaria para la Enseñanza de las Ciencias Viera y Clavijo; fue miembro de honor del Patronato del Parque Nacional del Teide.

En 1989 recibió el Premio Canarias de Investigación y en el año 2000 los premios César Manrique y Teide de Oro de Radio Club Tenerife. Un año después recibe el título de Hijo Predilecto de Tenerife y en el 2002, a título póstumo, la Gran Cruz de la Orden de Canarias y la Medalla de Oro de Puerto de La Cruz en 2003.

Logros científicos

Entre sus principales descubrimientos científicos figuran los “deslizamientos gravitacionales para describir los orígenes de los valles de La Orotava y Güímar y el deslizamiento de Las Cañadas del Teide a través del valle de La Guancha-Icod, en 1962, y la presencia y efectos de  gases en las galerías de agua.

Además, se le atribuyen descubrimientos arqueológicos como la Quesera de Bravo en Lanzarote; los grabados aborígenes en los roques de Teneguía y Belmaco, en La Palma; cerámica, cuentas de collar y restos óseos en Tenerife, así como túmulo de la jarra y restos cerámicos en Gran Canaria.

De sus incursiones y trabajos de campo, hay muchas especies que han sido vinculadas a Telesforo Bravo, entre las que se detallan una especie de lagarto gigante en Tenerife, Gallotia goliath, descubierto por Bravo y su padre, y la Gallotia simonyi insulanagae, una subespecie de lagarto encontrada en el Roque de Fuera de Anaga, descubierta por él y su hermano Buenaventura, en 1935. También descubrió una especie de rata extinta, la Canariomys bravoi, el Acantina dontelei, un molusco de las Islas Salvajes, y la Gallotia bravoana, un lagarto gigante de La Gomera. La Euphorbia bravoana, un vegetal endémica de La Gomera, se la dedicó a su hermano el botánico sueco Sventenius.

Entre los lugares geográficos o formaciones naturales que aún conservan el nombre del prestigioso vulcanólogo, está el sendero más alto de España, que recorre el Pilón o Pan de Azúcar del Teide y termina en su cima a 3.718 metros, y un acuífero en La Palma, donde realizó importantes investigaciones hidrogeológicas en La Caldera de Taburiente, que se llama Coebra, en honor a sus descubridores, Juan Coello, colaborador científico, y yerno de Bravo, y el propio científico. Desde el 4 de mayo de 2009, el Instituto de Secundaria Puerto de la Cruz lleva su nombre y el nuevo centro de visitantes del Parque Nacional del Teide, también se llama Telesforo Bravo.

Ahora, su fundación lo hará estar presente, pero también contribuyen a su memoria el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias de Puerto de La Cruz, que celebra cada noviembre la Semana Científica Telesforo Bravo, o el Ayuntamiento de La Orotava, que desde hace casi dos década impulsa una jornadas de formación y los premios de fotografía de la Asociación de Amigos del Museo de Ciencias Naturales de Tenerife desde hace 14 ediciones. También sigue presente entre la población, que aún recuerda su valentía y críticas, pero que no han encontrado un relevo como el viejo profesor en la defensa de la naturaleza.

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