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Regular la capacidad de carga: solución a la masificación turística del Islote de Lobos

El parque natural sufrió este verano una afluencia de visitantes que llegó a superar los 2.000 al día

Las universidades piden una capacidad de carga que prime la conservación de especies y hábitats

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Embarcaciones en el Parque Nacional de Lobos

Embarcaciones en el Parque Nacional de Lobos Carlos de Saá

En el último verano se evidenció la masificación que está padeciendo el Islote de Lobos. Su frágil territorio, catalogado como Parque Natural, se ha convertido en uno de los principales reclamos turísticos de Fuerteventura y el incremento en la afluencia de visitantes supone una amenaza para su conservación. Sobre la mesa del Patronato insular de espacios naturales protegidos se encuentra el intento de cambiar su instrumento de ordenación para aumentar de forma oficial el número de personas que podrían acceder al Islote cada día. Pero las dos universidades canarias, la de Las Palmas de Gran Canaria y la de La Laguna, advierten de que el enfoque con el que se está abordando no es el adecuado.

Para valorar la capacidad de carga del Islote de Lobos, las universidades cuestionan que se esté considerando “la capacidad de carga física” como el “criterio fundamental que marque el nú- mero máximo de personas que diariamente pueden estar en Lobos”. Así, tachan de “erróneo considerar de partida que se trata de un espacio protegido con fines turísticos”, ya que forma parte de la Red de espacios protegidos de Canarias “por una serie de valores naturales, tanto paisajísticos como geológicos y biológicos”.

Para las universidades, “son las poblaciones protegidas o los há- bitats protegidos en la legislación canaria, estatal o europea los principales elementos a considerar” para asignar la capacidad de carga de Lobos y no el negocio turístico que está generando el Islote.

En una comunicación dirigida al Patronato de espacios naturales de Fuerteventura, los expertos de las universidades públicas canarias piden control y vigilancia para Lobos antes de tomar una decisión sobre un hipotético aumento de su capacidad de carga oficial. En la actualidad, el planeamiento del Islote establece que cada día pueden estar en Lobos unas 200 personas. Un estudio elaborado por la empresa Guatisea Servicios Ambientales para el Cabildo majorero pretende elevar esa capacidad de carga a 704 personas por día. La polémica está servida. Los grupos ecologistas, los representantes de las universidades e incluso el Gobierno de Canarias consideran que ese estudio toma como referencia islas como Galápagos, que nada tiene que ver con Lobos.

En el citado informe de las universidades, de los profesores Ricardo Haroun Tabraue de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y de Ignacio Frías Viera, de la Universidad de La Laguna, ambos representantes de los centros en el Patronato de espacios naturales de Fuerteventura, se insiste en diversas consideraciones a tener en cuenta en relación a la posible modificación del Plan rector de uso y gestión del Parque Natural. Según los profesores, es imprescindible lograr que el número de personas que acceda al Islote de Lobos sea controlado y verificado de forma regular por parte de la administración competente. De nada sirve, en su opinión, establecer una capacidad de carga, incluso aumentándola en el planeamiento, “si asociado a ese aumento no se implantan mecanismos efectivos que controlen y ordenen el flujo de visitantes”.

“Acceso incontrolado” Los expertos universitarios resaltan la “complejidad” de la ordenación de Lobos pero advierten de “los efectos que un incremento desmesurado de la capacidad de carga puede tener en las especies y hábitats de interés para la conservación en el Islote”. Los profesores, que han plasmado una serie de criterios para facilitar la valoración de las diferentes opciones a debate, ponen sobre la mesa que “la capacidad de gestión deviene a día de hoy absolutamente inoperativa por cuanto se está permitiendo el acceso incontrolado de personas y el fondeo de barcos y lanchas en las inmediaciones de la Isla”.

En ese sentido, alertan del acceso, “también incontrolado”, de zodiacs y otros tipos de buques que acercan a la costa a turistas que pasan allí el día. “Tales turistas, además, llevan consigo comida y bebida sin que se haya planteado ni por las empresas o personas que los llevan, ni por ellos mismos y menos aún por la Administración competente, el control y retirada de los residuos que quedan en la zona”, resaltan.

Las universidades consideran que los visitantes valoran que un territorio de alto valor medioambiental tenga ciertas restricciones de acceso y subrayan que están dispuestos incluso a abonar el coste de una entrada. Hay casos parecidos en otras Islas, de éxito indudable, afirman. “Desde el punto de vista de la población local y del mercado de trabajo”, del documento estudiado, elaborado por la empresa Guatisea para el Cabildo “no se puede deducir exactamente las personas que directa o indirectamente tienen alguna vinculación laboral con el Islote de Lobos”.

Los investigadores ponen en entredicho el citado estudio en relación a la capacidad paisajística, definida como la potencialidad del paisaje para asumir las actuaciones previstas sin alteración de sus rasgos y elementos característicos, en virtud de los distintos elementos de protección existentes, su fragilidad, los problemas actuales y amenazas futuras. En este ámbito, la presencia de flora y fauna protegida, la riqueza volcánica y la presencia de restos arqueológicos que están en investigación, no parecen estar en mejores condiciones por un incremento de personas que visiten la Isla que se pretende justificar con un argumento básico: el número de metros lineales de senderos.

Impactos: basura, caza furtiva y marisqueo

Los profesores de las universidades canarias destacan que hay elementos “que suponen un riesgo a tener en cuenta” para la preservación de Lobos. Así, citan la generación de basura, “una de cuyas causas” se debe “al excesivo número de visitantes en algunas épocas del año”. También que hay visitantes que caminan “fuera de los senderos”, “la presión marisquera continua y pesca deportiva de caña no controlada”, la “caza furtiva, básicamente sobre pardelas” o la llegada de “especies invasoras” que suponen una “potencial contaminación biológica”.

Por ello, subrayan que “es el impacto del uso recreativo el que debería centrar el objeto” del análisis sobre el futuro de Lobos, “dado que parece que el uso de carácter investigador o científico no supone un riesgo presente, ni una amenaza futura”.

Sin freno a la competencia desleal

Los profesores de las universidades canarias indican que el número de visitas no sólo atenta contra el medio ambiente, pues no tiene en cuenta ni la actual capacidad de carga ni tampoco el control de residuos que genera, sino que, además, perjudica a las empresas que en estos momentos transportan de forma reglada a los visitantes con control efectivo, así como al restaurador que la Administración ha permitido que explote su negocio en la Isla.

Esto implica que los aspectos económicos y la protección de las rentas básicas de quienes están explotando conforme a la legalidad las citadas actividades mercantiles están en riesgo por la competencia ilícita o desleal que le hacen estas otras personas que se encargan de transportar y venden los picnics a los turistas que llegan a la Isla de forma “no controlada por la administración”. Para los profesores, esta situación conculca el derecho a la libre competencia en el mercado.

Por otra parte, para las universidades la ‘ecotasa’ que se ha barajado establecer para visitar Lobos debe ser objeto de estudio y estar consensuada con la ciudadanía y, específicamente, con las personas vinculadas a este espacio protegido. En todo caso, sus ingresos deben revertir en una mayor calidad ambiental de la visita, concluyen.

¿Puede Lobos soportar 257.000 visitas al año?

Con la intención de modificar el Plan rector de uso y gestión del Islote de Lobos, se han barajado diversas alternativas. La denominada ‘alternativa cero’ pasaría por no cambiar el actual límite de 200 personas por día, establecido en el planeamiento del Parque Natural aprobado hace una década pero que, en la práctica, no se hace cumplir por las autoridades.

Con este límite, la afluencia al mes sería de unas 6.000 personas y al año de 73.000 personas como máximo. En cambio, se ha llegado a plantear elevar la capacidad de carga a 1.309 personas por día, lo que supondría 39.270 visitas al mes y 477.785 al año. La alternativa intermedia fija en 704 personas al día el número de visitantes, lo que eleva a 21.120 las visitas al mes y hasta las 256.890 al año.

Las dos alternativas para modificar el Plan de Lobos utilizan como criterio los metros lineales de los senderos oficiales (en el caso de ambas) y el área que ocupa la zonificación de uso general (en el supuesto de la más elevada en cuanto a visitantes permitidos). Los expertos universitarios consideran que hacer cambios que pueden “influir en la futura existencia” del Islote de Lobos tal y como se conoce “debería apoyarse en todos los elementos en juego para evitar un razonamiento sesgado”, que evite una evolución negativa de sus valores naturales.

Este reportaje fue publicado en Diario de Fuerteventura.
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