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‘Beasts of No Nation’, de Cary J. Fukunaga: ‘Un niño lo es todo’

Basada en el libro homónimo del escritor nigeriano Uzodinma Iweala, narra en forma de ficción el drama de los niños-soldado

Es la tercera película del cineasta estadounidense Cary J. Fukunaga, creador de la ya casi mítica primera temporada de la serie 'True Detective'

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Cartel de 'Beasts of No Nation'

Cartel de 'Beasts of No Nation'

“Es solo un niño”, dice el coronel de una facción rebelde en algún país de África, tras encontrar en la selva a un muchacho asustado y perdido, que huye del horror y de su propio miedo. “Tiene dos ojos para apuntar y dos manos para coger un arma. Un niño lo es todo“, le responde su comandante. Y ese es el momento el que Agu deja de ser precisamente eso: un niño. Antes vivía con su familia en una zona protegida de una nación sin nombre en plena guerra civil. Pero ese ‘antes’ se va difuminando poco a poco conforme se entrega a su nueva familia: un ejército de niños y jóvenes que siguen a un jefe mesiánico y carismático que deja un rastro de sangre en su supuesto camino a la libertad.  La causa por la que terminan luchando se pierde en algún momento de sus vidas, cuando mutan a una forma de muerte continua, la que da matar por matar.

' Beasts of No Nation' es la tercera película del cineasta estadounidense Cary J. Fukunaga, creador de la maravillosa 'Jane Eyre' de 2011 y de la ya casi mítica primera temporada de la serie 'True Detective'. La gran apuesta de la plataforma Netflix en su faceta de producción dejó sin habla al público del pasado Festival de Venecia y ya se encuentra recabando apoyos en su camino hacia los Premios Oscar. No es para menos en este caso. Se trata de una película casi perfecta, comprometida, cruel y bella, que recoge el testigo de la labor que Amnistía Internacional lleva décadas denunciando y que el cine español puso de largo en todo el mundo con el apabullante cortometraje 'Aquel no era yo': los niños soldado.

En esta suerte de 'Apocalypse Now', la jungla vietnamita se traslada hasta África para mostrarnos la bajada al infierno del pequeño Agu (absolutamente sobrenatural la interpretación de Abraham Attah) y el napalm se convierte en el polvo marrón de las balas, disparado y esnifado para aguantar el terror que siembra a su paso ese escuadrón de la muerte formado por pequeños que aprenden a matar antes que a vivir. Les guía El Comandante, un Idris Elba (el inolvidable Stringer Bell de 'The Wire' y también el mimetizado 'Mandela ') que desde el principio se erige un tótem de barro y violencia, padre y verdugo de todos. Con él aprenden que la única forma de existencia es el exterminio, pero también que es  imposible extirpar la infancia de cada rincón del ser.

“Ya nunca podré volver a hacer cosas de niño” es la frase más estremecedora que pronuncia Agu durante su narración en off de los hechos. Entre frases de una honda y sincera poesía, entre los paisajes de una ciudad que solo es sangre y miedo, el viaje iniciático del niño que descubre ese mismo horror del que hablaba el Coronel Kurtz en la novela de Joseph Conrad, es todavía más aterrador por tratarse de alguien que apenas está empezando a vivir. La trama entra un pasadizo oscuro y nada recomendable para estómagos débiles a mitad de la película, en el cara a cara de Agu con la muerte. A partir de ahí, nada es condescendiente, gratuito o cómodo. El dolor desborda cada escena.

'Beasts of No Nation' está basada en el libro del mismo nombre de Uzodinma Iweala, doctor y médico nigeriano que escribió esta obra para su tesis doctoral pero que finalmente se ha convertido en una de las más leídas de los últimos diez años. Lo relatado en el libro y en la película ha contribuido a la necesidad de seguir poniendo el foco sobre una cuestión que, como casi todas las sucedidas en África, solo son noticia cuando alguien con renombre gira su cámara hacia el continente olvidado para llevarlas a la gran pantalla. Este es un claro ejemplo, pero no por ello deja de ser una historia sincera, valiente y nada oportunista.  Si sirve de nuevo para que sepamos que hay un mundo más allá del dolor de Occidente, bienvenido sea.

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