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“Maus”: entre la esvástica y la pared

Las autoridades rusas han decidido esta semana que no se podrán vender más ejemplares de “Maus” por considerarlos apología del nazismo. ¿Por qué? Pues tendrán que ser esas mismas autoridades las que os contesten a esa pregunta porque, en mi opinión, no hay una obra más poética-histórica-crítica-cruda y rematadamente antinazi como la de Spiegelman.

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Durante unos cuantos años de mi vida hice crítica de cómic para diferentes medios de comunicación. En ese tiempo, tuve la oportunidad (y suerte) de poder leer y descubrir un buen número de grandes obras del “Noveno Arte” que, de otra manera, no habrían pasado a formar parte de mi universo vital.

Al mismo tiempo, fui tropezando con un sinfín de frases del estilo de “los cómics son cosas de niños y de adolescentes”, “no hay nada más allá de los superhéroes”, “a ver si maduras”, “si no escribes sobre Kundera y Umberto Eco nunca serás tenido en cuenta como periodista cultural” y un largo etcétera de chocarrerías que todos los freaks hemos tenido que soportar en más de una ocasión.

Pues bien, obras como “Maus” fueron las que me permitieron cerrar la boca a todos aquellos menospreciadores profesionales de la magia encerrada en las viñetas. Escrita y dibujada por Art Spiegelman, narra la verdadera historia de supervivencia del padre del autor (un judío polaco) durante los años de la Alemania Nazi. La preguerra, la ocupación, el hambre, la vida en el gueto, Aushwitz… todo aquello a lo que Jean Marie Le Pen (fundador del Frente Nacional francés) se ha referido como “una anécdota de la Historia”.

Galardonada con el Premio Pulitzer en 1992 y protagonizada por personajes animalizados, sus casi 300 páginas apestan al horror, la locura y la barbarie a los que los seres (in)humanos somos capaces de llegar cuando nos lo proponemos.

En su momento, “Maus” tuvo ciertos problemas de publicación en Alemania en su primera edición. Sin embargo, tenemos que entender que el país teutón (donde finalmente se publicó) fue el epicentro del holocausto y es un lugar muy sensible a estos temas por las atrocidades cometidas por su dictadura y en el que también está prohibido cualquier reproducción de la simbología nazi (casi, casi, casi como en España con los vestigios del fascismo).

Kalinka, kalinka, kalinka moya!

Si os escribo estas líneas es porque el pasado mes de diciembre, el parlamento ruso aprobó una ley que prohibía (y prohíbe) todo tipo de propaganda Nazi. Algo razonable, teniendo en cuenta la terrible guerra que tuvieron contra ellos y la macabra naturaleza del Reich de los mil años (que, afortunadamente, ni fue Reich ni duró mil años).

La sorpresa nos la hemos llevado esta semana cuando las autoridades rusas han decidido que no se podrán vender más ejemplares de “Maus” por considerarlos apología del nazismo. ¿Por qué? Pues tendrán que ser esas mismas autoridades las que os contesten a esa pregunta porque, en mi opinión, no hay una obra más poética-histórica-crítica-cruda y rematadamente antinazi como la de Spiegelman.

Censurando la censura de lo incensurable.

Comprenderéis que no pueda estar más sorprendido; un contenido mucho más que adecuado y un continente maravilloso. Una odisea en busca de la libertad y una condena del oscuro pasajero del nazismo. Una lectura obligada para todos.

Me queda el consuelo de que vivimos en una época en la que, gracias a las nuevas tecnologías, los rusos podrán saltarse esta injusticia de una manera u otra. Sin embargo, me entristece profundamente pensar que esta obra haya podido ser condenada por apología del nazismo y se convierta en un ejemplo más de cómo los gobernantes están haciendo las cosas.

- Pero eso de la censura es en la Rusia de Putin, ¿¡qué se puede esperar!?- gritarán algunos.

Y sería sólo en Rusia si no fuera porque en España algunos medios no han informado de l a publicación del último número de “Mortadelo y Filemón” porque aparecen Bárcenas y algunos políticos más, o porque esta semana nos hemos encontrado a un ministro queriendo “sancionar” a los medios por filtrar informaciones judiciales, o a compañeros suyos i ntentando borrar “amnistía fiscal” de sus mensajes públicos o a un Gobierno que ha promulgado una ley como la Ley Mordaza que está consiguiendo que periódicos tan importantes como The New York Times le dediquen sus editoriales pero… vaya… eso no debe de ser censura, ¿no?- diré yo.

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