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Luis Miguel Artabe

Una cocina ubicada en una realidad paralela, unos gramos de ironía, una pizca de hartazgo, unas gotas de esperanza y un sobre de "bastaya" en polvo son los ingredientes que emplea este periodista, profesor y lobo estepario 2.0 para cocinar cada uno de sus textos. ¡Que os aprovechen!

De divos, de pactos y de gobiernos

El pasado sábado sonó Tosca en la Ópera de Viena. El público, completamente entregado, pudo disfrutar una vez más de este melodrama de Puccini y de las magistrales interpretaciones del tenor alemán Jonas Kaufmann (el favorito de Angela Merkel) y de la soprano rumana Angela Gheorghiu (diva de todos los santos). Buen ambiente, palomitas virtuales, aplausos y algunas de las mejores voces del momento se entremezclaron para crear un divino baile de cuerdas vocales.

Todo transcurría con normalidad cuando, ante una magistral interpretación del artista teutón de la conocida aria E luceven le stelle, el público austriaco comenzó a aplaudir y a aplaudir y a aplaudir y a aplaudir durante más de cinco minutos. Como premio, en mitad de la obra, con los músicos y el resto de artistas esperando, Kaufmann repitió el aria y la gente enloqueció.

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Mi nombre es Beatriz

6:30 horas: Suena el despertador; lo apago.

6:35 horas:Suena el despertador; lo apago.

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Charlie Hebdo, Stromae y los límites del humor

Cuentan las crónicas que los vikingos llegaron al norte de la península ibérica, desembarcaron, robaron, violaron, mataron, se desplazaron hacia el oeste, bajaron siguiendo la costa de la actual Portugal, desembarcaron, robaron, violaron, mataron y siguieron bordeando la piel de toro hasta llegar a los territorios gobernados por los musulmanes.

Ante la carta de presentación de los bárbaros, Abderramán II decidió enviar un emisario al rey de los nórdicos con el afán de estrechar lazos y de evitar que la parte del desembarco, robo, violación y muerte (y no siempre en el mismo orden) tuviera lugar en su reino.

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Querido terrorista

Querido terrorista,

Te escribo estas líneas porque últimamente no puedo dejar de pensar en ti. Y no, no es porque el temor enturbie mis manos y porque ahora me dé bastante respeto el montarme en el metro de Bruselas, no, no es por eso; si pienso en ti es por otros motivos.

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Más de cien verdades

A mediados de los años noventa, Joaquín Sabina publicó el disco 'Esta boca es mía'. Entre un puñado de buenas canciones, palpitaba grácilmente un tema que aún hoy interpreta en sus conciertos y que lleva por título 'Más de cien mentiras'. Lejos de lo que pudiera parecer, esta canción es un himno dedicado a la perseverancia, a no rendirse, al camino que nos queda por delante; es gasolina para que nuestros ventrículos continúen luchando cada día porque tenemos más de cien motivos para ello.

Canta, por ejemplo, este poeta jienense:

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Cogiéndonosla con papel de fumar

Sin duda, esta es una de esas frases que han revoloteado en mi cabeza durante toda mi vida. Y, aunque no tengo muy claro cuándo fue la primera vez que la escuché, en mis neuronas pervive el vertiginoso olor de aquella adolescente sensación de pensar que no-puede-significar-lo-que-parece-que-significa.

- ¡Error!

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Como galgos en febrero

Os escribo estas líneas con el último aliento de enero dentro mis pulmones y con su lluvia resbalando aún por la ventana de mi habitación. Atrás quedaron aquellas auto-promesas de dejar la cerveza belga, de sentarme correctamente delante del ordenador y lo de no volver a comer patatas fritas de bolsa. Como cada año, he de claudicar ante mí mismo.

Además, es esta derrota mía de cada día la que me lleva a poner renovadas esperanzas en que las cosas van a cambiar con el nuevo mes. Torpemente, sigo sin darme cuenta de que la realidad no entiende de páginas de calendario (aunque el paso del ecuador del invierno siempre nos escupa una rendija de esperanza y de libertad).

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En el nombre del padre, del hijo y del espíritu de la desigualdad…

Y mientras suena de fondo el Tubular Bells de Mike Olfield, un hombre vestido de negro comienza a sacar sus herramientas de trabajo de una maleta. No, no es Batman; la figura de mirada perdida que se mueve con un crucifijo en una mano y el Ritual Romano en la otra es un exorcista.

- Te exorcizamos todo espíritu maligno, poder satánico, ataque del infernal adversario, legión, concentración y secta diabólica, en el nombre y virtud de Nuestro Señor Jesucristo, para que salgas y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas por la preciosa Sangre del Divino Cordero-, asevera con solemnidad mientras esquiva los vómitos verdes de una niña atada a la cama.

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De complejos y trasplantes

Cuando llegué a Bruselas por primera vez, me di cuenta de que la fuerte influencia del castellano (en mi pronunciación y en mi manera de estructurar las frases) y las escasas posibilidades que había tenido de practicar el inglés en mi vida cotidiana habían hecho de mi “nivel medio” un vulgar cuento chino. Sí, sí, no te rías; exactamente igual que el de tu curriculum vitae.

Me bastaron unos pocos minutos para descubrir que la lengua de la pérfida Albión no se parecía mucho a la que yo había aprendido en el colegio y en las canciones de Queen. Cuando no eran los dichosos phrasal verbs, era la colocación de la “sh” en mi boca (por no hablar de los idioms o del caótico uso de las preposiciones). Todo un entramado de herramientas lingüísticas creado por los británicos para poder mirarte por encima del hombro en todo momento.

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Y se armó el Belén…

De pequeño, la Nochebuena y la Nochevieja no eran más que simples etapas en las que comíamos los caracoles de mi abuela y se reunía toda la familia. Nada serio en comparación con las dos jornadas más importantes de las vacaciones: el 5 y el 6 de enero.

Los pocos recuerdos que aún perviven en mi cabeza al naufragio de los años están forjados con la gran ilusión que me producía la cabalgata de Reyes. El gentío, los caramelos, las carrozas, el frío… y, claro, sus majestades de Oriente. Como para otros muchos niños, mi favorito era Baltasar. Supongo que el hecho de que fuera negro hacía que tuviéramos una especial simpatía por él (y por su betún).

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