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Molenbeek, comuna de Bruselas

En estos días, uno se da cuenta de la capacidad que tienen los medios de comunicación para construir un mundo irreal donde la complejidad de cualquier sociedad humana queda reducida a un miserable boceto.

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La ciudad de Bruselas, tras declararse el nivel máximo de alerta por riesgo de atentado. / ZUMA Press

La ciudad de Bruselas, tras declararse el nivel máximo de alerta por riesgo de atentado. | ZUMA Press

Ayer me levanté con los primeros copos de nieve de la temporada golpeando la ventana de mi habitación. Hacía frío; no más de cuatro grados en la calle cuando saqué a pasear a Nina. A pesar de su frondoso pelo, mi perrita no tardó en hacer sus negocios y en pedirme insistentemente con su mirada que volviéramos a casa.

Cuando nos disponíamos a entrar en el portal, vimos algo que nos dejó petrificados: un convoy de camiones del ejército belga pasó junto a nosotros a gran velocidad. Aún sorprendidos, entramos en casa y le lavé las patitas. Encendí el ordenador y solo tardó diez minutos en echar humo; como mi radio, mi televisor y mi móvil. Estábamos en estado de alerta y todo el mundo quería contactar conmigo al mismo tiempo.

Después de varias detenciones y de diversos registros efectuados el viernes, las autoridades de Bélgica llegaron a la conclusión de que era inminente un ataque yihadista sobre Bruselas. El metro, el tranvía subterráneo, los centros comerciales… todo estaba cerrado bajo la atenta mirada de francotiradores y de patrullas del ejército y de la policía. Ni el Manneken Pis ni el Atomium ni la Grand Place tenían ayer ganas de sonreír a los pocos turistas que lograron vencer el miedo reinante.

Con el pulso ralentizado, la ciudad siguió latiendo en silencio hasta que, sobre las 15.00 horas, saltó la noticia de que varios terroristas (fuertemente armados) fueron detenidos en una de las autopistas cercanas a la capital. Varios más están siendo buscados todavía.

Molenbeek

Al igual que los yihadistas del atentado de París, los participantes de nuestro 11M o los terroristas del asalto a la sede del Charlie Hebdo, los detenidos de ayer tienen relación directa con una misma zona del corazón de Bélgica.

Molenbeek (se pronuncia tal cual se lee) es una de las 19 comunas que componen la Región de Bruselas-Capital. En ella viven unas 100.000 personas, tiene su propio alcalde (ahora mismo, la socialista Françoise Schepmans) y el 25% por ciento de su población (censada) es inmigrante. El otro 75% es belga (aunque claro, muchos de ellos son belgas de origen extranjero).

Lo que fue un barrio obrero décadas atrás, se ha ido convirtiendo en una zona de pisos baratos que ha acogido a todo tipo de habitantes de muy diferentes procedencias. Deberíamos señalar también que, en la parte este de la comuna (más desfavorecida que la oeste), una gran mayoría de la población es menor de 30 años, está en paro o desarrolla una profesión no cualificada y dispone de muy pocos recursos económicos.

Y, claro, es el caldo de cultivo perfecto para captar inadaptados sociales para cualquier causa. Además, con un buen número de ciudadanos magrebíes o de origen magrebí, en Molenbeek hay una veintena de mezquitas y lugares de culto y muchos de sus comercios están rotulados en árabe. Sin duda, un lugar de muy difícil control para los cuerpos de seguridad belgas.

Llegados a este punto, he de decir que es innegable la existencia de un problema de inadaptación que afecta a una parte de los habitantes de esta comuna y que, gracias a los medios de comunicación, se está estigmatizando a todo su conjunto. Resulta difícil afirmar si esto se debe a que unos no se quieren integrar, a que otros no les dejan, a un poco de ambas cosas, a la desidia o, incluso, a si tiene algún sentido el término integración en temas culturales.

Estigmatización

Hartos de que se les muestre como una comuna donde todos sus habitantes son yihadistas, los molenbeekois celebraron el miércoles pasado una manifestación contra los atentados de París y en favor de la convivencia y la multiculturalidad.

En estos días, gracias a las informaciones emitidas sobre Molenbeek, uno se da cuenta de la capacidad que tienen los medios de comunicación para construir un mundo irreal donde la complejidad de cualquier sociedad humana queda reducida a un miserable boceto.

Sus crónicas parecen olvidar que allí vive gente de todo tipo: desde funcionarios de la UE hasta panaderos, desde médicos a, desgraciadamente, terroristas. Cualquier paseo por esta zona te deja claro que ni hay barricadas en la calle ni se oyen disparos de AK-47 ni los terroristas pasean enseñando sus cinturones explosivos último modelo.

No os voy a engañar

No os voy a engañar, no es una zona donde me gustaría vivir pero de ahí a decir que es un infierno yihadista, me parece que hay un trecho. Los habitantes de Molenbeek tienen los mismos problemas que tienen los barrios desfavorecidos de cualquier gran ciudad. Malos servicios, inseguridad, paro, descontento y un buen número de cabrones que intentan aprovecharse de las inseguridades de los demás.

Sin duda, es una comuna que necesita vigilancia exhaustiva y mucho más esfuerzo de integración por todas partes pero, entendedme, no creo que haya ser muy listo para pensar que si una décima parte de los 100.000 habitantes de esta comuna fueran terroristas suicidas, las posibilidades de supervivencia a corto plazo del resto de los bruselenses se reducirían a cero.

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