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Refugiado Sirio, natural de Siria

Refugiado sirio, natural de Siria; dícese de aquel habitante de este planeta que ha conseguido escapar del infierno y que ha caído en el purgatorio de la insensibilidad y de las penosas excusas de los gobernantes europeos

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Al menos 46 mujeres saudíes se han unido al EI en Siria desde 2011

Refugiado Sirio, natural de Siria. Dícese de aquel ciudadano del mundo que lleva 45 años viviendo en una dictadura hereditaria que comenzó en 1970 con un golpe de estado (30 años bajo el pie de Hafez al-Asad y los últimos 15 bajo la mano de su hijo, Bashar al-Ashad).

Dícese de aquel ser humano que vivió con ilusión la Revolución de los Jazmines de Túnez (2011) porque pensó que los ecos de libertad de la Primavera Árabe llegarían hasta su país. De aquel que, mientras creía en que se podrían cambiar las cosas, fue reprimido por un ejército dispuesto a perpetuar el sagrado látigo de su señor.

Dícese de aquel hombre o mujer que tuvo que aguantar la guerra civil que comenzó tras la represión; que tuvo que vivir bajo las sanciones de occidente (que, obviamente, sólo le afectaron a él y al resto de los de abajo) y que vio cómo cientos de miles de sus compatriotas morían entre las balas y el hambre.

Dícese de aquel que observó cómo el dictador usó armas químicas contra la población civil y cómo nunca fue su uso suficientemente sancionado porque Rusia intercedió por su aliado estratégico en la zona. Dícese de aquel hombre o mujer que vivió con sorpresa la pasividad de una comunidad internacional más preocupada por el dedo que por la luna.

Dícese de aquel habitante de este planeta que vio cómo el Estado terrorista Islámico cruzó las fronteras de Iraq y apoyó a parte de la oposición al régimen para ampliar su área de influencia; que lloró por un legado histórico y por unos compatriotas asesinados por las mentiras, el odio y los falsos profetas.

Huida

Refugiado sirio, natural de Siria. Dícese de aquel ciudadano del mundo que no le ha quedado otro remedio que huir de su desvencijada tierra, de comer el polvo del camino, de tragar el salitre de la mar, de esnifar la arena de las playas, de beber la bilis de los recuerdos...

Dícese de aquel ser humano que ha sido rociado con espráis de pimienta, intentado quemar por los neofascistas, estafado por las mafias y descuartizado por las alambradas de unos corazones de piedra.

Dícese de aquel que ha desgastado sus zapatos entre declaraciones absurdas, desafortunadas y lamentables de unos gobernantes que no están ni a la lamentable altura que se les espera. Dícese del que ha tenido que escuchar (y nosotros) que sólo los que son cristianos pueden quedarse, que vienen a quitarnos el trabajo, que no nos podemos permitir abrir las puertas, que hay que ir despacio porque hay que integrarlos (como si no quisieran quedarse en su casa si las cosas estuvieran bien), que, que, que, que, que, que…

Que no se les pone en los cojones ayudarles porque las grandes potencias están jugando a un Monopoly geoestratégico con su país de origen (y sus vecinos) y no tienen ni idea de cómo solucionar una guerra entre un dictador, una oposición heterogénea y un grupo terrorista.

Europa, Europa

Y justo en este punto, dejando atrás la niebla política, aparecen las conciencias (y un niño muerto en una playa). Los ciudadanos de Europa se empiezan a movilizar y la diosa de la justicia social se quita la venda de los ojos y sonríe.

Y, claro, los dirigentes que hacen números (y los que se les vienen unas elecciones encima) comienzan a titubear. Y matizan y dicen y vuelven a hacer lo que mejor se les da: aparentar que se preocupan y que saben de qué están hablando.

Refugiado sirio, natural de Siria; dícese de aquel habitante de este planeta que ha conseguido escapar del infierno y que ha caído en el purgatorio de la insensibilidad y de las penosas excusas de los gobernantes europeos

Refugiado sirio, natural de Siria; dícese de aquel habitante de este planeta que ha conseguido escapar del infierno y que ha caído en el purgatorio de la insensibilidad y de las penosas excusas de los gobernantes europeos; pero dícese también de aquel que se ha topado con una multitud de almas indignadas gracias a las redes sociales, que ha visto cómo una niña le daba a sus hijos sus juguetes en una estación de tren, que ha recibido un petate con comida para unos días, que ha llorado cuando una familia se ha ofrecido para acogerle o cuando una señora mayor ha dado el poco dinero que no tiene para ayudarle en su camino.

En resumidas cuentas, un ciudadano del mundo que ha descubierto que existe el ser humano pero que, en multitud de ocasiones, está gobernado por seres que no lo son.

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