eldiario.es

Menú

eldiarionorte Cantabria eldiarionorte Cantabria

¡SORPRESA!

¿Hará frío o calor? ¿Llevamos traje baño? ¿Habrá que facturar?

- PUBLICIDAD -
'SORPRESA'. Ilustración de Sara Fuentes.

'¡SORPRESA!'. Ilustración de Sara Fuentes.

No teníamos mucho dinero para viajar y en la agencia anunciaron una promoción. Pagando una cantidad de dinero no muy alta te daban un viaje sorpresa: una modesta escapada en tienda de campaña, un par de noches en una pensión en tu propia ciudad o un crucero por los fiordos noruegos. Todo podía suceder. El caso es que a mí me pareció una idea horripilante pero Emma, en cambio, pensaba que era una aventura estupenda. “Adiós a la monotonía por unos días”, era el lema de la promoción. Emma dijo que sí. Yo dije que no. Al final dije que por qué no. Así que pagamos la pequeña cantidad de dinero y recibimos las instrucciones. En quince días teníamos que estar a las ocho de la mañana en el lugar indicado.

Los días previos al viaje estábamos un poco inquietos. Emma porque pensaba que íbamos a conocer el Polo Norte. Yo porque imaginaba que íbamos a tener chinches en la cama. Y luego estaba lo del equipaje. Llamamos en varias ocasiones para que nos orientaran un poco. ¿Hará frío o calor? ¿Llevamos traje baño? ¿Habrá que facturar? En la agencia se tomaban su promoción al pie de la letra y respondían gritando: ¡SORPRESA!

Con los nervios y la incertidumbre del viaje acabamos discutiendo un poco más de la cuenta. Yo le reprochaba a Emma que hubiésemos gastado nuestro poco dinero en esa promoción. Emma me reprochaba a mí que fuese tan aburrido y me recordaba que había sido una decisión de los dos. El día del viaje ya no nos dirigíamos la palabra. Camino del punto de encuentro Emma se hablaba a sí misma en voz alta y en tercera persona para que yo me enterase de lo que pensaba: "Mira que has tenido mala suerte en la vida, anda que casarte con este idiota que nunca que te hará feliz". "Si la idiota soy yo por seguir aquí con él", se respondía ella a sí misma. Yo me limitaba a hacer como que iba solo en el coche porque sabía que ese silencio a ella le sacaba de sus casillas más que a mí sus palabras. Al final, con tanta discusión, no nos habíamos puesto de acuerdo para el equipaje. Emma llevaba una maleta muy grande con cosas para los dos porque, aún estando enfadada, no dejaba de preocuparse por mí. Yo llevaba una mochila en la que no tenía ni siquiera lo imprescindible.

En el punto de encuentro nos recibieron unos jóvenes con el uniforme de la agencia. ¡Adiós a la monotonía por unos días!, fue lo que nos dijeron sonriendo exageradamente. Pero se notaba que nos lo decían porque estaban obligados a decirlo aunque a ellos les pareciese una tontería decirnos algo así. Poco a poco fue llegando más gente porque la promoción había sido un éxito. En general la gente estaba inquieta pero entusiasmada. Una vez que comprobaron que no faltaba nadie nos comenzaron a vendar los ojos. "¡SORPRESA!", nos decían. Y con los ojos vendados algunos respondían con grititos muy nerviosos: "¡SORPRESA!" Aunque yo no entendía por qué repetían algo así.

A mí me metieron en un coche. Tras guardar silencio media hora me comencé a sentir inquieto. El vendaje me daba calor y me picaba. Traté de adivinar por los movimientos del vehículo si estábamos en una autovía o en una carretera secundaria. Emma ni siquiera hablaba en voz alta con ella misma, lo que significaba que se había enfadado de verdad. Cuando llevaba una hora de viaje me ablandé un poco y estiré mi mano buscando la suya en un gesto conciliador. Bueno, dije en voz alta mientras palpaba la tapicería, quizá lo del viaje no haya sido una mala idea. Estiré el brazo todo lo posible pero sólo encontré un asiento vacío a mi lado. Me arranqué el antifaz. Allí no estaba Emma. El conductor de la agencia me miró por el espejo retrovisor y, con una sonrisa que me pareció atroz, gritó: "¡SORPRESA!"

- PUBLICIDAD -
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha