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Toponimia y prejuicios

Puede que alguien piense que viviendo en Santander todo esto le pilla lejos, que es cosa de pueblos remotos de montaña. No es así. 

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Cara norte de la Jorcaúra el Cantu. | DANIEL LOBETE

Cara norte de la Jorcaúra el Cantu. | DANIEL LOBETE

Hace unas pocas semanas, en una excursión de estas que anticipa el verano, estuve con unos amigos en Tresviso. Ascendimos caminando desde el pueblo a un lugar con unas vistas impresionantes y que los vecinos denominan la Jorcaúra el Cantu. Al volver a casa, por curiosidad, me puse a mirar el mapa del Gobierno de Cantabria  con la idea de localizar los lugares por donde habíamos estado. El nombre no aparecía en el buscador debido a que, según la administración autonómica, habíamos ascendido en realidad a un sitio llamado la Horcadura del Canto (sic).

Mentiría si dijera que me sorprendió. Estoy más que acostumbrado a ver este tipo de “retoques” en nuestra toponimia. No se trata de casos aislados o simples “lapsus” sino que es consecuencia del desconocimiento y ninguneo sistemático que sufre nuestro patrimonio lingüístico. Sigue presente la idea de que se trata de algo “mal dicho” que debe ser “corregido”. La diferencia con la vecina Asturias es sangrante. Allí cuentan con una Junta Asesora de Toponimia que ha ido elaborando en los últimos años una investigación exhaustiva y que ha permitido que progresivamente se oficialicen los topónimos con su nombre tradicional ¿Para cuándo algo así en Cantabria?

Tal y como señalaba el investigador Raúl Molleda en un artículo publicado hace ya algunos años en la Revista Alcuentros  es prioritario hacer trabajo de campo recogiendo los topónimos en su forma oral tradicional. Lamentablemente muchas de las denominaciones tradicionales que han resistido al mencionado afán “corrector” de las autoridades competentes solo las recuerdan personas de edad avanzada. Por eso insisto en que se trata de una tarea urgente.

Puede que alguien piense que viviendo en Santander todo esto le pilla lejos, que es cosa de pueblos remotos de montaña. No es así

Esta labor no puede depender como hasta ahora de la labor desinteresada de los investigadores, sino que necesita sostén institucional. Este apoyo de las administraciones es clave porque después toda esta información tiene que plasmarse en los mapas y en la cartelería oficial. Podría comenzarse oficializando la toponimia menor como son los picos y otros accidentes geográficos, y en una siguiente fase la toponimia mayor, es decir, los nombres de pueblos y ciudades.

Por supuesto, para hacer esto es necesario abandonar muchos prejuicios y conocer a fondo la realidad lingüística de Cantabria. Pongo un ejemplo de ello. En un magnífico trabajo sobre la toponimia de Tresviso y Bejes publicado recientemente por Alberto García González, se recoge en esta última localidad el topónimo “Lechi Espesu” para denominar los rellanos de una ladera. Solo conociendo un fenómeno tan característico de la modalidad lingüística cántabra como es el neutro de materia, se puede encontrar el sentido a este topónimo . Como éste hay cientos de ejemplos más.

Puede que alguien piense que viviendo en Santander todo esto le pilla lejos, que es cosa de pueblos remotos de montaña. No es así. Hoy mismo he ido en bicicleta desde la bajada de la Gándara hasta Cabu Mayor. Desde allí puede ver el Picu Llen y a la izquierda las islas de Mogru y de Jorganis. Ahora busquen en el mapa, a ver cuáles de estos topónimos aparecen.

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