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La democracia tiene estas cosas

La democracia permite que radicales antisistema con sotana puedan hablar en público y que los servicios sociales sean un negocio. Ya se sabe: “la democracia tiene estas cosas”.

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El nuevo obispo de Santander confirma en sus cargos a su Consejo de Vicarios y colaboradores diocesanos

El nuevo obispo de Santander, Manuel Sánchez (izquierda).

A veces me da miedo la democracia. Es un sistema tan tolerante que casi cualquier puede acomodarse a él. Incluso los que la detestan o los que se sienten hostigados por ella. Miren si no a ese radical antisistema al que la mayoría de los medios de comunicación le ponen un micrófono y le permiten diseminar sus discurso antidemócratas al calor de la democracia.

Creo que se llama Manuel Sánchez y suele liarla parda cada vez que ve alcachofas con espuma delante de él. Es tan radical que no paga impuestos y tan antisistema que no gusta de la democracia. Se la aguanta, eso sí, porque no tiene remedio, pero cada vez que puede recuerda a sus seguidores, que cuenta por miles, que, si las cosas fueran como Dios manda, nuestras calles estarían limpias de moros, rojos, maricas y demás ralea detestada por su secta. Ni la Navidad -fiesta impuesta por su secta al resto y transformada por obra y gracia de El Corte Inglés o de Inditex en una orgía consumista- lo suaviza porque al presidente ‘ruiz’ de este país se le ocurrió provocarlo con unas elecciones democráticas cuando el radical Manuel Sánchez estaba en pleno adviento. Quizá por eso, en pleno 23 de diciembre, el Ángel de la Anunciación empujó a don Manuel –así como el ángel Marcelo susurra a Jorge Fernández Díaz- a embestir contra la izquierda demasiado crítica y, al hacerlo, a enlodar a los más de seis millones de personas que votaron a las hordas de izquierda. Don Manuel terminó su vómito aceptando los resultados electorales porque “vivimos en democracia y tiene estas cosas”, cuando lo que molaría sería un congreso azul y naranja que llevara a su secta a las más altas cotas de poder, como tuvo entre 1939 y 1975.

A veces me da miedo esta democracia laica llena de obispos, esta democracia aconfesional con religión hasta en la sopa. A veces, tengo sueños apocalípticos en los que el ángel Marcelo y don Manuel empuñan la espada de fuego para acabar con toda la chusma que amenaza su poder. E

La democracia tiene estas cosas don Manuel, tiene usted razón. Lo grave es que tiene muchas más. Fíjese si no en la decisión del Ayuntamiento de Santander que nos vuelve a tomar el pelo y privatiza un servicio naciente de siglas rimbombantes: el Servicio de Emergencia Social (SESS). Esto, en realidad, se hubiera solucionado poniéndole móvil y coche a la concejala María Tejerina para que ella en persona asistiera a los ancianos cuando se resbalan en el plato de ducha a las cuatro de la madrugada. Pero el alcalde y sus chicas son tan listos–y tan tontos nosotros- que le van a regalar 132.000 euros a una multinacional de lo más ‘cool’ para que tengan un trabajador social y un integrador colgados al teléfono de la esperanza en la madrugada porque los funcionarios son muy vagos y solo trabajan hasta medio día. Los dos subcontratados, que cobrarán un a miseria dado el monto del contrato, además, van a mejorar la coordinación de todos los estamentos públicos, van a hacer el pino puente y le van a montar el Nacimiento a don Manuel cuando él sienta el hostigamiento laico al que se ve sometido.

Y la verdad es que razones hay para montar un Servicio de Emergencia Religiosa. Ni la ausente Policía Municipal ni los rezos de los miles de creyentes preocupados por el ascenso –no a los cielos- de la izquierda crítica han podido evitar el vandálico (sic) ataque al belén de la Plaza de la Catedral. Debió ser una de esas feministas que la democracia deja moverse con relativa tranquilidad por la ciudad, porque los perjudicados fueron el Niño Jesús y San José. La Virgen María, de momento, informa que sigue al pie del establo vigilando el puesto de los figurantes. La democracia tiene estas cosas, don Manuel. Y algunas mucho peores.

España, don Manuel, debería aprender de países mucho más avanzados, desde la sacrosanta Israel (que piensa aprobar una ley para controlar por fin a las ONGs pacifistas que le pinchan la balsa sobre la que navega la ira de su Yahvé antidisturbios) hasta la China que es roja pero ya no es crítica y que acaba de aprobar leyes que fomentarán que los matrimonios procreen más y que los medios de comunicación jodan menos. Las dictaduras de Dios o del Partido tiene esto: si uno está con ellas puede controlar bien al enemigo.

A veces me da miedo esta democracia laica llena de obispos, esta democracia aconfesional con religión hasta en la sopa. A veces, tengo sueños apocalípticos en los que el ángel Marcelo y don Manuel empuñan la espada de fuego para acabar con toda la chusma que amenaza su poder. Eso sí, don Manuel, échele un ojo a las escrituras de su secta y lleve cuidado porque… ya sabe: “Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán” (Mateo 26:52).

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