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Un domingo cualquiera

Todas las variables nos conducen irreversiblemente hacia unas nuevas elecciones, ganar tiempo. Dicen que España es Italia, pero ojalá fuera Italia.

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Rajoy y Sánchez sondean hoy en Moncloa las posibilidades de un acuerdo tras el 20D

Rajoy y Sánchez sondean en Moncloa las posibilidades de un acuerdo tras el 20D. | EFE

"Algunas cosas nunca cambian

y otras tienen cambiar, 

para hacernos sitio 

y podamos respirar".

"Bienvenidos a Italia". Con este moderado titular resumía Il Fatto Quotidiano, uno de los mejores periódicos que uno pueda leer, los resultados de las elecciones generales. De la noche a la mañana España se ha convertido en ingobernable, aunque no más que las mangas del abrigo con el que Pablo Iglesias aparece en televisión desde hace unas semanas, cuando comenzó una campaña electoral convertida por Atresmedia en el Voodoo Lounge Tour de los Stones: fuegos de artificio sobre canciones repetidas en bucle durante décadas.

La cercanía del poder transforma la cotidianidad en realismo mágico: Esperanza Aguirre se convierte en privilegiada espectadora del ridículo protagonizado por Rajoy en el balcón de Génova; Irene Lozano consigue escaño; Pedro Sánchez sigue enfadado; Pablo Iglesias es el marine del Commandos –"a la orden señor; voy para allá, okie dokie" e Íñigo es el espía, y sin el espía no eres nadie. Y al fondo del escenario, entre bambalinas, el PNV, Urkullu acariciando un gato y Cataluña sin president. De repente hay que hacer política, pactar, negociar, concretar, decidir.

En la Italia de los 90, alguien apostó desde un despacho por convertir la política en espectáculo. Funcionó. En aquella época Italia ya era Italia, pero la fórmula, ya perfeccionada, condujo al país a una caricaturización de sí mismo, al futuro que previeron las mentes de tipos como Leo Notte. En la España de hoy la política es un plató, cartón piedra, show business, con Bertín Osborne haciendo de paracaídas de Carlotti en la televisión pública.

Todas las variables nos conducen irreversiblemente hacia unas nuevas elecciones generales, ganar tiempo. Lara y Ferreras sueñan con audiencias millonarias, Pablo Iglesias con regresar a su lugar de origen, Albert Rivera con tener por fin un programa, Pedro Sánchez con sonreír frente a los espectadores y Rajoy… Rajoy sueña con hacer vicepresidente a Pedro Sánchez; esto es, pulverizar Ferraz.

Dicen que España es Italia, pero ojalá fuera Italia.

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