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Galindo Berana

Perdí mis dachas en el Casino de Baden-Baden, pero las recuperé apostando en el Derby de Kentucky. Un día Beigbeder me llamó anarcoburgués; al siguiente Josh Lyman me pidió fuego. Mingafría sintáctico.

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Un domingo cualquiera

"Algunas cosas nunca cambian

y otras tienen cambiar, 

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Tabasco

Soraya Sáenz de Santamaría entró en los estudios de Atresmedia como vicepresidenta del Gobierno y los abandonó siendo la Peggy Olson de Mad Men: más madura, más creativa, menos gallega. No se impuso en la confrontación, pero tampoco perdió, principalmente porque ella no tenía nada que perder. A los pocos segundos de comenzado el espectáculo se dio cuenta de que era Cheryshev en Cádiz, protagonista de una alineación indebida en un debate menos decisivo que una Bandera de La Concha con el PNV en Ajuria Enea.

Quizá por eso se limitó a recitar de carrerilla el Rosario de los miércoles, defendiéndose de las referencias vertidas por sus contrincantes políticos sobre el mayor sistema de corrupción de la historia de la democracia española con un ataque a Juan Carlos Monedero tan inútil como la recuperación de Perejil. "Somos un equipo", dijo al principio para justificar la ausencia del jefe. "Solo la puntita", pensó el electorado cuando Bárcenas y la Gurtel aparecieron sobre la mesa. Fue más o menos en ese instante cuando comenzó el esquizofrénico show de Albert Rivera, excampeón de España de la modalidad, capaz de hablar a Ana Pastor –de comerle la oreja, más bien– como si la periodista fuera Sideral y el plató de televisión el Nitsa. Solo faltaba que girara la pista.

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Unión Soviética... Uhhhh

“No es de derechas, es de lo que haga falta”, le dijo Pablo Iglesias a Pedro Sánchez sobre Albert Rivera, y uno enseguida buscó a Miguel Ángel Revilla en el streaming de El País pensando que el regionalista había sustituido al más español de los catalanes. Fue un debate de trajes feos, camisas arrugadas y tuteos, con un socialista enfadado que miraba a la cámara como Joaquín Prat en El Precio Justo. Por momentos, el surrealismo del ambiente recordó a la escena de la cola del cine de Annie Hall, que comienza con un tipo analizando la influencia de Federico Fellini y termina con Woody Allen hablando con Marshall McLuhan; sólo una diferencia: Antonio Caño no fue capaz de mostrar un solo plano de Mariano, quien ya ha aceptado que su hijo fue más sincero en diez segundos de Tiempo de Juego que él mismo en toda una legislatura.

El debate, lo mejor que ha hecho El País desde las Historias del Calcio de Enric González, dejó varias conclusiones: que Trinidad Jiménez no forma parte del Consejo de Administración de Telefónica, que el estilista de Albert Rivera debe buscar trabajo en El programa de Ana Rosa y que Íñigo Errejón nunca será Jon Favreau, además de reafirmar ese axioma democrático que proclama que cualquiera puede llegar a ser presidente.

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Escuela de revillismo

Pocas horas después de convertirse en presidente de Argentina, Mauricio Macri anunció que su primera medida será solicitar la salida de Venezuela de Mercosur, creyendo que Sudamérica es Boca Juniors y que Nicolás Maduro es Carlos Bianchi. Miguel Ángel Revilla no es presidente de un estado y nunca lo fue de un club, a pesar de regalar el Racing a dos constructoras, cantabrizarlo y confiar en el indio más famoso de la historia del fútbol al tiempo que abrazaba el palco de los Campos de Sport como el Ramón Mendoza de los 80; sin embargo, comparte pragmatismo político con el que fuera máximo mandatario xeneize. Le ha bastado al presidente del Gobierno de Cantabria un micrófono en una radio tras una larga sobremesa para acabar con el conflicto bélico en Oriente Medio. "Hay que organizar una tropa de ellos contra ellos y que Occidente ofrezca apoyo aéreo. Todo lo que sea una invasión por tierra se considerará un ataque al Islam". Sencillo como un pase de Busquets, alta geopolítica, un "se acabó el recreo" gaullista que culminó en "tienen que acabar con esos hijoputas".

Encontrar una solución al imparable descenso del precio de la leche se le complicó un poco más al regionalista, quién sabe si debido a las inminentes elecciones generales o a los dos gobiernos paralelos creados en las plantas nobles de Peña Herbosa, una versión autonómica -y más exitosa y sofisticada, todo hay que decirlo- de lo que intentó en México Andrés Manuel López Obrador en el año 2006 tras perder los comicios frente a Felipe Calderón. Es imposible a estas alturas intentar modificar ideológica y mediáticamente a Miguel Ángel Revilla, quien en su búsqueda de la excelencia quizá debería apostar por cotas más altas, mirarse en el espejo de Ciudadanos e intentar acabar con los plumeros desde el Parlamento; así es el riverismo lejos de Cataluña y de los trajes brillosos de poliéster del "crecidito", como describe el presidente autonómico a quien define como su amigo.

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Panregionalismo

Revilla es tan regionalista que va a exigir un tren a Bilbao. En un alarde geopolítico antaño solo reservado a Umberto Bossi, el presidente autonómico ha hecho con Cantabria lo mismo que García Pitarch con Rafa Benítez, quien siendo entrenador del Valencia pidió la renovación de un lateral francés y le trajeron un mediapunta uruguayo. "Quería un sofá y me han traído una lámpara", declaró entonces el hoy técnico del Real Madrid. Si Nasser soñaba con el panarabismo, Revilla, infravalorado geoestratega, quiere conquistar Bilbao: el panregionalismo es una realidad que comenzó a definirse comiendo carne en Alar del Rey. "Think different", promugalba Jobs; "think regional", anuncia Revilla. Y claro, Urkullu sonríe como solo lo puede hacer Billy Bob Thornton.

Al presidente autonómico le perdonamos porque siempre fue un sobre sorpresa de a cinco pesetas en los que uno podía encontrarse un caramelo, un soldado de plástico de la Segunda Guerra Mundial, un recortable o un chicle de clorofila. Al ciudadano cántabro hay días que le toca el Revilla conservador, el regionalista, el internacionalista, el progresista o el youtuber. Es más versátil que Santiago Recio, el jugador total del Partido Popular. Si Recio es Pogba, Revilla es Gullit, De Rossi, Basualdo y Chilavert, todos a la vez.

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Ferraz o muerte; venceremos

Giulio Andreotti, histórico capo de la política italiana, aseguró en una ocasión que tenía "amigos íntimos, amigos, conocidos, enemigos y compañeros de partido". Miguel Ángel Revilla tiene socios de Gobierno. En la misma semana, el presidente de Cantabria ha sido capaz de reunirse con Mariano Rajoy, su nuevo mejor amigo, y de prometer que se convertirá en escudo humano antidesahucios, además de reconocer que habla "cada dos o tres días" con Pablo Iglesias y Albert Rivera. Y claro, al PSOE las relaciones políticas del regionalista, que como Andreotti siempre se ha considerado un hombre medio que nunca encuentra gigantes a su alrededor, no le gustan demasiado.

En Bonifaz, siguiendo el ejemplo de Lola Gorostiaga, que prohibió a Podemos lucir camisetas de la PAH en el Parlamento autonómico, no vaya a ser que un día se haga política en la calle Alta, son más de dejar pasar los días hasta que Pedro Sánchez se convierta en estadista. Leo Notte, el ejecutivo de Publitalia protagonista de 1992 que perfectamente podría haber enviado su CV a cierta agencia del Río de la Pila, no habría sido capaz de imaginar un escenario tan ilusionante para el votante.

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Calimocho en Las Vías

Cuando Renedo era Berlín, con la Pilé convertida en Tresor y El Duende en un Bundestag que dividía a buenos y malos, esto es a Kortatu y Piperrak, uno empezaba la noche pidiendo un DYC cola para unas horas después acabar en Las Vías bebiendo calimocho envasado al vacío en botellas de aceite Carbonell. Empezábamos con toda la clase que creíamos tener (100 duros) y terminábamos recordándonos unos a otros que el Adore de Smashing Pumpkins era una puta mierda –se dice poco–.

A Miguel Ángel Revilla le ha sucedido algo parecido con los trenes. Hace siete años, el 20 de octubre de 2008, solo un mes después de que petara LehmanBrothers, maravilloso timing, el actual presidente del Gobierno de Cantabria se reunió con José Luis Rodríguez Zapatero. "Cantabria va a tener un AVE como el País Vasco y Galicia; se licitará el año que viene", aseguró el presidente autonómico tras aquel encuentro. Luego amenazó con romper el pacto con Lola, se puso ciego en Monzón de Campos, pidió dos más, empezó a hablar de sí mismo en tercera persona y es probable que a corto plazo termine por aceptar únicamente que haya enchufes en el Alvia para que el PSOE, rumbo a Ferraz, pueda hacer campaña a las generales con hashtags. Otra vez el calimocho en Las Vías.

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Izquierda radical awakens

A Ciudadanos le ha sucedido en Santander lo que a Luke Skywalker en el póster oficial de la séptima entrega de Star Wars: se ha quedado fuera. En el caso del partido naranja, de los círculos de poder donde se toman las decisiones más trascendentales de la capital cántabra; esto es, expulsar a gente de los hogares que han ocupado durante toda una vida en favor de una empresa constructora con peor fama que Dani Güiza, construir hoteles Hilton, subir el IBI e investigar qué se llevaron de Presmanes. La culpa de todo la tiene una izquierda radical delineada en Bonifaz en la que, suponemos, Pedro Casares es una suerte de Darth Vader socialdemócrata, tan cerca del lado oscuro de la fuerza como de La Habana o La Repanocha. Cuentan que una mañana llegó Casares al pleno santanderino vestido con una Slam y unos zapatos Tod’s (muy Black Block todo, como ven) y César Díaz, acojonado ante la llegada de los rojos, sacó una espada jedi del armario del alguacil.

-I’m your father, le dijo el socialista.

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Primos

Miguel Ángel Revilla regresa a Comillas como el Clay de Bret Easton Ellis a Los Ángeles. Colinas, playas, atardeceres dorados, Sunset Boulevard, arroz con bogavante, fiestas en Mulholland Drive, Colegios del Mundo y Tears for Fears. "Desaparezca aquí", leía Clay en una valla publicitaria; "desaparezca de aquí", susurra William White al oído del presidente. Revilla es un fan histórico de la localidad, aunque su visita más recordada se remonta al año 2011. Entonces, el presidente de las izquierdas, las derechas y el Viña Albina, junto a un consejo de sabios formado por Francisco Javier López Marcano, Francisco Pernía, María Teresa Noceda, Ignacio Gavira y Ahsan Ali Syed, organizó un personalísimo y particular Davos alrededor del Proyecto de la Fundación Comillas de la enseñanza.

"Es fantástico; estoy impresionado", decía Ali a los medios de comunicación. "Sabía que le iba a gustar, porque es un hombre con sensibilidad", matizaba el eterno líder regionalista, para quien el futuro se ha hecho carne. Con el Tonino cerrado, ZP preguntándole al espejo de Carmen Chacón "¿quién es más atractivo, Carme? ¿Pedro o yo?" y Marcano explicando los idus de marzo a sus privilegiados alumnos, el presidente ha decidido que Gregory Kaplan se merece una institución tan influyente como sus investigaciones. El Ebro nace en Fontibre y el castellano en Valderredible, aunque se reproducirá en Comillas para, Ascan mediante, morir en el Parlamento de Cantabria.

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¡Oh Sodercan, mi Sodercan!

“Despierta de una vez. Si no estás dentro, estás fuera. Hablo de ser muy rico, tan rico que tengas tu propio reactor”.

Tu propio reactor o internacionalizar Sodercan. Lástima que ni Gordon Gekko, ni Oliver Stone fueran conscientes durante esos locos años 80 del poder omnipotente que alcanzaría la empresa pública cántabra. Hoy, en cambio, Sodercan vuelve a correr delante de los grises con banda sonora de Jacques Brel; ya se sabe que los caminos del capitalismo son inescrutables, que el mundo va a cambiar de base y que los nada de hoy todo han de ser. Se trata de que de una vez por todas el presente y el futuro de Cantabria sea internacional, como el Festival de Santander, las pantortillas de Reinosa, Aquí Confidencial y Quique Estebaranz, un cisma ideológico al que también se apuntan en Podemos Cantabria, empeñados en convertir a Toni Cantó en un estadista y al Parlamento de la Comunidad Autónoma en el faro del advenimiento del cambio de hegemonías. De los intereses de los ciudadanos que votaron que hablen Pablo y Echenique, parecen pensar; aquí estamos para juzgar a Attila Mellanchini. Madre mía que peliculón Novecento, madre mía. ¿Los ganaderos? ¿La industria? ¿El paro juvenil? Como la OTAN; de entrada, no.

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