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La función

El Debate sobre el Estado de la Región dice adiós al curso parlamentario con propósitos catequistas, sin recorrido y que se aprueban por unanimidad. Solo les ha faltado votar si apoyan o no la paz mundial.

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El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. | MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ

El presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. | MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ

En el Debate sobre el Estado de la Región, como en las fiestas de fin de curso, siempre hay teatro y guión. Los escolares actúan para sus padres con la ilusión que caracteriza a los primerizos; a los que se suben al escenario a representar una función. Para Miguel Ángel Revilla ha sido la trigésimo tercera exhibición personificando, eso sí, distinto papel. Unas veces defendiendo al Gobierno como presidente y otras veces criticando su gestión, según se gane o se pierda. Ese es el juego de la política, dicho por Revilla.

El Debate sobre el Estado de la Región lo ha sido. No sé si calificarlo de "farsa" como ha hecho el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Eduardo Van Den Eynde, al que, por cierto, hemos visto participar de esta "farsa" un porrón de veces sin que le haya recordado, hasta ahora, al "antiguo oeste". A aquellas películas que representaban la vida de los cuatreros, bandidos y agentes de la justicia en pleno desierto. Primero disparar y luego evaluar. Pero el "showman" de la televisión no ha entretenido en este "western" parlamentario de la legislatura, que nos deja el post más leído de "la saltadora", Ruth Beitia, exigiendo "respeto institucional" a un presidente "distante". Más allá de la anécdota en cuestión hay motivos de peso para la desidia.

La estructura del guión que interpreta el presidente siempre es gradual. Llega a Peña Herbosa dispuesto a revolucionar Cantabria hasta que la "herencia recibida" le obliga a pisar tierra y a constituir mesas de trabajo que le hacen ganar tiempo y de las que no volvemos a saber nada.

La estructura del guión que interpreta el presidente siempre es gradual. Llega a Peña Herbosa dispuesto a revolucionar Cantabria hasta que la "herencia recibida" le obliga a pisar tierra y a constituir mesas de trabajo que le hacen ganar tiempo y de las que no volvemos a saber nada. Leyes en tramitación, planes estratégicos y hasta 50.000 británicos "vip" del Banco Santander ensimismados con la "tierruca". Este giro argumental del presidente Revilla es el que tendría que haber ofendido a nuestra clase política en nombre de los parados, empleados precarios, exiliados y empresarios. En nombre de ese 53% de desempleados que no cobra ningún tipo de prestación en Cantabria. En nombre de las 22.250 personas sin ingresos que únicamente aspiran a un ticket social de comida como solución a todos sus males.

Hubiera tenido menos repercusión pero la diputada Ruth Beitia podría haber aprovechado ese "post" para exigir coherencia a un presidente que promete atajar la precariedad laboral mientras alardea del registro que dará a conocer mañana el Servicio Público de Empleo y Seguridad Social. Revilla aventura que serán 3000 parados menos pero no contabiliza a los que ha contratado cada ayuntamiento para los próximos seis meses -vuelta al paro- y los que rescata el sector servicios en verano.

El Debate sobre el Estado de la Región dice adiós al curso parlamentario con propósitos catequistas, sin recorrido y que se aprueban por unanimidad. De ahí que hayan salido adelante la mayor parte de ellas. Solo les ha faltado votar si apoyan o no la paz mundial.

Entre tanto, presiento que serán los socialistas y los podemitas los protagonistas de la nueva temporada. Ya se han declarado la guerra contagiados por la fiebre nacional. El Partido Popular y su mayoría han bloqueado las aspiraciones de cambio pero no gobiernan la comunidad. Que las malas relaciones de Madrid no conviertan a Cantabria en víctima.

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