eldiario.es

Menú

eldiarionorte Cantabria eldiarionorte Cantabria

La invasión de los ultracuerpos

Todo aquello que no nos toca directamente se manifiesta en nuestra conciencia como si fuese una ficción y, gracias a eso o por eso, lo ignoramos como el que apaga la televisión, cierra una página web o deja una novela.

- PUBLICIDAD -
Fotograma de 'La invasión de los ultracuerpos'.

Fotograma de 'La invasión de los ultracuerpos'.

Cuanto mayor es la distancia entre nosotros y las desgracias que suceden mayores posibilidades hay de que esas desgracias nos resulten indiferentes. Esa distancia puede ser geográfica, cultural, ideológica o económica. Así, puede afectarnos más lo que le pasa a un australiano de clase media que al pobre de la esquina. Con la interconexión y el acceso a la información las tragedias se nos agolpan, se nos caen encima como una cascada, y al final hacemos como cuando llueve: nos cubrimos con chubasqueros y ya nada (o casi nada) nos alcanza. La piel se convierte en impermeable, todo aquello que no nos toca directamente se manifiesta en nuestra conciencia como si fuese una ficción y, gracias a eso o por eso, lo ignoramos como el que apaga la televisión, cierra una página web o deja una novela. Es algo que nos sucede, en mayor o menor grado, a casi todos. Hay quien denomina a eso nihilismo de la percepción. Yo no sé bien cómo llamarlo pero sé que sucede. No tanto porque lo observe en los demás, que también, sino porque lo observo en mí.

Cuando hablo de indiferencia no hablo de ver y no actuar, porque no darían los brazos ni la vida para todo (aunque por algo se empieza), sino de esa forma de ver  como sin ver, de ver e ignorar lo que se ve, de ver y despreciar, de ver sin respetar lo que se mira (que es quizá lo mínimo que nos deberíamos exigir cuando contemplamos una desgracia o tragedia). No hablo de emociones alborotadas, ni de rasgarse las vestiduras porque cuando algo nos afecta tampoco es necesario gritarlo a los cuatro vientos  (que a veces es como querer apropiarse de la tragedia de un tercero). Hablo de cierta conciencia en la mirada, de cierto pudor ante el que sufre, de hacer con discreción lo que se pueda.

Hace unos meses en una calle de una ciudad de China, lo habrán leído o visto o alguien se lo habrá contado, una mujer fue atropellada y quedó tendida en un paso de cebra. Nadie se detuvo a arrodillarse a su lado, nadie llamó a una ambulancia. La gente siguió con lo suyo, hasta que la mujer fue atropellada otra vez. Da un poco de miedo ver el vídeo, que he visto como otros treinta millones de personas, asomándome a una tragedia como el que visiona una serie de Netflix. Parece una película de terror. 'La invasión de los ultracuerpos' o algo así. Porque da miedo la frialdad de esas personas que ni siquiera se detienen ante la mujer malherida, que no paran el tráfico, que no ayudan al herido ni piden auxilio. Y damos un poco de miedo también los que miramos.

- PUBLICIDAD -
- Publicidad -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha