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¿Y si se hubiera proclamado la independencia hace ya tiempo?

Debimos haber votado ya hace tiempo nuestra independencia sobre la tierra que pisamos si nos atenemos a la cantidad de vertederos incontrolados, basura por nuestros montes, costas o aceras que transitamos diariamente

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Cantabria es una de las comunidades autónomas donde más se han extendido los plumeros de la pampa.

Plumeros de la pampa.

Es curioso comprobar en estos tiempos que corren cómo una triste -y vergonzante- realidad saca a relucir una sociedad que de manera cainita lucha y vocifera sin escuchar y sin atender a razones. Todo ello, por supuesto,bajo un manto de banderas que se supone "nos representan", ya sea a un nuevo Estado independiente o, en cambio,a un Estado indisoluble. Y todo ello, no es otra cosa que precisamente eso, el territorio, la tierra, un lugar que puede que desde hace tiempo estemos ya independizados.

Ahora que la tecnología derriba muros, nosotros nos empeñamos en volver a levantarlos, cuando lo inteligente sería trabajar de manera integral y coordinada, sin tantas barreras y teniendo en cuenta que habitamos territorios vecinos.

En Cantabria tenemos dos casos visibles y mediáticos que afectan a nuestra biodiversidad y que exigen medidas coordinadas entre territorios: la invasión del plumero y la avispa asiática. Si alguna vez se consigue atajar ambas problemáticas, no volveremos a ser tan ilusos de pensar de nuevo que trabajar de manera independiente desde nuestra pequeña Comunidad nos mantendrá a salvo de este tipo de amenazas naturales, ¿verdad?

Debimos haber votado ya hace tiempo nuestra independencia sobre la tierra que pisamos si nos atenemos a la cantidad de vertederos incontrolados, basura por nuestros montes, costas o aceras que transitamos diariamente.

Solo así se entiende que neumáticos, muebles y electrodomésticos se amontonen curva tras curva en Cueto o Monte, dónde parece que lo smart no ha llegado todavía. Solo así se entiende que nuestras calles o jardines urbanos sean alfombras de colillas y plásticos o que nuestros verdes bosques y los ríos que los vertebran a veces se tapicen de negro con los plásticos de la actividad agroganadera. Y solo así se entiende que nuestros acantilados estén llenos de sedales, latas y cordales que arriban con cada batida del oleaje.

Hace tiempo que alguien debió ganar un referéndum y decidió que nuestros montes tienen que arder año tras año. Ni que decir tiene que como el agua es transparente y no se ve, se escapa y no nos dimos cuenta que también debió proclamar su independencia. De ahí su gestión opaca y torticera.

El ejemplo más evidente de la independencia de la tierra que habitamos se llama cambio climático. No es otra cosa que el resultado de esta profunda desafección que como seres humanos tenemos hacia el medio que nos rodea. Un resultado del expolio al que hemos sometido a nuestros territorios y cuyos consecuencias son visibles ya en los cultivos y pastos de Cantabria, en la proliferación de especies exóticas invasoras, en el calentamiento de nuestras aguas o en los efectos que tiene todo ello sobre la nosotros, la ciudadanía.

Socialmente somos cada vez más independientes. Vivimos en nuestra burbuja laboral y familiar. La televisión es ahora el árbol catódico que nos cobija. Cuesta mucho trabajo movilizar a nuestros vecinos por una causa común y no digamos si ésta tiene que ver con el medio ambiente.

Independencia no proclamada, pero sí aceptada. Una sociedad únicamente dependiente de combustibles fósiles, tierra para construir y aguas para verter.

Paremos un poco y pensemos si nuestro referéndum de independencia sobre la tierra ha sido legal, ético y moral. O no. Quizás ella o quizás nosotros hayamos elegido sin tener muy en cuenta las consecuencias.

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