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Los pacifistas no dan la 'batalla de Bardenas' por perdida

La Asamblea Antipolígono llama a participar en la XXIX marcha para pedir el desmantelamiento de la base militar

El año pasado se produjo el primer herido civil, alcanzado por un tiro desde un helicóptero

Una entidad predemocrática rige el destino del terreno alquilado por 7 millones a Defensa

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El Parlamento Foral pide el inmediato desmantelamiento del polígono de tiro de Bardenas

El Parlamento Foral pide el inmediato desmantelamiento del polígono de tiro de Bardenas EFE

Izquierda Unida lo volverá a intentar en el próximo pleno parlamentario. Será la enésima moción exigiendo el desmantelamiento del  Polígono de tiro de las Bardenas. Pero no da la impresión de que vaya a ser eficaz. Los partidos podrán seguir presentando iniciativas en contra del uso militar que se da a las 2.222 hectáreas en el sur de Navarra, con las que el propio Ministerio de Defensa presume de tener el mayor campo de entrenamiento de tiro aire-suelo de Europa occidental. Ocurre desde hace seis décadas y, si todo sigue según lo acordado por las instituciones, continuará así hasta 2028.

Por eso llama la atención el ordinal de la marcha que la Asamblea Antipolígono organiza cada año para reclamar el desmantelamiento de las instalaciones militares: este año será la vigésimo novena manifestación. 29 marchas populares de activistas, antimilitaristas, ecologistas y pacifistas que no dan la batalla por perdida.

Inasequibles al desaliento, desde la Asamblea Antipolígono piden la participación en la marcha que se celebrará el próximo domingo 5 de junio porque “nuestro móvil son los valores de paz y eso es lo que nos ha dado fuerza” durante casi 30 años. “Mantener el compromiso anti polígono durante tres décadas no ha sido fácil”, reconocen. Pero una de las claves de su éxito ha sido el no casarse con nadie, políticamente hablando, y aferrarse a los valores pacifistas.

“Seguiremos trabajando por un mundo sin guerras ni violencia. No queremos que nuestra tierra sea lugar de entrenamiento para la muerte, la destrucción y el sufrimiento de las personas que pagan las consecuencias de las guerras”, mantienen. Por eso denuncian tanto el terrorismo y la hipocresía del poder político que promueve guerras, como “los intereses de la Defensa” y “las disciplinas de partido” que, en Bardenas, “prevalecen sobre la propia seguridad ciudadana y la paz”.

Para explicar por qué en Navarra, en pleno siglo XXI, y enclavado en un parque natural que está declarado como Reserva de la Biosfera, el Ejército del Aire dispone de un enorme polígono de entrenamiento para que sus pilotos afinen la puntería con munición no explosiva (sólo una vez al año emplean fuego real), hay que retroceder, nada menos, que al siglo IX. El propietario de los terrenos es un ente, la Comunidad de Bardenas, constituida por 19 localidades limítrofes, dos valles pirenáicos y el Monasterio cisterciense de La Oliva. Los integrantes de esta entidad se conocen con el “palabro” foral de congozantes. Y tienen el derecho de uso de los terrenos concedido hace once siglos por ayudar a los reyes navarros en la Reconquista.

Normas inalterables

La Comunidad de Bardenas y sus singulares normas de funcionamiento han permanecido inalterables a lo largo de los siglos y ni siquiera la llegada de la democracia ha conseguido modernizar esta institución. Cuando, en 1951, la Comunidad de Bardenas decidió alquilar al Ministerio de Defensa las 2.000 hectáreas para que construyese un polígono de tiro de aviación, las negociaciones se llevaron a cabo directamente entre el Ministerio y la propia entidad local.

Se estableció un canon anual que el Estado pagaría a la Junta por el uso de los terrenos. Las 20.000 pesetas de aquel año se han ido actualizando hasta los siete millones de euros que la Junta de Bardenas cobra en la actualidad. A partir de 2019, según el último acuerdo firmado, la cantidad se duplicará.

El dinero no va a parar a las arcas forales. Lo ingresa directamente la Junta de Bardenas y lo reparte de forma equitativa entre los congozantes. El Monasterio de la Oliva, por ejemplo, recibe anualmente casi 200.000 euros de los que dispone libremente, a cambio de soportar el ruido atronador de los F-15 sobrevolando el monasterio a horas intempestivas.

Unas molestias que están dispuestos a soportar de mejor grado en pueblos congozantes como Arguedas, Corella o Fustiñana, cuyos vecinos disfrutan de calles, plazas, piscinas, frontones e instalaciones culturales y de ocio que han sido financiadas directamente por el polígono de tiro. Por no hablar de la calurosa bienvenida que se da en los Valles de Roncal y Salazar a los respectivos 200.000 euros que reciben, situados a unos 100 kilómetros de distancia del polígono, y que suponen un significativo porcentaje de sus presupuestos municipales.

Los habitantes de los 19 pueblos congozantes, los de las localidades de los valles de Roncal y Salazar, más los 26 monjes cistercienses que acoge actualmente el Monasterio de la Oliva, suman 88.471 personas, según los datos del censo a 1 de enero de 2015. Exactamente el 13,8% de la población total navarra, con datos del mismo censo. Pero, aunque estadísticamente ésa es la cifra de navarros que se beneficia del polígono, no todos ellos están a favor de su continuidad. De hecho, las diferentes entidades que se han creado en contra del uso militar de las Bardenas se nutren también de habitantes de los pueblos congozantes.

Marchas clandestinas

La contestación popular al Polígono de Tiro de Bardenas lleva camino de convertirse en tradición histórica. En los últimos años del franquismo comenzaron las manifestaciones clandestinas. En 1979, los movimientos sociales hicieron su primera convocatoria unitaria contra el polígono de tiro. La activista Gladys del Estal resultó muerta a tiros de la Guardia Civil, que intervino durante la sentada pacífica de los manifestantes.

Aquella tragedia fue el germen de la Asamblea Antipolígono, que se constituyó como tal en 1987. Al año siguiente, la Asamblea convocó la I Marcha reclamando el desmantelamiento de la base militar. Desde entonces, miles de personas se han sumado cada año a la manifestación que recorre cuatro kilómetros bardeneros exigiendo la salida de los militares del terreno.

Pero la oposición popular y política ejercida con entusiasmo durante tantos años no ha conseguido traspasar la peculiar idiosincrasia que rige la Comunidad de Bardenas, una entidad atípica y totalmente anacrónica cuyos dirigentes, de distintos colores políticos, han defendido con uñas y dientes.

Cuando la contestación social al polígono alcanzó un momento álgido en el año 2000, y daba la impresión de que la Comunidad de Bardenas podía estar dispuesta a no renovar el convenio con el Ministerio de Defensa, el Gobierno de José María Aznar le lanzó una seria advertencia en forma de Real Decreto: si no se prorrogaba el convenio, el Estado podía intervenir en la propiedad de los terrenos y expropiarlos.

Al año siguiente, la entonces ministra de Defensa Carme Chacón, consideró que las instalaciones eran “imprescindibles” para el Ejército. Y el convenio volvió a renovarse. Chacón se comprometió a encontrar otro terreno en ocho años. Pero en 2008 el Ministerio no presentó ninguna alternativa, y el convenio se renovó para las dos décadas siguientes.

Las prácticas militares que se llevan a cabo en el polígono han estado siempre rodeadas de secretismo. La última nota oficial del Ministerio de Defensa, hecha pública a finales de mayo del año pasado, presumía de titular: “El Ejercito del Aire prueba sus mejores armas en las Bardenas en el ejercicio Tormenta 2015”. Era el ejercicio anual con munición real. “Participan casi 20 cazas F-18, dos Eurofighter y otros dos F-5 de escuadrones de toda España, con sus respectivas tripulaciones y armeros –encargados de montar e instalar las bombas en las aeronaves- junto al personal de apoyo en tierra. En el ejercicio se han lanzado 32 proyectiles, entre ellos dos misiles Maverick y otros tipos de bombas guiadas, que han impactado en los blancos situados en el suelo, que simulaban un campo de aviación enemigo”, detalla la nota del espectacular despliegue.

Tres bombas

El Ejército reconocía que tres de las bombas disparadas el año pasado habían quedado sin detonar y cifraba en un 83% el índice de fiabilidad de los proyectiles disparados. Un par de meses más tarde, a finales de julio, Defensa tuvo que suspender otras maniobras en Bardenas, estas con fuego ficticio, porque un civil resultó herido leve por un disparo realizado desde un helicóptero. El hombre circulaba en su vehículo por un camino del perímetro del polígono cuando un proyectil lanzado desde la ametralladora de un helicóptero impactó contra la luna trasera del coche e hizo blanco en su hombro. Las cifras oficiales de Defensa arrojan un resultado de 13 fallecidos militares en 11 siniestros y un herido civil en el citado accidente. Las cifras no oficiales que ofrecen diferentes entidades contrarias al polígono triplican estas cifras.

El Gobierno de Navarra que preside Uxue Barkos fue el primer ejecutivo foral en reclamar el desmantelamiento del Polígono de Tiro de Bardenas ante todas las instancias posibles, incluida la Corona española. Pero no hay nada que hacer. El Gobierno no es el propietario de los terrenos y tiene las manos atadas frente a una entidad local, la Comunidad de Bardenas, que defiende a capa y espada su soberanía sobre las 42.000 hectáreas de Parque Natural.

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