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El nuevo mapa político vasco

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¿Cómo quedará configurado el mapa político vasco tras las próximas elecciones? No me refiero exclusivamente al número de electos con que contará cada una de las formaciones, sino de qué modo la irrupción de una nueva fuerza política (Podemos) va a influir en el debate político que actualmente se viene produciendo en las Instituciones vascas. ¿Para cuándo lo sabremos? De momento faltan algunos datos, no menores, por ejemplo que Podemos llegue a formar candidaturas para todos los municipios vascos o no, para las tres capitales vascas o no, para las Juntas Generales de los tres Territorios o no.

Sin embargo, cada vez que se publican los resultados de alguna encuesta se introduce la variable “Podemos”, que viene a mover ostensiblemente la distribución de escaños actual. Pero sobre todo, falta una definición, cuando menos un esbozo de tal, que sitúe a Podemos en un lugar o en otro respecto a los asuntos que atribulan a los vascos que, además de ser los mismos que lo hacen al resto de los españoles -crisis, pobreza, desempleo, etc-, también son los concernientes a su estructura territorial, sus relaciones con el Estado y ese concepto recientemente descubierto del derecho a decidir.

Hace algunos meses la noticia fue que Podemos arrebataba el cuarto lugar en Euskadi al PP, pero ahora bien pudiera ser que haya mejorado posiciones. Y ello sin mover ni un dedo, sin hacer el más mínimo pronunciamiento en torno a los temas más espinosos y controvertidos que nos afectan a los vascos: ni se han pronunciado respecto a cómo debe producirse el fin de ETA, o cuales han de ser las políticas relativas al tratamiento de los presos o las víctimas de ETA, ni lo han hecho sobre la “soberanía” de Euskadi, que se dirime en la más absoluta ambigüedad entre propuestas de constitucionalismo, federalismo, nuevo status o independencia. Tampoco en este escabroso paisaje se han decidido por nada en concreto. Se percibe que quienes han mostrado esa preferencia cuando han sido preguntados por los encuestadores, han puesto el énfasis en seguir la estela más populista, la tendencia más seguida en el resto del territorio nacional, lo cual nos hace a los vascos mucho menos diferentes que lo que pensamos del resto de los españoles.

En todo caso los nuevos políticos vascos tienen la obligación y el deber de posicionarse respecto al asunto que nos ha traído a mal andar a los vascos. Será una traición a la democracia y un rasgo de cobardía o desidia que todo continúe como hasta ahora, o que el gran debate que a lo largo del tiempo ha supuesto que la sociedad vasca haya estado dividida en torno a quimeras secesionistas, mientras unos empuñaban las pistolas, se salde ahora con un sencillo referendo, no vinculante por cierto, en respuesta al ambiguo derecho a decidir. Y ello por varios motivos, en primer lugar porque incluso quienes han inventado (o utilizado por primera vez) el término, se han posicionado con cierta nitidez sobre sus preferencias; y en segundo lugar porque cabe que su desistimiento en la polémica resulte vital en el resultado último.

Hay que pedir a Podemos que no actúe como un mero convidado de piedra en los debates que ya se vienen produciendo

Si, como se prevé, Podemos va a tener una presencia mucho más que testimonial en las capitales vascas, en las poblaciones de más de 50.000 habitantes y en las Juntas Generales, hay que pedirle que no actúe como un mero convidado de piedra en los debates que ya se vienen produciendo. Si se muestran partidarios de la independencia de los vascos respecto de España, bueno será advertirles de que su presencia en las Juntas Generales servirá de bien poco; y si son proclives a buscar un nuevo status, también deberían mostrarnos un bosquejo aunque sea hecho a brochazos. Cualquiera que sea su pretensión habrán de exponerla antes que nada, porque lo que no pueden hacer (ni debemos permitírselo) es arrogarse el papel de espíritus puros y serviciales que están a disposición en todas las situaciones o posibilidades que se presenten.

La Política es también una forma de compromiso, es sobre todo compromiso con las personas y los ciudadanos, va más allá de un mero servicio que responda a cumplir los caprichos de la gente. Por lo tanto, quien ejerza el noble oficio de político no puede delegar sus propias responsabilidades en una consulta pública, por muy democrático que pueda parecer. La defensa del derecho a decidir, sin asumir la responsabilidad y el riesgo de perder en el consiguiente referendo solo tiene que ver con la urgencia que le asiste a Podemos de conquistar el cielo, es decir el Gobierno, utilizando cualquier medio.

El nuevo mapa político vasco ha de conformarse desde la seriedad y el compromiso con la sana convivencia de los vascos. Si los nuevos políticos vascos (Podemos) siguen en esa tibieza tan medrosa frente al problema vasco -o conflicto-, lo mejor es que se escondan. Y los demás, los que siempre han estado en la sana pelea, deben apremiarles para que hablen ahora o callen para siempre. Al menos, aquí, en la tierra de los vascos.

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