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Josu Montalbán

Josu Montalbán  (Zalla, Bizkaia, 1952). Escritor y colaborador de prensa. Cursó Medicina en la Universidad de Bilbao, aunque posteriormente ha desarrollado su trabajo en la política. Ha sido diputado foral de Bienestar Social (1988-1995) y de Urbanismo (1995-1999), de la Diputación Foral de Bizkaia. Portavoz del Grupo Socialoista en las Juntas Generales de Bizkaia. Diputado en las Cortes Españolas por el PSE(EE)-PSOE durante la IX Legislatura. Colaborador en diferentes medios de comunicación, es autor del libro "El Doctor Areilza. El Médico de los Mineros", así como de varios poemarios de juventud como "Caminando hacia Ella", "Polvo y Tierra"...

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La 'niña' Leonor

Ayer, 31 de octubre, se conmemoró el aniversario de la aprobación de nuestra Constitución. El acto conmemorativo tuvo lugar en el Congreso de los Diputados, -¿dónde si no?-, pero no se puede decir que los actos al respecto no fueran tan criticables como absurdos. Después de cuarenta años la Constitución vigente reclama una afirmación de su validez, de la que yo no tengo ninguna duda. En ese sentido no albergo la más mínima duda, porque la Constitución supuso la derrota definitiva de la Dictadura, de tal modo que el camino emprendido se mostró como una ruta definitiva, sin vuelta a ayeres nada deseables. Sin embargo, hay cosas que me chocan como ciudadano y como persona. A sus trece años la Princesa de Asturias, SAR (Su Alteza Real) Doña Leonor de Borbón y Ortiz ha leído la Constitución Española públicamente en un acto organizado por el Gobierno.

La verdad es que en un país en el que el rigor institucional tanto se cuestiona, haber puesto a leer un texto tan poco apropiado, tan irreconocible e invalorable para una niña de solo trece años, solo para gloria y boato del texto leído, me parece un acto tan gratuito como innecesario. La Princesa Leonor, una niña de trece años, leyó el Artículo UNO, es decir, que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que la soberanía reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado, y que la forma política del Estado es la Monarquía parlamentaria. Fue bastante para una niña, tan aniñada, que a buen seguro no sabe lo que es un Estado de derecho, que apenas sabe lo que es la Democracia, ni sabe lo que implica la Soberanía, y que se sabrá perteneciente a esa Monarquía que no sabe para qué sirve ni a qué responde. Eso sí, sabrá que su padre es el Rey, su padre, lo cual tal vez la lleve a contradicciones e incertidumbres cuando alguien le hable de los “reyes” de la baraja española, o incluso de los Reyes Magos, que son esos seres fantásticos, para nada comparables con su padre el Rey, que es a su vez “su” Rey Mago.

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¡Que sea lo que Dios quiera! (o Pablo Iglesias –Posse- no lo hubiera hecho)

Recuerdo a mi padre: cuando se encontraba al hablar en un atolladero de palabras, y no encontraba respuesta a una disyuntiva, profería aquella frase que le eximía de responsabilidad para el futuro: “¡Que sea lo que Dios quiera!”. Esta era la versión divinizada de aquella otra que también solía utilizar: “¡Lo que sea, sonará!”. Pues bien, recurro a aquellas actitudes de mi padre, muy propias de la impotencia que suele adueñarse de nosotros, los humanos, cuando no encontramos respuestas para las preguntas. Vamos al grano. Pablo Iglesias (Turrión, que no Posse) se ha entrevistado con Oriol Junqueras en la cárcel de Lledoners, y al salir sólo se le ocurrió decir : “Nosotros ya hemos hecho nuestro trabajo, ahora le toca al Gobierno moverse y hacer gestos”. Cualquiera que escuche estas palabras pensará  que Oriol y Pablo pactaron algo concreto, pero no, porque la respuesta real no la dio ninguno de los dos, la dio Tardá ciñéndose a una sola frase: “No nos sentaremos si el Gobierno no hace un movimiento de categoría sobre los presos”. Ese movimiento consiste en instar a la Fiscalía para que actúe pronto, pero la actuación que reclaman es en realidad que no actúe, en todo caso, que actúe en una única dirección: que deje libres a los presos.

Y yo digo ya lo mismo que solía decir mi padre: “¡que sea lo que Dios quiera!”. Lo cual, teniendo en cuenta que no creo en Dios, es como decir que “lo que sea, sonará”. Pero esto no me impide opinar sobre la gratuita osadía de Pablo Iglesias Turrión de visitar al encarcelado Oriol Junqueras. Podía haberlo hecho a título individual, pero no fue así, porque esperó la oportunidad, justamente unos días después del acuerdo presupuestario de Podemos con el Gobierno del PSOE. Las explicaciones que ha dado el PSOE (“Podemos negocia en nombre de Podemos”), deberían ser suficientes como para descalificar la irresponsable osadía de Pablo Iglesias, pero el osado podemita no acudió a la prisión con ánimo colaborativo, sino que lo hizo para recolocarse en el terreno de juego político, para revalorizar su papel en el futuro. Claro que la visita le ha resultado rana porque ha abandonado la cárcel, al parecer, tal como cuando llegó a ella: los Presupuestos no requieren explicaciones añadidas, y la Fiscalía a la que Tardá y Junqueras reclaman gestos, actúa por su cuenta en los Estados de Derecho europeos.

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Fiscalidad: de ricos y pobres

Escuchando a la ministra de Hacienda que explicaba a sus compañeros socialistas las características del proyecto de Presupuestos Generales para 2019 en España he comprobado que, al parecer, no existe la "clase baja". En su prolija explicación, al referirse a las "clases sociales" afectadas en uno u otro sentido por los Presupuestos, ha puesto un empeño especial en reducir la nomenclatura a dos términos: clase media y clase trabajadora. Ignoro a qué es debido ese reduccionismo, porque si existe la clase media será porque existen las clases alta y baja, del mismo modo que si existe la clase trabajadora será porque exista la clase holgazana, ya sea porque trabajaron para forjarse una jubilación, o porque el mal llamado "mercado laboral" les ha cerrado las puertas.

La ministra utilizaba estos términos para explicar, subrayándolo incluso con énfasis, que la fiscalidad va a respetar, no introduciendo cambios, a los ingresos de hasta 130.000 euros. Este modo de discernir es seriamente equivocado en un país en el que los salarios medios están por debajo de la tercera parte de dicha cantidad. Ahora que, al mismo tiempo, debatimos en torno a un salario mínimo de 900 euros, es decir de menos de 13.000 euros anuales, exhibir tanta prevención con los salarios de 130.000 euros anuales es una procacidad. Son más bien pocos los 'trabajadores' que perciben esa cantidad que la ministra ha subrayado como cifra mínima a respetar, en todo caso el lenguaje resulta perverso y el significado de las palabras se muestra caprichoso para proteger a los más poderosos o, como mínimo, a los menos afectados por la pobreza y la precariedad.

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Las dos almas y dos cuerpos del nacionalismo vasco (el huevo y la castaña)

Tuvo mucha razón el diputado vasco de Podemos Lander Martínez cuando afirmó que "las palabras de Urkullu y Egibar se parecen lo que una castaña a un huevo". Lo dijo en el Pleno de Política General del Parlamento Vasco. Y así ha ocurrido casi siempre, salvo en aquel tiempo en que Ibarretxe iba tan de la mano con Egibar que sus discursos no se diferenciaban ni en las frases amables ni en los exabruptos. Pero en esta ocasión ha ocurrido de modo diferente, porque algunas frases pronunciadas por ambos sobre un mismo asunto han sido antagónicas y han requerido explicaciones específicas para evitar los efectos adversos de las estridencias. Sin embargo, parece inexplicable que el PNV continúe adscrito a una “portavocía” parlamentaria tan indócil, salvo que su estrategia sea estar al plato y a las tajadas en todo momento.

Euskadi es muy plural. Tanto que incluso su fuerza política predominante, el PNV, se muestra dividida, al menos en lo estratégico. Tienen poco que ver las direcciones nacionalistas de los tres Territorios Históricos. A veces da la impresión de que cada una de las tres direcciones nacionalistas camina a su bola, utilizando doctrinas bien diferentes que acaban por unificarse tras el discurso siempre discreto y condescendiente del lehendakari Urkullu. Resulta evidente que el discurso, casi siempre procaz y excesivo de Egibar, termina por ceder ante las maneras y las palabras, debidamente medidas y calibradas, del lehendakari.

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La política y las políticas

¿Qué me ha incitado a escribir este artículo? Desde luego que no pretendo elaborar ninguna tesis irrebatible, sino simplemente poner sobre la mesa del debate algo tan actual como el descrédito que actualmente padece la Política, con mayúscula. Porque da la impresión de que el parlamentarismo, que es el modo de desenvolverse de los políticos en activo, no está basado en unas reglas lógicas, ni siquiera discurre con buenas intenciones por parte de quienes debaten en las cámaras parlamentarias.

En nuestro Congreso de los Diputados los debates, medidos y comedidos, entre los parlamentarios de los diferentes partidos han dejado paso a disputas soeces, desórdenes que convierten la sala en un Patio de Monipodio y, llegado al extremo, broncas y brusquedades entre quienes deberían “parlamentar”, es decir, “hablar o conversar unos con otros, entablar conversaciones con la parte contraria para intentar ajustar la paz, una rendición, un contrato, o para zanjar cualquier diferencia”. Desde luego que es mucho pedir a sus señorías que se ajusten al guión de la definición de la Real Academia, pero cabe reclamarles un ánimo constructivo en cada una de sus intervenciones, de modo que las maneras de debatir se ajusten a unas formas que sirvan para que quien asiste y escucha el debate correspondiente pueda asimilar los significados de las palabras y percibir las intenciones arteras de quienes utilizan el debate político sólo en su provecho y no en beneficio de la sociedad a la que va destinado, y a la que dicen servir.

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El nihilismo moderno y opresor

Las ideologías políticas están en crisis. Un nihilismo ramplón se ha adueñado de las mentes de quienes consideran la política como un espacio en el que el más tonto es capaz de hacer relojes con solo ser más atrevido que los demás. Ningún término, ya, resulta apropiado para dar a entender lo que supone el propio nombre para los ciudadanos. Anarquismo, comunismo, incluso socialismo, han dejado de ser palabras halagüeñas por ser consideradas inservibles o estériles. Tampoco resultan apropiados otros términos: conservadores, liberales, incluso capitalistas, porque también los principios en que se han sustentado han caído en crisis… Y han quedado arriba los negacionistas, los más osados, los oportunistas, es decir, los nihilistas modernos, que fundamentan sus ideologías en el fracaso de los idearios clásicos.

Hay que buscar responsables de dichos fracasos. Y se encuentran, principalmente, en el ámbito de quienes han ido administrando las propias ideologías. Los partidos o formaciones políticas  no han inventado nada nuevo, se han convertido en meros conquistadores de los ámbitos del poder o en meros depositarios de dicho poder, sin llegar casi nunca a preguntarse: “Poder, ¿para qué?”. La lucha electoral es tan irracional, y quienes la protagonizan tan pusilánimes y temerosos de su propio futuro, que todo se reduce a no agitar en exceso las aguas, a no cuestionar ni uno solo de los principios aunque se les ignore, y a convertir las estrategias de la acción política en servidoras del mantenimiento de dicho poder.

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¿Exhumar a Franco?: "Es justo y necesario"

La exhumación de los restos del dictador Franco va camino de consumarse. De este modo va a culminar un proceso que va siendo demasiado largo y controvertido, problemático. Nadie debería oponerse, ni siquiera sus partidarios los franquistas, que haberlos 'haylos'. Quienes van a oponerse son los que más están aportando al descrédito definitivo del dictador. Sea porque creen que no debe hacerse o sea porque consideren que no es urgente hacerlo, lo que ocultan detrás de sus abominables actitudes es su deseo de que el dictador perviva y su memoria no sea borrada del todo. Desde luego, sería mucho más razonable que admitiesen la exhumación tanto C´s como el PP, además de quienes aceptan y asumen el franquismo desde formaciones ciertamente residuales, pero fascistas.

La Memoria del franquismo está llena de miserias morales, barbarie y obscenidad, llena de muerte y vacía de vida. Que la Transición permitiera un tránsito tranquilo hacia la democracia no debe llevarnos a pensar que el franquismo y su dictadura fueran faltas veniales. Nada bueno ni admisible acarreó la Dictadura. Todo fue malo, por lo que tarde o temprano el olvido debía ser forzado, y ahora se ha iniciado ese proceso que obliga a escribir la desmemoria del franquismo, y eso requiere inevitablemente que Franco se convierta en una ocupación de sus familiares y no de todos los españoles. Fue la preocupación de muchos y ahora, pasado el tiempo, debemos evitar que se convierta en la ocupación de todos.

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Otegi no se arredra

De vez en cuando el ex-etarra, -y actualmente inhabilitado para ostentar cargo público-, Arnaldo Otegi habla. Como es un oportunista exacerbado elige los momentos y los asuntos sobre los que se pronuncia en cada ocasión. Es también un provocador y un sembrador de polémicas. Pero es, sobre todo, un procaz. En medio de las fiestas de las tres capitales vascas ha hablado. Apenas unas frases, con ánimo impactante, para entonar su “kikiriki” propio de gallo y, viniendo de donde viene, de gallo de pelea.

Le parece “decepcionante” la política en materia de presos de ETA que está desarrollando el Gobierno de Pedro Sánchez. Y se ha permitido incluso ridiculizar al Partido Socialista con frases tan poco afortunadas como la de advertir que “(Pedro Sánchez) rebaja su programa de gobierno en cuanto la derecha estornuda”…También ha avanzado la necesidad de un “pacto nacional vasco que fije un horizonte de excarcelación de los reclusos”, menos mal que ha añadido también “…que contemple la reparación de las víctimas”. Este hombre no sabe lo que es, o debe ser, la discreción, y mucho menos lo que es el comedimiento.

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El nuevo Estatuto de autonomía vasco (o crónica de un fracaso anunciado)

Como si se tratase de una serpiente de verano de pronto se ha desatado un debate absurdo entre los líderes políticos vascos. En un acceso tan absurdo como desatado el más alto responsable del PNV ha advertido a Podemos y al PSE de que la reforma del Estatuto Vasco avanzará a pesar de ellos, es decir “con o sin ellos”. Este toque, mezcla de envalentonamiento y de soberbia, no solo no viene a cuento sino que encierra una evidente trampa. El PNV ha venido negociando la reforma del Estatuto de Autonomía con EHBildu, ello a pesar de que desarrolle su acción de gobierno con el PSE, y a pesar también de que para algunas urgencias haya tenido que recurrir al PNV para completar mayorías suficientes.

Pero el calor de agosto se presta a estas reacciones que no se sostienen en base alguna. Porque el hecho de que el único acuerdo que hay sobre la mesa al respecto sea el del PNV con EHBildu convierte el texto en un mero motivo de discordia que se quedará en nada cuando sea sometido a votación en el Congreso de los Diputados en Madrid. Si eso llegara a producirse y, como el texto estatutario del Lehendakari Ibarretxe, todo quedara en agua de borrajas en el Congreso, el debate en la calle será alimentado por el más aberrante populismo de los proponentes, que no dudarán en poner el grito en el cielo para advertir que el ordenamiento jurídico y el entramado institucional actuales responden a un modelo de opresión del Estado contra los nacionalismos, las “naciones o nacionalidades” y las comunidades autónomas españolas. Por eso conviene desenredar la madeja y desentrañar cuanto esconde esta reforma del Estatuto que los nacionalistas desean aprovechar para apuntalar sus quimeras aún a costa de que la convivencia se cercene.

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Los 'indepes' malversadores

Los “indepes” catalanes se harán alemanes. Tal se desprende de los desmedidos halagos con que han premiado el veredicto de los jueces alemanes que han tildado a Puigdemont de tramposo y ladronzuelo. Ya están muchos de ellos pidiendo permiso para empadronarse en domicilios de la región de Schleswig-Holstein, cuyo Tribunal de Justicia se ha pronunciado acusando a Puigdemont y a sus cómplices de malversar, es decir, de “disponer ilícitamente de los caudales ajenos que administra uno” (sic. Diccionario Larousse). Lo grave es que los caudales ajenos pertenecían al “pueblo”, que es un término sublime cuyo significado debe tener que ver con las leyes que nos han de afectar y obligar a todos, incluido al President.

Cuando alguien, como yo en este caso, lee los textos de la sentencia se enmaraña en un lío de interpretaciones importante. Curiosamente, aunque no estemos ante delitos idénticos, la “dureza” del Juez Llarena al involucrar al “huido con el rabo entre las piernas” Puigdemont, contrasta con la benignidad misericordiosa de los jueces que han venido trajinando con la Manada, pero los ciudadanos de a pie y los medios de comunicación (no solo los afines) apenas se pronuncian contra los jueces alemanes, más bien ensalzan su decisión para, de ese modo, desacreditar a la Justicia española. Es decir, que no hubo “rebelión” (“desobediencia o resistencia violenta hecha a la autoridad”, según el citado diccionario), ni hubo “sedición” (“tumulto o levantamiento ante la autoridad”).

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