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Josu Montalbán

Josu Montalbán  (Zalla, Bizkaia, 1952). Escritor y colaborador de prensa. Cursó Medicina en la Universidad de Bilbao, aunque posteriormente ha desarrollado su trabajo en la política. Ha sido diputado foral de Bienestar Social (1988-1995) y de Urbanismo (1995-1999), de la Diputación Foral de Bizkaia. Portavoz del Grupo Socialoista en las Juntas Generales de Bizkaia. Diputado en las Cortes Españolas por el PSE(EE)-PSOE durante la IX Legislatura. Colaborador en diferentes medios de comunicación, es autor del libro "El Doctor Areilza. El Médico de los Mineros", así como de varios poemarios de juventud como "Caminando hacia Ella", "Polvo y Tierra"...

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De Franco… (Y acabo)

Quienes más satisfechos deberían sentirse con la exhumación de Franco y su salida del Valle de los Caídos deberían ser sus partidarios, sus nostálgicos y, sobre todo, sus familiares. Los demás, los que consideramos que dicha exhumación es “un triunfo de la Democracia”, deberíamos verlo con más naturalidad porque aunque es verdad que nuestra Democracia -ya hace tiempo consolidada gracias al esfuerzo de los españoles, capaces de ejercer el “borrón y cuenta nueva”- no tiene nada a lo que temer, tampoco tiene necesidad de alardear ni mostrar su poder en un asunto como este.

En el Valle de los Caídos reposan los restos, amontonados, de las víctimas (muchas de ellas, otras están en las cunetas) de la Guerra Civil, en la que no se dirimió nada especial ni se resolvió ningún conflicto, salvo que Franco y los suyos sintieran la necesidad apremiante de imponer su voluntad a todos los demás. En suma, la Guerra Civil respondió a un capricho abominable del Dictador. Y como necesitaba algo que le sirviera de disculpa, interpretó la realidad de 1936 y de la República de aquel tiempo, como una situación insoportable para él y algunos de sus secuaces. De casi nada sirvió que quien gobernaba en España hubiera sido elegido por todos los españoles, porque se sintió tiznado por Dios para redimir a España y a los españoles.

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Franco no fue un caído

El Tribunal Supremo ha admitido el plan presentado por el Gobierno de Pedro Sánchez para sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos y enterrarlo en Mingorrubio, al ledo de los restos de su esposa. Probablemente, que Franco y su esposa reposaran juntos hasta el fin de los tiempos hubiera sido lo lógico, entre otras cosas porque el franquismo siempre defendió esa remilgosa unión indivisible entre los casados. Pero Franco era otra cosa, y aunque no dejó a nadie el encargo de perpetuar su régimen por los siglos de los siglos, no faltaron quienes se impusieron tal deber, y para ello buscaron el lugar adecuado y señalado: el Valle de los Caídos. Allí reposaría junto a los muertos que él mismo mató o provocó su muerte. Allí ha reposado hasta ahora, durante 40 años, hasta que ha sido posible sacarle de ese lugar tan significativo, y entregarle a sus familiares y a los partidarios de sus brutalidades e ignominias.

Pedro Sánchez ha afirmado que esta decisión de exhumar a Franco constituye un triunfo de la Democracia. Así es, aunque la Democracia ya había triunfado antes, justamente cuando a Franco no le reemplazó en el Gobierno español un franquista. Que Franco muriera en la cama no es algo abominable. ¿Dónde deben morir las gentes si no es en sus camas? Lo grave fue que fuera homenajeado, que fuera aplaudido, que “reposara” en un Monumento tan insigne, junto a tantos muertos ejecutados por él mismo. Lo imperdonable ha sido que la familia se haya empecinado en combatir al sentimiento colectivo de todos los españoles, de izquierdas y de derechas, demócratas, que queremos entregarles a su “ser querido” para que sean ellos quienes le honren si lo juzgan conveniente. Franco fue un dirigente político, pero fue sobre todo un Caudillo, un sátrapa, un dictador y un asesino… Y cuando alguien es depositario de tales características no merece delicadezas de ningún tipo.

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El mandato de las urnas...

...Y el oportunismo de Pablo Iglesias.

En una entrevista televisada Pablo Iglesias Turrión, el líder único y mandamás de UPodemos, ha utilizado un término cuyo significado resulta claramente engañoso. Ha dicho que si Pedro Sánchez pretende gobernar España sin incluir a UPodemos (es decir a él) en un Gobierno de coalición, no está entendiendo el “mandato de las urnas”. En realidad la entrevista ha estado llena de afirmaciones y reflexiones escasamente profundas porque la única pretensión de Pablo Iglesias ha sido servirse de la confusión para dar a entender que el resultado electoral de UPodemos, - 4º y penúltimo clasificado entre las fuerzas de ámbito nacional -, constituye una garantía y un espaldarazo firme para forzar la coalición. No se ha detenido ni un segundo en reflexionar que sus votos, unidos a los del PSOE que fue la fuerza más votada, solo suman 147 escaños, demasiado alejados de los 176 necesarios. Ni se detiene a pensar que los escaños que aporta a esa suma con el PSOE son la tercera parte de los que aporta el partido claramente mayoritario, el PSOE. 

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Política: ¿un lujo o un deber?

Tengo que reencontrarme. Cuando tantos se empeñan en urgir a Pedro Sánchez ante la formación del nuevo Gobierno español, a mí para nada me urge esa urgencia que los demás reclaman, es más, después de tantos y tan variados fracasos creo que lo más lógico es volver a iniciar la travesía, salvo que de pronto acontezca algo extraordinario como, por ejemplo, ocurrió a Pablo de Tarso cuando iba camino de Damasco. Porque ahora todo son dudas y argucias que, debidamente administradas, pretenden justificar lo injustificable. Una de las conclusiones a las que está llevando el proceso es que la Política actual ha abandonado el rigor, y que los políticos que la administran actúan desde el egoísmo personal y no desde los dictámenes del beneficio colectivo.

Sí, es verdad que Pedro Sánchez no estuvo muy atinado cuando habló de “desconfianza” para llamar al sentimiento que Pablo Iglesias le genera. En todo caso, ¿le genera la misma desconfianza que Casado o Rivera? ¿Más o menos desconfianza? Por su parte, sin recurrir a esa palabra, Pablo Iglesias muestra por activa y por pasiva que a él el PSOE sólo le interesa para que le alce al segundo lugar del Gobierno español, ya sea por su nombramiento directo o mediante figura interpuesta (Irene Montero). Si esto es así no cabe la esperanza, hasta tal punto que lo más idóneo sería iniciar un nuevo proceso en el que los ciudadanos fuéramos capaces de saber realmente a qué juegan los líderes, por qué unos se recluyen en sus atalayas, y por qué los otros apedrean sin ton ni son a quienes han obtenido mejores resultados que ellos.

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"…Difícil, pero posible"

El Grupo Pròleg quiere que PSOE y UPodemos lleguen a un acuerdo para gobernar. En realidad la petición de las personalidades del ámbito social y académico pertenecientes al referido Grupo es harto difícil de conseguir, esto es algo que ellos mismos han subrayado: “sería un error caer en el fatalismo (ya que) un acuerdo es difícil. pero posible”. El Grupo está integrado, como he dicho, por intelectuales y por personas notorias y notables a las que se ha concedido una preeminencia y una credibilidad muy superior a la que actualmente se acepta para la Política y, sobre todo, para los políticos.

La crisis por la que atraviesan los políticos, -ganada a pulso por ellos mismos-, responde a dos factores fundamentales: el ocaso de las ideologías y la voracidad con que los actuales líderes ejercen sus funciones con el frágil y exclusivo objetivo de durar y prevalecer en sus liderazgos, y ejercer el poder, que no el gobierno. De todo lo dicho hasta ahora solo son responsables los propios políticos: he ahí su pérdida de confianza y respeto ante los propios ciudadanos. La Política actual se caracteriza por responder a proyectos ideológicos poco consolidados y frágiles, a la vez que los líderes, alejados de todo riesgo y algo faltos de solvencia y solidez, se aferran a sus propios “egos”. De modo que la clase intelectual (los pensadores) de repente surgen del silencio, no tanto para ofrecer soluciones reales y concretas, sino para insinuarlas y sugerirlas. En esta ocasión, como en otras, han denunciado lo que ya ha ocurrido: “sería un error caer en el fatalismo”, han dicho. Pero, ¿no hemos caído ya en él? La respuesta a esta pregunta la dan los propios intelectuales cuando afirman que “un acuerdo es difícil”... Pero después se arman de una remisa esperanza porque no tienen ni una miga de fe: “…pero posible”.

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Disensos en la izquierda y en la derecha

No es de recibo. El modo de comportarse de los políticos españoles resulta abominable. A pesar de mi militancia socialista bien creo que nadie (ni siquiera los “míos”) está cumpliendo con su obligación, hasta tal punto de que si nos viéramos abocados a unas nuevas Elecciones, los líderes que lo han sido hasta ahora deberán hacerse a un lado para que los nuevos negociadores alcancen los debidos acuerdos.

Imaginen, queridos lectores, que los votantes se muestren tan inexpugnables como se mostraron en las últimas elecciones generales, de modo que los resultados fueran idénticos, o similares al menos. ¿Qué pasaría si tal situación se produce? Pues que todo sería como ahora es: una derecha dividida en tres pedazos cuyos líderes se avergüenzan, unos de otros, y muestran con mucha mayor nitidez sus desavenencias que sus cercanías, y una izquierda dividida en dos o tres fracciones cuyos líderes no coinciden ni en el relato posterior a sus reuniones previas para acordar el futuro. Todo volverá a ser igual, salvo por el hecho de que las negligencias de los líderes y el hartazgo de los votantes conviertan la posible abstención en determinante de los resultados. Y si la abstención es demasiado importante, la Democracia se resiente, pone en entredicho a las ideologías y a los partidos, e invalida a los líderes.

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LGTBI, otra vergüenza más de la derecha española

Asombra la ligereza con que los partidos políticos -o mejor, sus líderes- afrontan sus obligaciones para con la ciudadanía, a la que le piden sus votos en las campañas electorales. Y asombra el descaro con que los líderes de las formaciones políticas acuden a cualquier llamada o reclamo, aun mostrando claramente que acuden en grupo a donde no son llamados como tal. Así ha ocurrido con Ciudadanos (C´s), que ha acudido a las manifestaciones del Orgullo Gay a pesar de que tales celebraciones deberían ser respetadas por las formaciones políticas desde el convencimiento de que lo celebrado no ha de tener que ver con los programas de los partidos, exclusivamente, sino con la vida de cada cual.

Pero en los partidos, a falta de ideología y rigor, están triunfando las estrategias, y esos detalles (¿golfos?) que les incitan a acudir a todas las llamadas aunque los llamadores no hayan pronunciado concretamente sus nombres. La “lideresa” Inés Arrimadas (C´s) acudió a las llamadas del LGTBI del pasado domingo en Madrid pero, a pesar de que C´s no haya apoyado con la suficiente resolución al colectivo que celebraba la manifestación, ella acudió al frente de una importante muestra de militantes de C´s que mostraban con un descaro excesivo que estaban allí. En realidad iban a la manifestación a mostrar en bloque lo que habían negado en los debates referentes a las políticas que afectan al colectivo. Y fueron recriminados por quienes estaban allí presentes. Les reclamaron congruencia, que no es otra cosa que la coherencia y la decencia que deben mostrar quienes se dedican a la “cosa pública”. 

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Crisis de valores. Crisis de las ideologías políticas

La política española se debate entre la incomprensión y la estridencia. Lo tradicional, de repente, empezó a parecer viejo, pero quienes acudieron con “otro modo de hacer la política”, acorde con los nuevos tiempos nos han traído más banalidad que seriedad y más superficialidad que profundidad. Los nuevos partidos han nacido tan faltos de solvencia, tan alejados de las viejas ideologías y tan atiborrados de oportunismo, que se han convertido en aposento de osados y falsos líderes cuyas estrategias sólo están basadas en el apoderamiento del poder, para lo que se convierte cuando alcanza el "gobierno" en un mero instrumento de dominio.

Las nuevas formaciones políticas españolas -Podemos, C´s y VOX- no han dado la talla suficiente a pesar de que surgieran tras una improvisada estrategia de descrédito del bipartidismo en España. Las fuerzas políticas han continuado fieles a ese bipartidismo ya viejo, aunque en cada uno de los bloques se hayan producido divisiones y subdivisiones: la derecha (que sólo acogía al PP) es ahora un ramillete de tres formaciones (PP, C´s y VOX), mientras la izquierda (que solo acogió al PSOE) se ve ahora integrada por dos formaciones (PSOE y Unidas Podemos), a las que suelen adherirse formaciones de ámbito regional que se sienten mejor entendidas y acogidas en la izquierda que en la derecha. De modo que el bipartidismo aún permanece, pero se ha ido desintegrando en grupos y grupúsculos conforme las ideologías tradicionales y poderosas (socialismo, comunismo, liberalismo, etc…) han perdido su fortaleza o su vigencia.

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La política, hoy

Por lo que estamos viendo, han irrumpido fuerzas políticas nuevas en el mapa español en las que la confianza que depositemos en ellas correrá el riesgo de no servir para mucho. En los miles y miles de municipios españoles se han producido situaciones peculiares: acuerdos incumplidos, desobediencias puntuales de concejales indómitos, huidas inesperadas, fichajes de concejales en el tiempo de descuento, llantos que contrastan con la valentía de los vencedores, engaños y mentiras diversas.

Me quedaré solamente con tres o cuatro anécdotas importantes que han acontecido en ciudades o comunidades muy notables, ellas dan la medida de lo que actualmente forma parte diariamente de los comportamientos de los nuevos partidos, y de los políticos que, oportunistamente, han vivido y quieren seguir viviendo a su abrigo. Desde el día de las elecciones todo han sido elucubraciones y negociaciones fundamentadas en el reparto del poder, que no en la búsqueda del mejor y más eficaz gobierno. Resulta curiosa la división entre izquierdas y derechas, que no está basada  en planteamientos sociales sino en el control del poder. De todos los partidos que compiten electoralmente en España, ya solo hay tres partidos con alguna base contrastada por el tiempo: el PSOE, de ámbito nacional, y PNV y ERC de ámbito regional.

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Pablo Iglesias Turrión y la canción de Cecilia

Ocurre a menudo en nuestros días que una noticia que parecía interesante y espectacular, que un trance que parecía fundamental, que un pasaje que parecía extraordinario, se ven eclipsados por una anécdota, por un acontecimiento menor o una simple vicisitud que puede suceder en cualquier momento de forma casual.

Andamos en las últimas semanas sumidos en diversos debates. A saber, desde las últimas elecciones generales las especulaciones giran en torno al futuro Gobierno que debe formarse en las próximas semanas. Igualmente, porque la vida continúa y nunca se detiene para facilitar nuestros procesos de reflexión, el juicio por el procès catalán sigue en sus trece. Y por si fuera poco, Pablo Iglesias (Turrión, que no Posse) emerge de su entorno para suscitar dudas, siguiendo su incansable estrategia desestabilizadora de la opinión pública. Me refiero, en principio, a su oferta pública y estentórea para formar parte del próximo Gobierno, a pesar de que el PSOE y Pedro Sánchez hayan obtenido un gran resultado electoral y una mayoría que, aún no siendo absoluta, es aplastante. No sólo eso, porque la presencia de los diputados independentistas catalanes en la constitución del Parlamento español ha dado pie a un espectáculo absurdo en el que las promesas y juramentos de la Constitución por parte de los Diputados se han convertido en chanzas e insensateces de lo más absurdas, en una competición bufa en la que los diputados afectados se han empeñado en rizar el rizo y, por si fuera poco, algunos diputados nada involucrados en el conflicto, han manoteado sus “pupitres” obsesionados por poner su granito de arena en el desorden.

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