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De reojo

Cierto es que las encuestas dan una victoria aplastante al PNV, pero los patriotas españoles no las tienen todas consigo. ¿Y si los podemitas se alían con los ex de la ETA y con los socialistas?

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Hubo un tiempo en que la gente leía periódicos en papel y se dejaban ver con ellos por parques y transportes públicos. En aquellos años la información no era tan accesible como ahora, lo cual dio lugar a una tipología humana, ciertamente molesta, a la que podríamos catalogar como reojeadores. Esta tribu urbana acostumbraba a sentarse justo al lado de cualquiera que portase un periódico y, sin particular discreción, se ponía a leer la información que, por derecho, pertenecía al otro. Bien es cierto que las noticias no se desgastan, pero no lo es menos que a muchos puede resultar incómodo tener a un desconocido o desconocida con el morro metido en sus papeles.

Había yo olvidado esta desagradable sensación hasta el inicio de la campaña electoral vasca. No exagero si afirmo que la mayor parte de los vascos (o, como mínimo, uno) nos sentimos víctimas de una nueva generación de reojeadores. Esta vez, sin embargo, proceden todos de Madrid. Puede uno notar el aliento de esa gente mientras lee la propaganda electoral, mientras escucha los mítines y ve los debates.

Nunca, desde que tengo memoria, unas elecciones vascas habían importado tantísimo a esa pelota amorfa de sensibilidades que unos llaman España y otros El Conjunto Del Estado. El fenómeno empezó ya en las generales, cuando Podemos fue la fuerza más votada en Euskadi y los contertulios de TVE, esos señores de pelo blanco y gesto recio, no supieron qué decir. Que un contertulio se quede callado durante más de dos segundos ya es un hito comunicativo sin precedentes, pero si además lo hace ante algún asunto vasco, la cosa cobra tintes de epopeya. Por primera vez en democracia, los contertulios admitían no entender absolutamente nada de lo que pasaba por la cabeza de los votantes vascos.

Nunca, desde que tengo memoria, unas elecciones vascas habían importado tantísimo a esa pelota amorfa de sensibilidades que unos llaman España y otros El Conjunto Del Estado

Ese desconcierto se ha mantenido hasta el día de hoy, amplificado por la sensación de que España, más que nunca, depende del PNV. Tan volátil es la política que no sería extraño encontrar fachos nacionales de-los-de-toda-la-vida deseando que el PNV gane en Vascongadas por el bien de Dios, la patria y el Borbón.

Cierto es que las encuestas dan una victoria aplastante al PNV, pero los patriotas españoles no las tienen todas consigo. ¿Y si los podemitas se alían con los ex de la ETA y con los socialistas? ¡Eso sería una tragedia! Otra vez España se rompe, otra vez guerracivilismo, otra vez nosotros o el caos.

Tan importante se ha vuelto el voto vasco que radios y televisiones nacionales (o sea, de Madrid) están montando aquí sus tinglados para cubrir la noche electoral, para entrevistar a los candidatos, para tomar el pulso de la calle. Y otra vez los vascos nos sentimos observados, pero no como en los viejos y terribles tiempos. Ahora, al menos, se nos mira de reojo.

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