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La crisis en el seno de Nidá Tunis amenaza la estabilidad del gobierno tunecino

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La crisis en el seno de Nidá Tunis amenaza la estabilidad del gobierno tunecino

La crisis en el seno de Nidá Tunis amenaza la estabilidad del gobierno tunecino

Un año después de alzarse con la victoria en las últimas elecciones democráticas de Túnez, la profunda crisis abierta hoy en el seno del partido laico Nidá Tunis amenaza con desestabilizar el primer Gobierno postransición.

La paliza que se llevaron ayer algunos de los diputados de la formación, mayoritaria en el Ejecutivo, cuando pretendían asistir a una reunión del comité ejecutivo en la ciudad costera de Hammamet ha sido el desencadenante de una crisis que mezcla el viejo y el nuevo Túnez.

Y que tiene como uno de los principales protagonistas a Hafedh Caid Essebsi, el ambicioso hijo del actual presidente tunecino, el octogenario Beji Caid Essebsi.

El mandatario de 88 años recibió hoy una carta en la que 30 diputados de la formación -que también preside- acusaban a su vástago, y al controvertido jefe del gabinete presidencial, Ridha Belhaj, de ser los responsables de la violencia.

Preocupado por la deriva de los acontecimientos, que afectan a la estabilidad de la cada vez más endeble coalición de Gobierno tunecino, el mandatario convocó de urgencia a los parlamentarios de su bloque a una reunión en el palacio presidencial de Cartago para limar asperezas.

La cita fue rechazada, sin embargo, por los afectados, ahondando así una crisis política sobre la que se proyecta la alargada sombra del régimen dictatorial de Zine el Abedin ben Ali, derrocado en enero de 2011.

"Los diputados han enviado una carta al presidente en la que se excusan y le sugieren que no se dan las condiciones suficientes para el encuentro", explicó a Efe Tarek Chaguni, uno de los fundadores de la formación laica.

En la misma línea se expresó la diputada Bochra Belhaj Hamida, quien aseguró que el presidente "no ha respondido positivamente", en aparente alusión a la supuesta exigencia de los diputados de que se cese al jefe de Gabinete.

El origen de la fractura del partido que hace un año logró aunar en su regazo a grupos dispares, pero con un deseo compartido de ruptura con el pasado, se remonta a principios de este año, cuando el hijo del presidente fue ascendido al cargo de vicepresidente de la formación.

Desde entonces, centenares de militantes, empresarios afines y profesionales de diversos campos han abandonado las filas del partido entre denuncias de nepotismo y críticas sobre la presunta relación de Hafedh Essebsi con responsables del régimen derrocado.

También por las atribuciones que parece haberse arrogado y que incluyen viajes oficiales y reuniones con altos dirigentes como la que mantuvo el pasado agosto en Ankara con el presidente de Turquía, Recep Tayeb Erdogan.

Una visita similar a Madrid, donde fue recibido por el secretario de Estado español de Asuntos Exteriores, Ignacio Ybañez, desató las críticas en los medios, que se preguntaron si Taïeb Bacouche, el otro vicepresidente de Nidá Tunis y actual ministro de Exteriores, era el verdadero jefe de la diplomacia.

"El problema de Hafedh es que no disimula la ambición de suceder a su padre y tiene ciertas relaciones con gente del pasado que asustan", explica a Efe un empresario vinculado al partido que prefiere no ser identificado.

"Muchos empresarios como yo están ya haciendo sus maletas porque ven que algunos prefieren caminar hacia atrás y no hacia adelante", agrega.

Ello se une a la desbandada que hubo al inicio de la presente legislatura, cuando miles de simpatizantes dijeron haberse sentido traicionados por la inclusión en el actual Gabinete de ministros pertenecientes al partido islamista Al Nahda, contra el que Nidá Tunis hizo campaña.

El pasado 6 de octubre, el ya exministro tunecino a cargo de las relaciones con el Parlamento, Mohamed Lazhar Akremi, presentó su dimisión tras denunciar "desinterés en la lucha contra la corrupción" y se convirtió así en el primer alto cargo de Nidá Tunis en abandonar el Gabinete.

Dos semanas después, el primer ministro, Habib Essid, anunció el cese del ministro de Justicia, Mohamed Salah Ben Aissa, 24 horas después de que éste se ausentara de una votación en el Parlamento sobre la nueva ley para el Consejo Superior de la Magistratura, a la que se oponía.

El mismo día, los diputados de la Unión Patriótica Libre (UPL), tercera fuerza política en el país, decidieron retirar su apoyo a la coalición tras denunciar que se sienten "marginados tanto dentro como fuera de la Cámara".

En el ojo del huracán está la controvertida ley de Reconciliación económica que prepara el Gobierno, una forma de amnistía fiscal que pretende perdonar a los corruptos de la dictadura a cambio de que devuelvan lo robado.

Y el lento y errático progreso de la prometida justicia transacional, a las que se unen la crisis económica, el paro y el yihadismo en auge.

Por Miguel Albarracín

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