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Rivera reivindica el legado de Suárez en Ávila

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Rivera sabe que los acuerdos no serán fáciles ni con PP ni con PSOE tras el 20D

Rivera sabe que los acuerdos no serán fáciles ni con PP ni con PSOE tras el 20D

Cuando el 1 de noviembre de 2006 Ciudadanos entró en el Parlamento catalán, Albert Rivera no imaginaba que nueve años después estaría celebrando este aniversario en Ávila, la tierra natal del presidente Adolfo Suárez, cuyo legado ahora es reivindicado por el líder catalán.

Rivera se postula sin complejos hacia la Moncloa, y hoy ha dado un paso más dejando atrás su tierra natal y su recién conquistada Madrid para avanzar con paso firme por el resto de España y en este día festivo dejar su mensaje de unidad en una plaza como es Ávila, con sugerente significado político para el imaginario colectivo.

Sin ningún tipo de complejo, Rivera está dispuesto a liderar el cuarto gran proyecto de España, tras el de la transición y la incorporación a la España democrática que llevó a cabo Suárez, la modernización del país lograda por Felipe González y el de la convergencia económica de José María Aznar.

Rivera, que en los últimos tiempos ha leído "más de un libro y de dos" de la transición, dice que le gustaría parecerse a Suárez, aunque asegura no tener su "nivel".

En cualquier caso, pretende parecerse a la primera ministra danesa de la serie Borgen, que por encima de cualquier otra cosa, trata de ser decente y no traicionar ni sus principios ni los de sus votantes.

Rivera está convencido de que tampoco traicionará y al igual que el espíritu de optimismo que hace cuarenta años transmitió el joven y atractivo político primer presidente de la democracia, es el que ahora quiere revivir el líder de Ciudadanos.

Las analogías parecen evidentes, Suárez quería transformar España, Rivera quiere cambiarla sin romperla y en ambos la idea de unidad de país es una máxima.

Rivera siempre ha encontrado un referente en Suárez, asegurando que si llegara a ser presidente del Gobierno haría lo que éste hizo, sentar en la misma mesa para dialogar a todos los agentes políticos y sociales del país, como en la transición hizo el que fuera presidente de la UCD.

A poco más de mes y medio para el 20D, el líder catalán no cesa en su actividad y ya en precampaña hace gala de un estilo propio y el lugar se convierte en el propio mensaje, como si se tratara de una estrategia perfectamente diseñada.

Hoy es Ávila la tierra de Suárez, en una semana será Cádiz la cuna de la Constitución, y el lugar elegido para presentar su eje de reformas institucionales y constitucionales.

Si el de Cebreros se tuvo que enfrentar en el año 76 al reto de poner en marcha la transición tras una larga dictadura, Rivera aspira a volver a ilusionar a un país que sufre el cansancio de un sistema que se ha visto afectado por la alternancia del bipartidismo, afectado por los casos de corrupción, que amenazan con envenenar el legado democrático.

Rivera quiere recoger los valores del gran paladín democrático que fue Adolfo Suárez, quiere transmitir a los ciudadanos la idea de esperanza y de futuro, ensombrencidas tras la profunda crisis vivida por el país.

Los complejos han desaparecido con Ciudadanos y se reivindica España, el corear consignas como "Cataluña es España" o "Yo soy español", comienzan a ser una constante en los actos de este partido, que quiere liderar la regeneración democrática.

La estrategia está clara, el objetivo también, se trata de buscar un centro abandonado desde que el político abulense fuera testigo de la desintegración de la UCD.

Rivera toma posesión del centro y así se lo va a hacer saber al electorado español en las próximas semanas. Ese electorado que le grita, como hoy desde la muralla de Ávila, "aupa" y "por la unidad de España".

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