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Aldeas Infantiles, medio siglo creciendo con los niños

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Aldeas Infantiles, medio siglo creciendo con los niños

Aldeas Infantiles, medio siglo creciendo con los niños

"Ningún niño debe venir al mundo para crecer solo". Con esa máxima, Aldeas Infantiles cumple 50 años en España acompañando a los pequeños y jóvenes más vulnerables en el difícil camino a su independencia, brindándoles un entorno familiar y de protección hasta su integración completa en la sociedad.

Pero no solo desde la protección, sino que esta ONG trabaja intensamente en el ámbito preventivo desde sus centros de día, escuelas infantiles o aulas de familias para "evitar que padres e hijos deban separarse", comenta en una entrevista con Efe el director del Área de Infancia, Juventud y Familia de Aldeas Infantiles, Felipe Casado.

Sin embargo, no siempre es posible, y cuando las circunstancias obligan a esa separación, la organización, en convenio con ocho comunidades autónomas, les proporciona un hogar en una de sus aldeas.

La primera de ellas fue fundada hace ahora medio siglo en una masía del Tibidabo perteneciente a la familia de la psicóloga y asistente social catalana Montserrat Andreu, que importó la idea del austríaco Hermann Gmeiner, creador de esta organización internacional que nació tras la Segunda Guerra Mundial con el fin de ofrecer un hogar a los niños que habían quedado huérfanos.

Después, en 1971, fue el turno de Galicia, y siguieron Madrid, Granada, Cuenca, Tenerife, Zaragoza y Las Palmas, hasta llegar a las ocho que tiene actualmente en España; además, desde 1996, la organización, que hasta entonces había recibido apoyo económico de la federación internacional, consigue ser autosuficiente y comienza a financiar programas en Latinoamérica y África.

En las aldeas, los niños o jóvenes, reunidos en grupos de hermanos -otra de las premisas de su filosofía es mantener a los hermanos unidos- conviven con su madre SOS de lunes a viernes, más otros dos educadores de apoyo, uno para los fines de semana, que tratan de proporcionarles una vida igual o muy parecida a la que tienen otros pequeños de su edad.

Y es tan igual o parecida que incluso deben negociar con su "madre" la hora de llegada cuando salen con sus amigos o ayudar en algunas de las tareas de la casa.

"Todos caminamos con mochilas y la vida nos va cargando de cosas; pero cuando ellos vienen, vienen con su mochila y tenemos que ayudarles a que la descarguen para poderla cargar de otras cosas", explica Casado.

Su labor no acaba con la mayoría de edad de los jóvenes, sino que al cumplir 18 años, son ellos los que deciden si quieren continuar con Aldeas, que les prestará el apoyo y la formación necesarias para alcanzar su integración social y laboral.

Y todo ello con unos índices de éxito "bastante alentadores": por ejemplo, la tasa de abandono escolar en los jóvenes emancipados de Aldeas se sitúa por debajo de la media nacional, y se sitúa en el 3,3 % frente al 7,6 % del resto.

También animan los datos sobre adicciones, y mientras el 4 % de los chicos de las Aldeas recibe tratamiento por ello y el 77 % no consume nada, el resto de jóvenes españoles presentan unos porcentajes del 20 % y del 8 %, respectivamente.

El año pasado, la organización atendió un total de 25.559 niños y jóvenes: 999 fueron acogidos en sus programas de protección, 5.078 en los de prevención y 1.081 participaron en el de jóvenes en España, mientras que otros 18.401 niños recibieron apoyo en Latinoamérica y África.

Pero el reto es que para 2020, 35.000 pequeños crezcan en un ambiente familiar protector porque, en palabras de Casado, "ningún niño debe venir al mundo para crecer solo".

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