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Los bomberos esperan una reducción considerable de los humos en tres días

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Los bomberos que trabajan en el incendio del vertedero de neumáticos de Seseña (Toledo) calculan que la emisión de humos se reducirá notablemente en tres días, y defienden el método que están utilizando como el más adecuado para evitar la contaminación del suelo y de los acuíferos.

El oficial director Técnico de Bomberos del Consorcio de Toledo, Pedro Antonio Ruiz, que dirige las tareas de extinción, ha dicho que aunque es previsible esta reducción considerablemente en la emisión es prácticamente imposible determinar cuándo quedará extinguido el incendio.

En este momento, su actividad es baja, ya que hay ausencia de llama en casi un 80 % de la superficie afectada, ha comentado Ruiz, aunque ha advertido que la combustión es muy lenta porque tiene encima toda la parte quemada y había alturas de hasta 15 y 20 metros de neumáticos apilados.

Todos esos residuos, las cenizas más todo el material metálico de los anillos y del mallado que tenía cada uno de los neumáticos, han quedado encima y eso provoca que la combustión del poco material que queda abajo vaya mucho más lenta, ya que no hay ventilación suficiente para que arda con facilidad, ha precisado.

Ruiz ha defendido la estrategia que se ha seguido para combatir el incendio, que se ha basado desde el inicio en no lanzar ni agua ni espuma a las llamas para evitar una contaminación del subsuelo y de los acuíferos.

En este sentido, ha explicado que los bomberos del Consorcio de Toledo y los de la Comunidad de Madrid hicieron dos ensayos en una cuadrícula de 10 por 10 metros en la que se echó espuma y agua, y sus resultados permitieron determinar que de haberlos utilizado el incendio hubiera seguido vivo y ardiendo.

Por ello se desestimó ese sistema de extinción y ni siguiera llegó a plantearse estudiar cuál sería el coste medioambiental, porque no iba a ser efectivo.

Su ineficacia se volvió a poner de manifiesto en otro ensayo que hicieron los bomberos de la Comunidad de Madrid, en el que utilizaron más cantidad de espuma, mucha más agua y muchos más litros de humectante, con un resultado similar: "A las dos horas volvió a arder otra vez", ha apuntado Martín.

Desde el primer momento se desestimó lanzar agua o espuma, porque aunque iba a propiciar una bajada las calorías y de los focos, en cuanto se perdiera esa refrigeración o esa sofocación el material volvería a arder otra vez, ha añadido.

Además, Martín ha comentado que se retrasaría considerablemente la extinción "y se generaría una contaminación de acuíferos y subsuelo grandísima", y eso es lo que se ha intentado evitar.

Ha precisado que los hidroaviones solo trabajaron el primer día, para retardar el avance de las llamas hasta que diera tiempo a hacer los cortafuegos.

Según Martín, por mucho que se retrase el incendio éste sigue propagándose por debajo de los neumáticos, porque hay huecos, aunque sí se intentó que el frente de llamas se redujera con el lanzamiento de agua en esas primeras horas, pero ha recordado que el segundo día ya no actuó ningún medio aéreo.

Tampoco se ha usado líquido retardante, ha indicado Martín, que ha destacado que la clave del éxito de la intervención es que se movilizó maquinaria pesada inmediatamente, que llegó con celeridad y que hizo cortafuegos de entre 60 y 80 metros de ancho en lugares estratégicos.

Los trabajos "se hicieron en el momento justo" y cuando llegó el frente de llamas estaban los cortafuegos dispuestos "y eso es lo que paró el incendio", ha añadido.

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