El histórico poblado abandonado de Almería que un municipio trata de recuperar de manos de la Junta
Enclavado en plena Sierra de los Filabres, en el corazón de la provincia de Almería, el poblado minero Menas de Serón, aguarda a que el paso del tiempo deje de hacerle mella. En decadencia desde que a finales de la década de los 60 dejó de tener actividad extractiva, quienes vivieron allí -que cada vez quedan menos- tratan, junto con el Ayuntamiento de Serón, de recuperar para el turismo un emplazamiento tan histórico como especial. Pero no es fácil porque la Junta de Andalucía, propietaria del poblado, pretende deshacerse de él y no acaba de acercar posturas con la administración local.
Este poblado, levantado a finales del siglo XIX por la actividad minera para extraer el plomo y el hierro que se encontraron en el subsuelo de esta parte de los Filabres, a más de 1.600 metros de altitud, llegó a ser un motor económico de la provincia de Almería y uno de los bastiones mineros más importantes de España. No en vano, su mina atrajo miradas de empresas holandesas y británicas que se acercaron hasta este punto perteneciente al municipio de Serón para asentar a sus trabajadores e ir construyendo poco a poco un poblado que llegó a albergar a 3.000 habitantes en su mejor momento.
Fue tan importante durante buena parte del siglo XX que llegó a contar con hospital propio. Además, como sus principales moradores al principio fueron personas procedentes de otros rincones de Europa, su arquitectura recuerda a lugares geográficamente muy distantes de Almería. Sin embargo, aquel brilló empezó a apagarse cuando en 1968 las minas se cerraron por la competencia de otras explotaciones sobre todo en el Rif de Marruecos. Dando inicio así a un deterioro progresivo del patrimonio que hoy enfrenta a lugareños y ayuntamiento contra la Junta de Andalucía por el futuro del poblado.
Denominado “Menas” porque “mena” es el nombre con el que se llama a los minerales que se extraen, el poblado ha ido perdiendo no solo su potencial pasado, sino que la falta de mantenimiento está llevando a la ruina a muchos de sus edificios. Aunque fue habitado hasta los años 90 y en la década de los 2010 aún se mantenía cierta actividad turística, su cierre simbólico -que no físico porque no está vallado- se ha producido porque es inhabitable e inaccesible, hasta el punto de que el Ayuntamiento de Serón lo adecenta, limpia y rehabilita modestamente cada vez que puede. Pero no es su cometido ni debe hacerlo porque la propiedad es del Gobierno andaluz, que pretende deshacerse del lugar y lleva varios años intentando venderlo sin éxito porque hay litigios que lo impiden.
Un conflicto entre administraciones
A ese intento de venta se opuso frontalmente el Ayuntamiento de Serón. En 2024, la Junta incluyó parte de los edificios más emblemáticos del poblado -las antiguas oficinas, el casino, el cine club o el pabellón de solteros- en un paquete de activos públicos para su subasta por un precio de salida de 1,5 millones de euros. La operación formaba parte de una estrategia más amplia para desprenderse de patrimonio infrautilizado. Pero en Serón no lo vieron como una oportunidad, sino como una amenaza.
“Es un bien del pueblo”, sostiene el alcalde, Manuel Martínez (PSOE), que desde su llegada al cargo en 2022 ha convertido la recuperación de Las Menas en una de sus prioridades. El Consistorio movilizó a la ciudadanía, impulsó una recogida de firmas y logró frenar en 2024, al menos temporalmente, la operación. “No puede ser una transacción comercial, especulativa”, defendía entonces. Su planteamiento pasa por una cesión pública que permita al municipio gestionar el enclave sin perder su titularidad, con proyectos vinculados al turismo y la recuperación del patrimonio industrial.
Dos años después, el conflicto sigue abierto, pero en un escenario distinto. La subasta no se ha materializado, pero el poblado continúa en un limbo jurídico que bloquea cualquier actuación de calado. El Ayuntamiento solicitó formalmente en noviembre de 2022 la cesión de parte del complejo, incluyendo edificios rehabilitados con más de tres millones de euros de inversión pública, pero la tramitación no ha avanzado.
Desde la Junta de Andalucía, la explicación apunta a problemas técnicos. La consejera de Economía, Hacienda y Fondos Europeos, Carolina España, describe la situación como “un auténtico caos” registral y catastral que impide avanzar. La delimitación de los terrenos no coincide con la realidad física, hay alegaciones de propiedades colindantes y el Registro de la Propiedad ha rechazado la inscripción de la base gráfica planteada por la Administración autonómica. El resultado es la apertura de un expediente de deslinde que, en la práctica, vuelve a retrasar cualquier decisión.
Frente a ese argumento, el Ayuntamiento sostiene que el bloqueo tiene más que ver con falta de voluntad política que con obstáculos técnicos. “No nos responden absolutamente a nada”, lamenta Martínez en declaraciones a este periódico. El alcalde asegura que el Consistorio advirtió a la Junta de la existencia de una pequeña propiedad privada dentro del perímetro, pero que la Administración autonómica no tuvo en cuenta esa circunstancia al tramitar la segregación del terreno, lo que habría provocado el actual atasco registral. “Ese es el laberinto burocrático: no hacer las cosas como tienen que hacerlas”, lamenta.
Mientras tanto, el deterioro avanza. Sin vigilancia desde hace años, el poblado ha sufrido robos y actos vandálicos, incluso en instalaciones rehabilitadas recientemente. El Ayuntamiento, pese a no ser el propietario, asume tareas de limpieza, mantenimiento básico y pequeñas reparaciones. “Unas instalaciones recién hechas y abandonadas”, critica el alcalde, que insiste en que el proyecto no es solo patrimonial, sino estratégico: “Es un desarrollo impresionante para la comarca, una herramienta contra la despoblación”.
Un hilo de esperanza
Esa visión la comparten también quienes un día vivieron allí. María, fundadora de la Asociación Santa Bárbara y una de las últimas vecinas de Las Menas, habla desde la memoria. “Era lo más de Almería”, recuerda. El poblado llegó a tener cines, campo de fútbol o plaza propia y fue durante décadas uno de los principales motores económicos de la provincia. “Se van con una tristeza”, dice sobre quienes regresan hoy y se encuentran con un lugar prácticamente en ruinas.
La asociación lleva más de tres décadas intentando mantener vivo el vínculo con el poblado. Ha participado en recogidas de firmas, en iniciativas junto al Ayuntamiento y en la recuperación de elementos simbólicos, como la ermita. Pero también denuncia la falta de respuesta institucional. “No hacen caso”, dice María. “No nos hacen facilidad ninguna”.
El contraste entre lo que fue y lo que es atraviesa todo el relato. Donde antes hubo una comunidad de miles de personas, hoy apenas quedan edificios deteriorados y senderos que se pierden entre la sierra. Sin embargo, ni el Ayuntamiento ni los antiguos vecinos renuncian a una posible segunda vida. “Estoy convencidísima”, insiste María cuando se le pregunta por el potencial turístico del enclave. Habla de senderos, de patrimonio industrial, de naturaleza. “Tiene una historia espectacular. Todo eso es turismo”.
Ese es, precisamente, el punto de encuentro que nunca termina de materializarse. Mientras la Junta defiende la necesidad de garantizar la seguridad jurídica antes de cualquier cesión o uso, en Serón crece la sensación de bloqueo. Entre expedientes, deslindes y proyectos fallidos, Las Menas sigue atrapada entre su pasado y un futuro que no termina de llegar.