Las “anfitrionas” de la Alhambra rompen su silencio y denuncian precariedad laboral: “No somos guías turísticos”
Cada día reciben a miles de personas que cruzan las puertas de la Alhambra. Resuelven dudas, orientan a quienes se pierden entre palacios y jardines, traducen incidencias a visitantes llegados de todo el mundo y acompañan a decenas de miles de escolares en los programas educativos del monumento. Son, en palabras del propio Patronato, los “anfitriones” de la ciudad palatina. Sin embargo, quienes sostienen esa primera y última imagen que millones de personas se llevan del conjunto nazarí denuncian que lo hacen desde la precariedad.
Las trabajadoras del Servicio de Información y Atención al Visitante y del programa Alhambra Educa, ambos externalizados a través de la empresa Sedena, han decidido romper el silencio tras más de un año de negociaciones infructuosas con la adjudicataria. Denuncian jornadas parciales que, aseguran, dejan a parte de la plantilla por debajo del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), dificultades para conciliar, falta de reconocimiento de los idiomas que utilizan a diario y la ausencia de protocolos específicos frente al calor extremo. Un conflicto laboral que vuelve a poner el foco sobre un debate que sobrevuela desde hace años el principal monumento andaluz: la creciente externalización de servicios que antes asumía directamente el Patronato de la Alhambra y Generalife.
El conflicto estalló públicamente el pasado 17 de julio, cuando una parte de la plantilla convocó una concentración a las puertas del Palacio de Carlos V de la mano de la CNT. El sindicato sostiene que la protesta llega después de más de un año de reuniones, propuestas y negociaciones sin avances con Sedena, la empresa navarra que gestiona tanto el Servicio de Información y Atención al Visitante como el programa Alhambra Educa mediante adjudicación pública. “La movilización no surge porque hayamos rechazado la negociación. Más bien al contrario: llevamos mucho tiempo intentando negociar sin obtener respuestas satisfactorias”, resume Laura, una de las trabajadoras del servicio de información.
Sueldos y condiciones precarias
La principal reivindicación gira en torno a las jornadas parciales que, según denuncian, impiden que parte de la plantilla alcance siquiera el salario mínimo. A ello suman la falta de reconocimiento económico del uso habitual de idiomas –una herramienta imprescindible para atender a visitantes de todo el mundo–, la pérdida de flexibilidad para conciliar la vida laboral y familiar, la ausencia de compensaciones por transporte en una ciudad donde el precio de la vivienda obliga a muchas trabajadoras a vivir cada vez más lejos del monumento y la reclamación de cantidades pendientes derivadas de la actualización salarial del convenio durante la prórroga extraordinaria del contrato en 2025.
“No somos guías turísticos”, insiste Laura. “Nuestra función consiste en informar, orientar y resolver incidencias. Somos el punto de referencia permanente para quienes visitan la Alhambra”. Además de atender consultas o coordinarse con otros servicios del recinto, las informadoras actúan con frecuencia como intérpretes entre visitantes extranjeros y el personal del monumento. “Somos la primera persona con la que se encuentra el visitante cuando llega y, en muchas ocasiones, la última con la que habla antes de marcharse”, resume.
La otra gran pata del servicio externalizado la conforma Alhambra Educa, el programa con el que el Patronato acerca el conjunto monumental a colegios, familias y colectivos sociales mediante visitas didácticas, talleres y actividades educativas. Solo en 2023 participaron en estas iniciativas más de 40.000 escolares, además de cientos de personas atendidas a través de programas desarrollados en hospitales, centros penitenciarios, centros de día y otros recursos sociales. Aunque se trata de plantillas distintas, ambas comparten empresa adjudicataria y denuncian problemas comunes relacionados con las condiciones laborales, la prevención de riesgos y la organización del trabajo.
Entre esas preocupaciones figura también la exposición a las altas temperaturas. Las trabajadoras aseguran que desarrollan buena parte de su jornada en el exterior y denuncian la inexistencia de protocolos específicos que adapten la organización del trabajo durante episodios de calor extremo. Una reclamación que cobra especial relevancia en Granada, donde las alertas por altas temperaturas se han convertido en habituales durante los meses de verano.
La Alhambra y la empresa se ponen de perfil
El Patronato de la Alhambra y Generalife, dependiente del Gobierno andaluz, evita entrar en el fondo del conflicto y recuerda que las relaciones laborales corresponden exclusivamente a la empresa adjudicataria. No obstante, sostiene que ha favorecido el diálogo entre las partes y que el director del monumento, Rodrigo Ruiz-Jiménez, ha mantenido contactos tanto con la representación sindical como con Sedena para propiciar una solución. La institución también asegura que durante el último año ha impulsado mejoras materiales en los puestos de trabajo, como la creación de zonas de sombra, la instalación de ventiladores, la reubicación de algunos espacios de atención al público y la habilitación de nuevas áreas de descanso.
Sedena, por su parte, se limita a asegurar que “en todo momento mantenemos una constante comunicación directa con la representación legal de todas las personas trabajadoras de la empresa, al respecto de las condiciones laborales y los convenios colectivos laborales de aplicación”. Pese a la insistencia de este medio, la empresa no ha respondido, sin embargo, a las cuestiones planteadas sobre las jornadas parciales, las reclamaciones salariales, las medidas de conciliación o las denuncias relativas a la prevención de riesgos laborales.
El conflicto llega además en un momento en el que el modelo de gestión de la Alhambra vuelve a estar bajo la lupa de parte de su plantilla. En los últimos años, trabajadores del propio Patronato han alertado en distintas ocasiones de una progresiva externalización de servicios y de la pérdida de personal propio en áreas consideradas estratégicas, desde la conservación del patrimonio hasta la atención al público. Este conflicto se desarrolla precisamente en uno de esos servicios ya externalizados y vuelve a situar sobre la mesa el debate sobre quién sostiene el funcionamiento cotidiano del monumento más visitado de España junto con la Sagrada Familia y bajo qué condiciones lo hace.