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El calvario de dos trabajadoras tras el escándalo de los reactivos caducados en un hospital de Málaga: “Me siento amenazada”

Néstor Cenizo

Málaga —
29 de julio de 2026 20:54 h

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“Me siento amenazada y observada. Me tienen desquiciada. Trabajo con pánico”, cuenta una trabajadora del Hospital de la Axarquía, el centro sanitario público de referencia en la comarca oriental de Málaga. “Somos basura, y como tal quieren sacarnos a la calle”, cuenta otra. “Vienen a mi sitio y hacen como que escupen. ¿Tú crees que yo tengo que soportar esto?”, se pregunta mientras saca de bolso el arsenal de pastillas para controlar la ansiedad, incluyendo un blíster de píldoras de rescate.

Ella fue advertida de una posible suspensión de empleo y sueldo después de que varias compañeras la denunciaran por grabarlas con su móvil, algo que ella niega. Tras declarar, todo quedó en nada. La otra denuncia que está asignada al banco de sangre, un servicio de máxima sensibilidad en el que tiene menos experiencia, en una situación de máxima presión en la que no recibe ayuda.

Ambas han solicitado permanecer en el anonimato para este reportaje, pero ya han puesto en conocimiento de la Inspección de Trabajo que están siendo denigradas a la vista de todo el mundo desde que el sindicato CSIF revelara públicamente que, con el impulso de cargos intermedios, personal del laboratorio del hospital había usado reactivos caducados o que habían perdido estabilidad para realizar análisis clínicos de forma reiterada y deliberada, lo que comprometería la fiabilidad de miles de resultados. El objetivo de esta presunta práctica sería ahorrar en consumibles que vienen en envases que rara vez se agotan antes de caducarse, con el fin de acceder a generosos complementos de productividad.

Antes de dar el paso de la denuncia pública, el sindicato acudió a primeros de enero ante el gerente del hospital, Miguel Moreno Verdugo, que archivó la investigación interna en poco más de un mes sin motivar la decisión. En ese periodo, CSIF la hizo pública, y ante el archivo, la amplió y la presentó ante Fiscalía, que la investiga desde finales de abril.

Poco después, este medio desveló la existencia de mensajes (“Los que estén caducados no los tiréis, yo los aprovecharé en rutina”; “Pueden seguir utilizándose, simplemente leyendo el código del reactivo y cambiando la fecha de caducidad”) y fotografías donde se ven botes con etiquetas no originales o envueltos en film donde se lee “caducado” o “arreglado. Uso” escrito a rotulador.

Este material ha sido incorporado a la denuncia ante Fiscalía, que cuenta también con cuatro testimonios de trabajadores o extrabajadores grabados en vídeo, y ofrece la posibilidad de interrogar a varios más supuestamente dispuestos a corroborar el empleo de esta práctica desde 2020.

El SAS no ha respondido a las preguntas formuladas por este medio, con la petición de que fueran trasladadas al gerente y la coordinadora y la jefa de servicio responsables del laboratorio, y ha remitido en su lugar la misma respuesta que ya dio en su día: no hay “constancia” de que se haya utilizado el material caducado o sin estabilidad, y se ha constatado “con los responsables y el equipo del laboratorio” la “falsedad de estas afirmaciones”.

La coordinadora y la jefa de servicio han reclamado 20.000 euros al sindicato y dos de sus responsables en un acto de conciliación previo a una posible querella por injurias y atentado contra su honor, que terminó sin acuerdo. El sindicato no ha recibido aún ninguna querella.

Denuncia ante la Inspección de Trabajo

“Yo he visto pipetear agitar y rellenar con cuatro botes de distintos colores, no se escondían”, cuenta una de las personas ahora señaladas, quien explica que algunos testigos son reticentes a hablar por el temor a verse salpicados también ellos: “Eso lo ha visto todo el mundo. ¿No les da vergüenza haber engañado a gente con tumores? ¿De qué somos culpables? ¿De decir la verdad? ¿De defender a los pacientes?”.

En este contexto, un grupo de trabajadores y trabajadoras del laboratorio estaría tomando represalias contra varios compañeros y, con especial saña, contra dos, a quienes responsabilizan de haber expuesto al sindicato las presuntas irregularidades que han acabado llegando a la opinión pública y al fiscal. Ambas rondan los veinte años de experiencia laboral en el SAS.

El sindicato CSIF (el que tiene mayor representatividad en el hospital) ha presentado una denuncia ante la Inspección de Trabajo en la que da cuenta de la situación de “hostigamiento sistemático y documentado”, que estaría “amparado jerárquicamente” por la coordinadora y la jefa de servicio y, en última instancia, por la gerencia.

Desde que estalló el escándalo, la mayoría de las compañeras no les habla, quien se atreve lo hace a escondidas y ellas prefieren desayunar en un parque cercano ajenas a la mirada de otros compañeros en la cafetería, según relatan. Durante el encuentro con el periodista piden cambiar la ubicación en dos ocasiones. Este medio ha podido constatar la existencia de alguna imagen de perfil en redes en la que quienes las atosigan se autodescriben como “las Vengadoras de Laboratorio”.

Las conductas relacionadas por el sindicato incluyen el “aislamiento social deliberado” y su señalamiento como “chivatas”; “insultos habituales y reiterados” por parte de la coordinadora (“basura” y “escoria”); la adscripción de una de las afectadas al área de banco de sangre, donde tiene menos experiencia “para provocar errores imputables a la misma”, y “humillaciones públicas reiteradas y conductas de menosprecio en el entorno laboral cotidiano”.

Informes de la Unidad de Salud Mental y un posible expediente

En los últimos meses han necesitado atención sanitaria por esta situación. Una de ellas ha acudido en dos ocasiones a Urgencias por sendas crisis de ansiedad, según los partes consultados por este medio. Las dos han acudido recientemente a la Unidad de Salud Mental, que en ambos casos ha diagnosticado depresión y ansiedad de origen laboral.

Esta situación se estaría produciendo sin que los responsables del servicio o del hospital hayan tomado medida alguna para evitarla. Al contrario, la gerencia habría contribuido a elevar la presión, según CSIF. La denuncia del sindicato recoge que, una vez archivada la investigación interna, el gerente anunció durante una reunión con los representantes sindicales que expedientaría a las trabajadoras que habrían contribuido a desvelar la práctica presuntamente irregular del laboratorio. Esto supone instrumentalizar el procedimiento disciplinario con una finalidad represora, según el sindicato.

Ambas están convencidas de que buscan cualquier excusa para expedientarlas. Una de ellas explica que responden a sus cuestiones laborales con un “búscate la vida”, que su situación es de máxima presión y que un error en el banco de sangre puede tener repercusiones graves para los pacientes.

La otra ya ha sufrido una investigación interna reciente. Según relata, a mediados de junio recibió un aviso por un cauce no reglado de que acudiera a una cita para una “información reservada” que podía desembocar con una sanción de suspensión de empleo y sueldo. Sólo al día siguiente, el abogado del hospital, encargado habitualmente de instruir los expedientes de información reservada, le aclaró el motivo: seis compañeras la acusaban de sacar su móvil para grabar o fotografiarlas el día en que celebraron en el recinto del hospital el archivo de la investigación de la gerencia por el uso de los reactivos caducados. El instructor preguntó si era cierto que había grabado y qué hacía con el móvil, y le avisó que trasladaría las respuestas al gerente.

Ella asegura que sostenía el móvil en alto porque sus problemas de visión le impiden leer de otra manera. La investigación, de la que no le dieron ni un papel, se archivó, según le informaron desde el sindicato, pero durante dos semanas la mujer vivió angustiada por la posibilidad de quedarse durante meses sin el único sueldo estable que entra en su hogar, con hipoteca y dos hijos. “Yo me quería morir”, recuerda: “No lo perdonaré en la vida, han jugado con el pan de mi casa”. Para entonces, mucha gente sabía de un posible expediente que, por definición, es reservado.

Refuerzo de las responsables de laboratorio

Mientras tanto, las dos personas señaladas en la denuncia ante Fiscalía pueden quedar reforzadas internamente. Por un lado, el Gerente ha asignado a la jefa de servicio de Laboratorio también la jefatura de Anatomía Patológica. Y por otro, ha decidido cubrir la plaza de coordinador/a del Laboratorio lanzando un concurso de méritos, publicado en BOJA el 9 de julio.

Esto es un hito. La publicación y nombramiento de estas plazas en el SAS es una vieja reivindicación sindical, porque hasta ahora estos puestos de coordinadores de técnicos medios o superiores se cubrían con designaciones informales. Este sería el primer nombramiento de este tipo, según CSIF, y tendría el efecto de blindar a quien ganase la plaza. CSIF tiene la sospecha de que la candidata con casi todas las papeletas es la actual coordinadora.

Los movimientos ocurren mientras la Fiscalía investiga el funcionamiento del laboratorio y en mitad del verano, lo que acrecienta algunas sospechas. “Nos parece muy inoportuno. Lanzan una convocatoria para nombrar la primera coordinadora de técnicos del SAS, que va a formar parte del organigrama, ¿y no ponen sobre la mesa que hay una denuncia sin resolver ante Fiscalía por quien es la principal candidata a presentarse? ¿No es más prudente esperar?”, se pregunta una fuente sindical.

La novedosa convocatoria se produce también en plena reorganización de los equipos directivos en el SAS, que incluye el nombramiento de una nueva gerente para la Sanidad andaluza, María de los Ángeles García Rescalvo. Es la quinta gerente del SAS desde que Juan Manuel Moreno alcanzara la presidencia de la Junta de Andalucía. El primero fue, precisamente, Moreno Verdugo, ahora gerente del Hospital de La Axarquía y su área sanitaria.