INVESTIGACIÓN
“Si sale caducado, no lo tiréis”: así se instaba a usar material obsoleto para análisis en un hospital público de Málaga
El laboratorio de análisis del Hospital Comarcal de La Axarquía (Torre del Mar, Málaga) habría conservado reactivos caducados con el fin de reutilizarlos, lo que cuestiona la fiabilidad de los resultados de los análisis, según puede deducirse de mensajes de Whatsapp, fotografías y al menos cuatro testimonios que han sido puestos a disposición de Fiscalía por el sindicato CSIF. Para evitar los controles que las máquinas realizan para evitar el uso de reactivos caducados, personal del laboratorio habría mezclado esos restos con reactivos en buen estado o cambiado las etiquetas que identifican el lote.
Esta práctica irregular fue habitual al menos entre 2020 y 2025, según cinco testimonios recabados por este medio, que apuntan a dos mandos intermedios del laboratorio como impulsoras del sistema. “Se decía claramente en las reuniones”, dice un facultativo con experiencia en varios hospitales públicos: “Es el único sitio donde he vivido algo así”. El fin sería ahorrar en reactivos que, por su uso no tan frecuente, pueden caducar sin que se agote el contenido del envase.
“Si algún reactivo sale caducado del Atellica [una de las dos máquinas provistas por Siemens al hospital] no lo tiréis, tapadlo y dejadlo en la cámara. Yo los aprovecharé en rutina. Sólo tirad los que salgan vacíos. Gracias”, se lee en uno de esos mensajes enviados al grupo de Whatsapp que compartían facultativos y técnicos del laboratorio del hospital axárquico, compuesto ahora por 47 personas en total. La veracidad de estos mensajes ha sido corroborada por un perito informático.
“Hay varios diluyentes 3 del IMT caducados, para poder utilizarlos hay que realizar entrada manual y cambiar la fecha de caducidad”, dice otro mensaje escrito por la misma persona en mayo de 2021. “Buenas! Si el Atellica 1 expulsa este fin de semana algún reactivo que sea exclusivamente de rutina, necesito que no lo repongáis, por favor, estamos intentando alargar la estabilidad a bordo para que no se caduquen teniendo técnicas disponibles”, dice otra responsable en julio.
En esas conversaciones se habla de “programar el caducado antiguo como muestra” y de reactivos “engañados”, y se advierte de “en ningún caso tirarlos”, en referencia a los botes que la máquina expulsa por considerarlos inaptos. En un mensaje escrito el 8 de noviembre de 2022, una de las responsables explica que diluyentes que caducan al día siguiente pueden seguir utilizándose “simplemente leyendo el código del reactivo y cambiando el año de la fecha de caducidad a 2023”.
Fotografías: “Caducada”
Hay también indicios gráficos de esta práctica. En más de una docena de fotografías se observan botes fuera de sus cajas envueltos en film transparente, con números (aparentemente fechas) escritos a mano y etiquetas superpuestas.
Serían reactivos ya abiertos y retirados de la máquina que se guardaban para aprovechar su uso, “engañando” al sistema de control sustituyendo etiquetas, cambiando de máquina (hay dos) o mediante el “pipeteo”, que consiste en extraer el resto del fondo de un recipiente y mezclarlo con otro que se pueda usar. En tres de esas fotos alguien ha escrito “caducada” o “caduc” sobre el film transparente que envuelve los botes. En otra imagen se observan cajas sobre las que se lee “arreglado. Uso”.
Algunas de esas cajas y botes tienen etiquetas superpuestas con tipografía diferente a la original de Siemens. Los números de lote en esas etiquetas también son llamativos: 111112, 111113, 111114… La fecha de caducidad llega a junio de 2029. Justo debajo de la caja con etiquetado manual donde se lee “arreglado uso”, un bote del mismo reactivo envuelto con la etiqueta original tiene como fecha de caducidad julio de 2024.
La denuncia de esta situación en vía interna fue archivada a mediados de marzo por el gerente del hospital, Miguel Moreno Verdugo. El sindicato CSIF y tres de sus responsables provinciales, que hicieron una denuncia pública antes de llevarlo a Fiscalía, han sido citados a una demanda de conciliación por las responsables señaladas. Cuando se conoció la denuncia, algunos trabajadores del laboratorio difundieron un vídeo desmintiendo los hechos.
Este medio remitió el pasado miércoles por la mañana sendos cuestionarios al SAS y a Siemens, pidiendo su posición ante la denuncia del sindicato y los testimonios de media decena de profesionales. El SAS asegura que ya “se constató con los responsables y el equipo del laboratorio” la “falsedad” de la denuncia interna del CSIF.
El SAS no ha respondido a las preguntas sobre qué explicación pueden tener las fotos y los mensajes, ni cómo seleccionó a quienes prestaron declaración en el expediente reservado. En cuanto a la denuncia ante Fiscalía, asegura que no tiene constancia. “Sí tenemos constancia, en cambio, de que algunas personas del servicio se han querellado contra el sindicato y los firmantes”.
Siemens no ha respondido.
Un caso crítico en enero
El Hospital de La Axarquía es el centro de referencia para esta comarca oriental de Málaga, y tiene una población diana de unas 150.000 personas, que puede triplicarse en periodos punta del verano. Cada año se realizan aquí miles de análisis de urgencia o rutina. El 70% de las decisiones clínicas se toman en base a pruebas de laboratorio, según el SAS. Potencialmente, el impacto de esta presunta irregularidad es enorme, pero es imposible precisar qué repercusión concreta habría tenido esta presunta práctica.
Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones el médico decide repetir la prueba ante un resultado anormal. Las fuentes consultadas explican que la posibilidad de un mal uso no se da con los reactivos más frecuentes, porque su consumo es elevado y se gastan continuamente. El uso irregular estaría acotado a reactivos específicos, algunos muy delicados. Por ejemplo, los que determinan niveles de medicamentos como fenobarbital (un barbitúrico sedante), procalcitonina (infecciones bacterianas) o paracetamol, o elementos como litio (tratamiento de trastorno bipolar), amonio (encefalopatía hepática, cirrosis), digoxina (insuficiencia cardíaca congestiva), beta-HCG (trastornos tiroideos), lipasa (pancreatitis) o magnesio.
El pasado 25 de enero una niña de 15 años ingresó en el hospital, en lo que parecía un intento de autolisis mediante intoxicación con paracetamol, que puede causar graves daños hepáticos e incluso la muerte. Cuando buscaron el reactivo, las dos técnicos que estaban en ese momento en el laboratorio solo hallaron cuatro botes ya abiertos. “Caducados, perforados y uno derramado. Intentábamos meterlos y la máquina los rechazaba una y otra vez, porque el principio activo tiene un mes de vida”, cuenta una de esas personas.
Angustiadas, pidieron ayuda telefónica a la facultativo por teléfono, quien les aseguró que había uno nuevo en algún lugar del laboratorio “por si hacía falta”. “¿Por si hacía falta? Estaba escondido en una caja en el suelo”. El resultado es que el análisis estuvo listo dos horas y media después de que la niña ingresara en Urgencias, y no en una hora como está previsto. “Que entres con una niña que se va a morir y haya que usar un reactivo caducado... Que haya cuatro caducados, y el que está bien esté escondido... ¿A qué están jugando?”.
Según cuenta esta persona, la facultativo le habría dicho: “Estoy harta de los reactivos caducados; esta semana ya hemos tenido el problema de la vancomicina”.
“Los técnicos tenían orden de no tirar”
Los técnicos de laboratorio bajo supervisión del coordinador ejecutan instrucciones de los facultativos (médicos especialistas, químicos, biólogos o analistas), que tienen la responsabilidad clínica. Por encima está el jefe de servicio.
Cinco personas con diferentes funciones (facultativos, técnicos y personal administrativo) han explicado a este medio que las instrucciones para seguir usando reactivos caducados o inestables eran conocidas hasta el punto de que llegaron a trascender las puertas del hospital, generando desconfianza en los resultados analíticos que venían de allí.
“A mí me llamaban los técnicos para preguntar qué hacían con un reactivo expulsado y yo decía que lo tiraran, pero me llamaban como si no se pudiera tirar”, explica a elDiario.es Andalucía un facultativo: “Sé que otros les decían que lo dejaran en la nevera. Los técnicos tenían orden de no tirar”. Esta misma persona asegura que en una reunión en 2024 alguien se jactó que había usado un reactivo de 2020 e “iba bien”. Según su testimonio, en esas reuniones celebradas entre turnos a las 14:00, se hablaba con naturalidad de reutilizar los “culillos” de los botes o cambiar la fecha, y nadie parecía darle mucha importancia: “Yo no sabía si no se estaban enterando o miraban para otro lado”.
Otro facultativo cuenta que a veces los técnicos le llamaban durante su guardia para pedir instrucciones cuando los reactivos no superaban los controles y calibraciones de la máquina: “Lo tiras y pones uno nuevo”, les decía. Pero a veces respondían que tenían que guardarlo. “¿Para qué?, si no sirve... Y me decían que ya les habían llamado la atención”.
Según coinciden las fuentes, la fiebre por recuperar restos que debían ser desechados llegó a provocar broncas y situaciones chocantes, como que se revolviera en los cubos para comprobar que los botes estaban efectivamente vacíos, y recoger los que lo estaban y tenían etiqueta válida, supuestamente con el fin de rellenarlos.
Otra fuente relata que la práctica arrancó en 2020. “Antes jamás había visto esto”. Al principio, de forma discreta: “Yo veía que una facultativo trapicheaba con tarros, y me preguntaba qué estaría haciendo. Empezaron a hacerlo cada vez más, y ya un técnico me dijo: ”Son culos de reactivos que rellenan y luego reutilizan“. En el último año, hasta que estalló, ya no tenían pudor”. Esta persona asegura que ha visto “muchas veces” cómo se retiraban los botes que la máquina desechaba para que por la mañana “amañen lo suyo”.
“No utilice los productos después de la fecha de caducidad”
Los análisis realizados con estos reactivos sirven para determinar el nivel en sangre de sustancias químicas cuyo exceso o carencia puede tener graves efectos sobre la salud. Un reactivo caducado puede subestimar o sobreestimar el nivel sérico de la sustancia, precipitando una infradosis o sobredosis con riesgo de intoxicación y muerte.
Para realizar estos análisis el Hospital de La Axarquía dispone de dos aparatos Atellica de Siemens. En el manual técnico de esos aparatos se lee: “No utilice los productos después de la fecha de caducidad impresa en la etiqueta del producto” (“Do not use products beyond the expiration date printed on the producto labeling”). La sección Onboard Stability señala: “Los reactivos son estables a bordo del sistema durante 28 días. Deseche los reactivos al final del intervalo de estabilidad a bordo” (“Reagents are stable onboard the system for 28 days. Discard reagents at the end of the onboard stability interval”).
Cuando un reactivo está caducado o no supera el control de estabilidad, el fabricante no garantiza su fiabilidad. De esta forma, el diagnóstico que el médico realiza a partir del resultado de un análisis realizado con un reactivo caducado o inestable queda comprometido. Los tratamientos prescritos pueden ser menos efectivos o no serlo en absoluto si parten de un diagnóstico incorrecto basado en un resultado erróneo.
Las máquinas incorporan un temporizador de cuenta atrás para garantizar que lo que queda en uso está dentro del periodo de estabilidad. La máquina expulsa los reactivos caducados o sin estabilidad (que depende de la fecha en que se abrió o las condiciones de conservación), salvo que se la induzca a error.
Las personas que prestan su testimonio en este reportaje lo hacen bajo condición de anonimato. “Todos saben que es verdad. Sólo quiero que no se vuelva a hacer más, y al que se le ocurra similar que piense que tuvo consecuencias”, dice una de ellas. “Se ha jugado con la salud de las personas. Hay gente que se ha alegrado de que esto salga a la luz, pero tienen miedo”, dice otra. También han prestado su testimonio, con nombre y apellidos, en la denuncia interpuesta en Fiscalía.