Abierto por obras: visitas guiadas a los trabajos arqueológicos en una iglesia ubetense

“Pasen, si el grupo no es muy grande, pueden pasar a ver”. La voz advierte desde el interior de una iglesia a dos turistas que pasean por el centro histórico de Úbeda, un día cualquiera de la semana. Se han asomado a la iglesia de San Lorenzo. El cajón de escombros del exterior no ha disuadido a su curiosidad.iglesia de San Lorenzo A la Fundación Huerta de San Antonio, que desde 2013 gestiona este espacio con fines sociales y culturales, tampoco. De hecho su lema es ‘Abierto por obras’.

Cada fin de semana, esa expresión les sirve de excusa para mostrar los avances de las catas arqueológicas que está realizando para averiguar la vida del templo, localizar sus debilidades y acometer las tareas de reparación para rehabilitarla. Han llegado hasta la roca, lo que permite decir que no hubo ningún edificio anterior al religioso. Bajo el suelo solo han aparecido decenas de enterramientos, habituales en iglesias.

También, señala arqueóloga Nani Gómez, han constatado que el edificio “era muy austero, como corresponde al barrio en el que se construyó”. Una zona de hortelanos y jornaleros que entre sus paredes atesora algunos misterios que, a menudo, se cuelan en las novelas de Antonio Muñoz Molina, su paisano más ilustre, que vuelve a través de ellos a Mágina, su peculiar ‘Macondo’.

Esta iglesia dejó de oficiar misa en el primer tercio del siglo XX. Después sirvió de albergue de desplazados (en la posguerra), silo de cereales, almacén de tronos para los pasos de Semana Santa, taller de artesanos… En sus paredes aún pueden verse dibujos, casi grafitis, de los imagineros que perfilaban ideas para sus tallas.

La Fundación

El tiempo ha ido desvistiendo sus capillas, borrando los colores de las paredes y desgastando las filigranas en los arcos. Después la cubrió de yedra y la humedad hizo el resto. “Cuando murió la campanera”, dice la arqueóloga varias veces para señalar el momento indefinido en que se acabaron los cuidados. El invierno de 2013 parecía que todo se iba a pique. Entonces los vecinos dieron la alarma y la Fundación ‘Huerta de San Antonio’, que entonces empezaban a construir tres hermanos de raíces ubetenses, dio un paso al frente y negoció restaurarla a cambio de convertirla en un centro de actividad social y cultural durante 50 años.

Desde entonces, más de 6.000 personas han desfilado por los actos que se han organizado en el templo: desde un concurso de versiones de canciones de Joaquín Sabina a la presentación del último libro de Muñoz Molina.

Ahora, algunos de esos visitantes ocasionales, mezclados con los turistas, vuelven cada semana. “Muchos vienen por el morbo de los enterramientos”, señala la arqueóloga, “pero cuando les explico cómo ha ido cambiando la iglesia desde su origen hasta este suelo de hormigón, se van encantados”. Y a veces repiten “porque seguimos trabajando” y cada semana hay cosas nuevas que contar“.

Entre esas novedades ha aparecido el ábside románico –una de las escasas muestras de este estilo arquitectónica en Andalucía- escondido entre el altar renacentista y las estancias donde vivía la sacristana. Todas esas explicaciones van incorporadas en una ruta que hay que reservar previamente y que siempre dura más de una hora. Un recorrido salpicado de anécdotas y curiosidades, que desentierra a la par el pasado de un edificio y la silenciosa labor de los arqueólogos. Todo eso a pocos pasos de uno de los miradores con las vistas más espectaculares que Úbeda ofrece a Sierra Mágina y el Valle del Guadalquivir.

 

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