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La campaña de cereal en Aragón, en peligro por la falta de lluvia y las altas temperaturas

El cereal en Aragón atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años. Agricultores y organizaciones agrarias coinciden en señalar que, en esta campaña de 2026, la combinación de altas temperaturas —impropias para este momento del año— y una acusada falta de precipitaciones —en plena fase clave del cultivo—, está comprometiendo seriamente las expectativas de la cosecha aragonesa, especialmente en las zonas de secano.

Según diversas fuentes del sector, la situación actual ha llevado a hablar abiertamente de un escenario límite. Así lo ha explicado ASAJA Aragón, que ya ha alertado de una posible “catástrofe” si no se producen lluvias en los próximos días, ya que muchos cultivos se encuentran “en fases críticas de desarrollo y necesitan agua de forma urgente”, aseguran.

Un cultivo en fase crítica

El problema no radica solo en la ausencia de lluvias, sino en el momento en que se produce. La primavera es un momento determinante para el cereal, ya que en estas semanas se define el llenado del grano. Sin embargo, el calor adelantado está acelerando el ciclo vegetativo lo que está impidiendo el desarrollo normal de las plantas.

En amplias zonas del centro de Aragón, sur de Zaragoza, algunas partes de Huesca y en el norte de Teruel, los cultivos presentan ya “signos de estrés hídrico severo”, ha alertado ASAJA. Las previsiones meteorológicas, lejos de mejorar el panorama, apuntan a la continuidad del calor, aunque se esperan lluvias para la semana próxima, lo que podría traducirse en rendimientos mínimos, pero no se descarta que en algunos puntos de la comunidad las cosechas sean ya nulas.

La afección no es homogénea. Mientras que las zonas más tempranas están ya en una situación crítica, otras comarcas con ciclos más tardíos —especialmente áreas más altas del norte de Aragón— mantienen cierto margen de recuperación. No obstante, incluso en estas zonas, el sector insiste en que sin un cambio meteorológico inmediato la campaña también podría verse “gravemente” afectada.

Más inversión, más riesgo

A la incertidumbre climática se suma un factor económico que agrava la crisis. Tras un invierno relativamente húmedo, muchos agricultores “apostaron” por una campaña favorable, una previsión que les llevó a aumentar su inversión en fertilizantes, fitosanitarios y otros insumos.

Este incremento de costes convierte la situación actual en “especialmente preocupante”, denuncian los profesionales. Si la cosecha no llega a materializarse, las pérdidas no solo serán productivas, sino también económicas, lo que podría comprometer la rentabilidad, y hasta la viabilidad de muchas pequeñas explotaciones aragonesas.

Un sector ya debilitado e incertidumbre en los mercados

La crisis climática llega además en un contexto estructural complicado para el cereal aragonés. El sector arrastra desde hace años varios problemas que se han convertido en estructurales: los altos costes de producción, los bajos precios en origen y una elevada carga burocrática.

De hecho, la campaña de 2025 ya reflejó esta fragilidad: pese a una buena producción en algunas zonas, los bajos precios dificultaron cubrir gastos, evidenciando que la rentabilidad del cereal depende no solo de la climatología, sino también del mercado.

Un mercado que ya refleja los primeros coletazos de esta situación meteorológica. La incertidumbre sobre la evolución de los cultivos ha frenado la caída de los precios del cereal en las últimas semanas, en un contexto de baja actividad comercial y expectación entre operadores.

Un punto de inflexión para el campo aragonés

La campaña de cereal de 2026 se podría convertir en un punto de inflexión. La combinación de clima extremo, altos costes y debilidad estructural colocan al sector en una posición delicada. Y, ante este escenario, los profesionales del campo no descartan solicitar ayudas extraordinarias si se confirma el peor pronóstico. Entre las posibles medidas se barajan, ASAJA ha puesto ya sobre la mesa algunas: apoyos directos, flexibilización de la PAC y otras medidas fiscales que permitan aliviar la presión económica sobre los agricultores.