Cuando la huelga se va de vacaciones
Ya estamos de lleno en la última semana de huelga de una parte del colectivo médico antes de las vacaciones de verano y seguimos sin saber muy bien por qué están de huelga y por qué aporrean puertas que no corresponden mientras las que sí corresponden se posicionan en su favor sin hacer ningún cambio.
Nos declaramos servicios máximos en esta huelga que no merece ese nombre por su contenido conservador y que nos recuerda a aquellos “cayetanos revolucionarios” que se levantaron en palos de golf en el madrileño barrio de Salamanca en el 2020 mientras clamaban que preferían morir de pie que vivir arrodillados (valiente apropiación cultural).
Nuestro personal médico rebelde vocifera “no es vocación, es explotación”. Perdonen, pero vamos a reservar la vocación para los religiosos y religiosas (más para estas segundas, pero eso es otro tema) y vamos a asumir que trabajamos por dinero, porque es lo que se nos impone para sobrevivir en este sistema a algunas, para otros es un complemento a otros ingresos que dependen de explotar a otras personas (ya sea en alquileres abusivos o como fruto de su trabajo, por ejemplo). Que cada cual sepa dónde se posiciona. Así que, no, no es vocación y, sí, es explotación de su fuerza de trabajo. Una vez descubierta la pólvora, vamos a profundizar un poco.
Vemos cómo vamos perdiendo derechos y servicios de esos que llamamos públicos poco a poco según va creciendo la militarización, la represión y hay un auge del pensamiento reaccionario. Una parte importante de esos servicios que estamos perdiendo implica el derecho a la salud. O, ojo, que aquí no entra solo la sanidad, sino también una vivienda digna, alimento, educación, ocio… Pero, y aquí destapamos la primera mentira de esta huelga, nadie de este colectivo en huelga hace amago de movilizarse por ningún condicionante social de la salud, ni tan siquiera por la Sanidad pública en sí misma.
Una de sus exigencias es que se respete la compatibilidad público-privada, cuando no hace más que sumar horas de trabajo a esas que ya declaran abusivas y cuando supone un expolio a la pública. Pero eso ya han dejado claro que no les importa.
El trabajo en Sanidad es un trabajo en equipo donde cada cual aporta su conocimiento en servicio del grupo y del paciente. Si una parte del equipo quiebra, el resultado es nefasto. No es posible mantener una atención sanitaria adecuada solo con un equipo médico, sin el resto de personal, sería una fuente de conocimiento de su rama sin posibilidad de ejecución de su potencia. Sin enfermería, sin auxiliares, sin celadores y celadoras, sin personal de limpieza, sin administrativos, sin fisioterapeutas, sin servicio de psicología, sin técnicos, etc., seríamos libros con patas con algo más de autonomía, quizá, en los ambulatorios.
Pero, aún así, las personas que están en esta huelga se creen que son más y que merecen una consideración mayor al de las enfermeras, a las que creen su escalón inferior, por los años de formación que llevan a sus espaldas. Poder estudiar durante seis años y poder preparar el MIR un año más es un privilegio que no está al alcance de aquellas personas que tienen que contribuir con un jornal, más precario seguro, a su economía familiar y que no disponen del tiempo y los recursos que muchos otros hemos tenido a nuestro alcance. Ya vale de tirar del esfuerzo personal como garante del éxito, hace tiempo que se ha demostrado que es un discurso falaz.
A las personas licenciadas en medicina se nos presupone un pensamiento científico crítico basado en la evidencia. Esto hace que se nos de cierta credibilidad en nuestros juicios y opiniones. Esta huelga ha demostrado que no merecemos dicha credibilidad y que somos seguidores del populismo como tantas otras personas.
Muchas médicas y médicos huelguistas no saben qué dice el nuevo estatuto marco, no conocen cómo se manejan las horas laborales y qué computa y qué no para la jubilación de todos los mortales, no saben que sí ha habido médicos y médicas en otros sindicatos no sectarios que sí han estado en la mesa de negociación, no saben quién es el organismo responsable de atender a sus exigencias/quejas/lamentos/lloros.
No saben y no quieren saber. Lo único que tienen claro es que no quieren hacer jornadas de guardia de 24 horas, a pesar de que muchos seguirán después otras jornadas de trabajo en la Sanidad privada y a pesar de que las aceptarán si son pagadas a mejor precio. Históricamente, las guardias se establecieron ante la negativa del colectivo médico a trabajar como el resto de sanitarios con unos turnos que favorecerían el aprovechamiento del recurso público en perjuicio de la mimada Sanidad privada. La falta de licenciados y licenciadas en medicina se resolvería con mayor número de plazas y una nota de corte más baja en la universidad pública.
En definitiva, consideramos que esta huelga es un movimiento clasista que, como el peor populismo, manipula el malestar cierto y justo de la mayoría del colectivo médico para conseguir que nada cambie en el fondo y que una elite de facultativos siga dando forma tanto a la profesión como a los sistemas públicos de salud según su conveniencia. Esa misma elite que nos amenaza con parones indefinidos... después de sus vacaciones, claro.
Sobre este blog
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