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Entre ‘Acción Social’ y ‘Espartaco’: dos mujeres en la prensa política palmera

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Sara Pérez con José Miguel Pérez y la hija de ambos.

La presencia femenina en la prensa palmera de las primeras décadas del siglo XX fue excepcional. En un ámbito ocupado casi por completo por hombres, apenas unas pocas mujeres llegaron a figurar como redactoras o a publicar textos con su nombre. Entre ellas se encuentran Mercedes Acevedo Valcárcel y Sara Pérez García, vinculadas durante los años veinte y treinta a dos culturas políticas enfrentadas y a dos periódicos representativos de aquella confrontación: Acción Social, portavoz del catolicismo organizado, y Espartaco, órgano del movimiento obrero y del comunismo palmero.

Sus trayectorias fueron distintas y también lo son las huellas que dejaron. De Mercedes no se han identificado artículos firmados en Acción Social, pero está acreditada su pertenencia a la redacción y puede seguirse su actividad como propagandista, oradora y dirigente política. Sara, en cambio, dejó una producción periodística que permite conocer directamente sus ideas sobre la igualdad, el sufragio femenino, la maternidad, la intolerancia, la explotación social o la guerra. Ambas ocuparon espacios poco habituales para las mujeres de su tiempo y relacionaron el periodismo con una intensa participación política.

Mercedes Acevedo Valcárcel: redactora y propagandista católica

María de la Asunción Mercedes Acevedo Valcárcel nació en Santa Cruz de La Palma el 15 de agosto de 1903 y era hija del gobernador militar de la isla, Jerónimo Acevedo de la Cruz. Su nombre aparece desde muy pronto en la vida asociativa de la ciudad. En 1923 figuró entre las jóvenes invitadas por el Real Nuevo Club para colaborar en la organización de una exposición de flores, plantas y pájaros. La noticia pertenece todavía al ámbito cultural y recreativo, pero muestra que participaba ya en los espacios públicos de relación de la capital palmera.

Su trayectoria adquirió una dimensión claramente política después de la proclamación de la Segunda República. En 1932 fue elegida tesorera del comité de Acción Popular Agraria constituido en Santa Cruz de La Palma. Dos años después volvió a ser elegida por unanimidad para la tesorería del comité insular de Acción Popular. La continuidad en el cargo demuestra que no era una simple afiliada, sino una persona de confianza dentro de la organización. En 1936 figuraría, además, como secretaria de su Comité Femenino.

Su actividad política discurrió paralelamente a su incorporación a Acción Social. El periódico había comenzado a publicarse en 1931 como cabecera católica y, tras quedar ligado a Acción Popular, se convirtió en uno de los principales instrumentos del catolicismo político palmero. Desde sus páginas defendió los intereses religiosos, combatió la política laicizadora de la República y participó activamente en las campañas electorales de las derechas.

La pertenencia de Mercedes Acevedo a la redacción está confirmada por el propio periódico. Cuando se bendijeron sus talleres, la ceremonia fue apadrinada por el director, José López y Martín Romero, y por quien la noticia denominaba expresamente «la redactora de Acción Social, Srta. Mercedes Acevedo Valcárcel». En un acto destinado a celebrar la consolidación material de la cabecera, Mercedes representaba a la redacción junto a su máximo responsable. No sabemos qué artículos escribió ni qué secciones atendió. Muchas informaciones locales, religiosas, políticas y sociales aparecían entonces sin firma, por lo que su trabajo puede permanecer oculto entre esas piezas anónimas. La falta de textos identificados no permite atribuirle una producción concreta, pero tampoco resta valor al testimonio que la reconoce formalmente como redactora.

Cabecera de 'Acción social'.

Mercedes desarrolló también una actividad continuada como oradora. En diciembre de 1932 tomó la palabra durante una velada de la Juventud Católica. Un año después intervino en un mitin de las derechas celebrado en el Circo de Marte durante la campaña para las elecciones generales de noviembre de 1933. Dos periódicos ideológicamente enfrentados ofrecieron versiones opuestas de aquel acto. Espartaco ridiculizó a los oradores y presentó a Mercedes como una señorita de «sangre azul» al servicio de los intereses clericales. Una crónica favorable de Gaceta de Tenerife, por el contrario, señaló que habló en nombre de las mujeres de La Palma, manifestó sus convicciones religiosas y patrióticas y destacó la importancia del voto femenino. La intervención se produjo pocos días antes de las primeras elecciones generales en las que las mujeres españolas pudieron ejercer el sufragio. Más allá de las valoraciones contrapuestas, ambas versiones coinciden en lo esencial: Mercedes participó activamente en la movilización del nuevo electorado femenino y asumió públicamente la defensa de su ideario.

Tras el golpe militar de julio de 1936 se alineó expresamente con el bando sublevado. En agosto pronunció una alocución ante el micrófono de la Comandancia Militar que fue reproducida por Diario de Avisos de La Palma. Se presentó como cristiana, española e hija de un militar y justificó su intervención por fidelidad a una trilogía formada por «Cristo, Patria y paternidad». Su discurso expresaba una adhesión inequívoca al movimiento encabezado por Franco y utilizaba una intensa retórica religiosa, patriótica y militar.

Poco después fue nombrada vocal de la Junta de Damas constituida para canalizar donativos destinados a la causa sublevada. En mayo de 1937 tomó posesión como tesorera de la reorganizada Asamblea Local de la Cruz Roja Española de Santa Cruz de La Palma. Este último cargo prolongaba una trayectoria marcada por la administración de fondos, la propaganda política y la participación en organizaciones asistenciales. Posteriormente contrajo matrimonio en Las Palmas de Gran Canaria con Jerónimo Saavedra Medina y estableció allí su vida familiar. Fue, a la vez, tía materna y tía política del expresidente de Canarias Jerónimo Saavedra Acevedo. Falleció en la misma ciudad, con descendencia, el 17 de mayo de 1982.

Sara Pérez García: igualdad y emancipación en la prensa obrera

Sara Pérez García nació en 1903 en La Gallega, municipio de Guanabacoa (Cuba), en el seno de una familia de origen canario. En 1922 contrajo matrimonio con José Miguel Pérez y Pérez, maestro palmero emigrado a la Perla del Caribe, donde pronto se convirtió en un activo líder comunista, y con el que puso en marcha una escuela racionalista en La Habana. Tuvieron una hija, Estelfa. La relación personal y política con José Miguel fue fundamental para su trayectoria, pero Sara no puede quedar reducida a la condición de esposa de uno de los principales dirigentes de la izquierda insular. Sus artículos muestran una voz y una actividad propias.

Después de participar en la fundación del Partido Comunista de Cuba, José Miguel fue detenido por la dictadura de Gerardo Machado y deportado a España. Sara llegó a La Palma en febrero de 1926 con su hija, que tenía entonces tres años, para reunirse con él. Durante la Dictadura de Primo de Rivera comenzó a colaborar en la prensa canaria. Publicó en El Progreso, periódico republicano de Tenerife, y mantuvo una presencia continuada en El Tiempo, cabecera republicana posibilista aparecida en Santa Cruz de La Palma en 1928. Estas colaboraciones no representan una evolución ideológica hacia el comunismo. Sus convicciones estaban ya formadas; aquellos periódicos constituían los cauces disponibles antes de la aparición de una publicación plenamente afín.

En El Tiempo abordó cuestiones muy diversas. En «La superioridad masculina» rechazó la supuesta inferioridad intelectual de la mujer y atribuyó las diferencias entre los sexos a la educación y a las oportunidades desiguales. No defendía una superioridad femenina, sino la igualdad: los hombres no tenían motivo para mirar a las mujeres «por encima del hombro». También defendió el sufragio femenino frente a Ramiro de Maeztu. Sara reconocía que el sistema electoral estaba deformado por el caciquismo, la pobreza y la falta de formación, pero rechazaba que esos problemas justificaran excluir a las mujeres. Si muchos hombres votaban sometidos a idénticas presiones, no existía una razón legítima para reservarles el derecho.

Sus intereses fueron más amplios. Escribió contra el pesimismo y la pasividad, rechazó la pena de muerte y relacionó la delincuencia con la desigualdad, la miseria y el abandono educativo. En «Maternidad» defendió una educación infantil basada en el respeto, la higiene y la tolerancia y criticó que se responsabilizara a las madres de una tarea para la que la sociedad no las había preparado. También reflexionó sobre el amor, la militancia y la autonomía femenina en «La bolchevique enamorada». En otras colaboraciones combatió el fanatismo y la intolerancia, se interesó por las transformaciones sociales de la Rusia soviética y denunció la represión de la dictadura cubana de Gerardo Machado. Su artículo «Sobre lo mismo», publicado en 1930, asociaba la persecución política con la explotación económica y mostraba que Cuba continuaba ocupando un lugar importante en sus preocupaciones después de instalarse en La Palma.

Página del semanario 'Espartaco'.

La aparición de Espartaco en 1930 le proporcionó un medio plenamente próximo a su pensamiento. El semanario estaba adscrito al movimiento obrero y al grupo liderado por José Miguel Pérez. Sara figuró formalmente entre sus redactores desde la reorganización aprobada por la Federación de Trabajadores de La Palma en 1931. En sus páginas pudo desarrollar con mayor libertad una reflexión sostenida sobre la emancipación femenina. En «La liberación de la mujer» defendió la educación, la independencia económica y la participación de las mujeres en la transformación social. No bastaba con permitir que algunas accedieran a ciertas profesiones ni con que trabajaran fuera del hogar si continuaban cobrando menos y soportando en solitario las responsabilidades domésticas. En «Nosotras en este Primero de Mayo» llamó a las mujeres trabajadoras a abandonar su posición de espectadoras. Eran ellas quienes administraban la escasez del hogar, sufrían la falta de alimentos y contemplaban el agotamiento de sus maridos e hijos. La conmemoración obrera también les pertenecía y debían participar activamente en ella.

Su texto más contundente fue «La mujer y la guerra», publicado en 1935. Sara relacionó la amenaza bélica con el capitalismo, el militarismo y las privaciones cotidianas. Criticó a las damas católicas y al feminismo burgués, incapaces, a su juicio, de impedir unos conflictos en los que los hijos de las trabajadoras eran enviados a matar y morir. Afirmaba que la mujer había sido «la víctima resignada, más explotada, más encadenada aún que el hombre»: esclava dentro del hogar y peor pagada cuando salía a trabajar.

Los textos publicados entre 1928 y 1935 muestran una gran continuidad. En El Tiempo defendió la igualdad, el sufragio, una maternidad consciente, la tolerancia y la superación de la injusticia. En Espartaco integró esas preocupaciones en una interpretación abiertamente comunista de la explotación y la lucha de clases. No cambió esencialmente Sara; cambió el periódico desde el que podía expresarse. Su escritura tuvo incluso consecuencias judiciales. En 1930 fue encausada por injurias al presidente de la República de Cuba.

El golpe militar de 1936 truncó violentamente su vida. José Miguel fue detenido y fusilado. Sara fue recluida en un hospital utilizado como prisión de mujeres y llegó a intentarse que fuera separada de su hija mediante la retirada de la patria potestad. Finalmente, ambas lograron escapar de La Palma y regresar a Cuba, donde reconstruyeron sus vidas y fallecieron.

Dos mujeres en campos enfrentados

Mercedes Acevedo Valcárcel y Sara Pérez García participaron en culturas políticas irreconciliables. Mercedes fue redactora de Acción Social, dirigente de Acción Popular, propagandista católica y oradora de las derechas. Sara colaboró en periódicos republicanos y encontró en Espartaco un cauce plenamente afín a sus convicciones comunistas. No fueron simples símbolos de la derecha y la izquierda. Fueron dos mujeres que intervinieron en un espacio reservado casi por completo a los hombres. Mercedes lo hizo principalmente mediante la redacción, la organización política y la palabra pública. Sara dejó además una obra firmada que permite seguir su pensamiento sobre la igualdad, la tolerancia y la emancipación de las trabajadoras.

Sus destinos después de 1936 fueron radicalmente distintos: Mercedes participó en las estructuras de apoyo al bando sublevado; Sara sufrió la prisión, el fusilamiento de su marido y la expulsión de la isla. Pero el estudio conjunto de ambas permite comprender que las mujeres no estuvieron ausentes de la prensa ni de la confrontación política palmera. Desde orillas opuestas, Mercedes Acevedo y Sara Pérez contribuyeron a ensanchar un espacio periodístico que hasta entonces había pertenecido casi exclusivamente a los hombres.

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