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Viento del Norte es el contenedor de opinión de elDiario.es/Euskadi. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

La desposesión de eso que llamamos público

La consejera de Salud, Gotzone Sagardui, tomando notas en el Parlamento Vasco

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Los servicios públicos no son servicios “de todas las personas”, como se entiende en el imaginario general, sino que son servicios estatales por los que las administraciones tratan de cubrir algunas necesidades , más o menos parcialmente, de una mayoría que cada vez acoge a menos gente. Decía el médico y defensor de la salud pública Josep Martí que la diferencia entre la Sanidad privada y la pública es, esencialmente, una: la privada se mantiene con tu enfermedad y a la pública le importa la salud y la vida. Lamentablemente, el margen se desdibuja entre ambas porque no se pueden definir conceptos puros sin contextualizarlos.

La diferencia entre la definición en abstracto y lo que realmente experimentamos está en la capitalización de todas las esferas de la vida, es decir, es impensable un acto que no genere algún tipo de ganancia económica. En su día, la Sanidad pública se entendía como el servicio al cuidado de los sujetos que vendían su fuerza productiva, pero el excedente actual de esos sujetos hace innecesario este matiz. Sólo queda la depredación. La estructura jerárquica vertical del servicio sanitario actual impide una Sanidad comunitaria digna. En esta estructura priman las decisiones tomadas por altos cargos y jefaturas desde sus despachos y se establece un orden jerárquico entre las trabajadoras: jefatura médica, médicas licenciadas, enfermeras, auxiliares de enfermería, celadoras, administrativas, limpieza (por poner un ejemplo).

La base del cambio debe empezar a construirse con las trabajadoras y las pacientes de cada punto de atención primaria, para así, hacer una consideración global de los condicionantes de su salud y poder actuar sobre ellos. Es esa asamblea de pacientes y sanitarias de atención primaria la que sirve de cimiento para el resto de servicios sociosanitarios. Asimismo, se debe incluir en el proceso tanto una investigación científica libre de casas farmacéuticas como un servicio de farmacia gratuita, entre muchas otras cosas. La ley de Sanidad permite la privatización desde su aprobación. Desde la aprobación de la ley general de Sanidad en 1986, bajo la presidencia del señor Felipe 'Gonzálex', ya se establecieron las bases para facilitar de forma legal la privatización de los servicios de la sanidad pública. Una de las maniobras para llevarla a cabo es la forma de manejar las listas de espera, que son listas de formación opaca y herramienta para su facilitación.

El Gobierno del lehendakari Iñigo Urkullu anunciaba recientemente que, para aliviarlas, iban a hacer paquetes de pacientes destinados a ser atendidos en clínicas privadas y a posibilitar la atención de otros dentro de los hospitales públicos y en forma de autoconcertación. Pero ¿qué es la autoconcertación? La autoconcertación, también conocida como peonada, es una forma burda de privatización en la que se abren agendas médicas en horario diferente al habitual para permitir bien consultas o bien intervenciones quirúrgicas. También se observa la posibilidad de aumentar la cantidad de pacientes en la consulta dentro del mismo horario laboral, de esta manera se resta tiempo de atención por paciente.

En otro tipo de empresa a la autoconcertación la podríamos llamar hora extra. Pero estas horas extras denotan una falta de previsión sobre la necesidad de trabajadoras en el ámbito sanitario, en parte, por querer aplicar las dinámicas de cualquier empresa de producción, que buscan la supuesta eficiencia de la plantilla. Una paradoja en Osakidetza si se tiene en cuenta que en la Sanidad pública vasca se funciona bajo mínimos hasta el punto que, como ha denunciado el sindicato ESK sobre el servicio de Emergencias, el hecho de convocar una huelga hace que se cubran los mínimos impuestos desde el Gobierno vasco, que son más puestos de los que pueden llegar a cubrirse en el día a día.

El sistema estamental, reflejo de la sociedad de clases

Presenciamos, por otro lado, cómo las peonadas alimentan el sistema estamental sobre el que se basa la estructura organizativa de Osakidetza. El sistema estamental establece una diferencia de grado entre las distintas categorías (médicas, enfermeras, auxiliares de enfermería, celadoras, personal de limpieza, administrativas…) y genera competencia entre ellas. Así vemos la brecha salarial entre las categorías, los diferentes horarios, tipos de contratación, planteamiento de las oposiciones (ya es conocido el funcionamiento fraudulento de las oposiciones de médicas especialistas), ... La forma de alimentar la diferencia en las peonadas es a través del pago a las médicas de una cantidad concreta y a otras categorías un porcentaje de esa cantidad. Una variable a veces inexistente si la peonada coincide con su turno laboral. Las médicas reciben X euros por el servicio extra que realizan; enfermería ,considerado el siguiente estamento en la pirámide, la mitad; las auxiliares de enfermería, un cuarto. Estas dos últimas categorías no siempre trabajan ese tiempo como peonada, sino como turno de su jornada laboral habitual. El resto de personal necesario (celadoras, personal de la limpieza, administrativas…) no tiene opción a esas horas extras.

No hay que olvidar que se genera una carga de trabajo sobre el resto de personal que trabaja su jornada, muchas veces, difícil de asumir. La forma de pago se hace bien por intervención realizada, o bien por franja horaria, lo que mejor venga a la médica económicamente. Por ejemplo, una jornada de autoconcierto de cuatro horas supondrían 492 euros a cada médica participante. Durante dicho período se podrían realizar dos prótesis de rodilla, que suponen 280 euros cada una, es decir, 560 euros que ingresaría cada médica. Pero esto no acaba aquí, la mala gestión del recurso público en favor de la ganancia de unos pocos, se ve reflejada también en el trabajo realizado dentro del horario laboral médico, donde podemos ver cómo se hace una programación laxa que hace, por ejemplo, que quede vacío un quirófano desde la una del mediodía hasta las tres.

El malestar y nuevos colectivos en lucha

Así que, no queda más remedio que plantearse qué es un servicio público. Habrá que organizarse para conseguir el servicio sanitario universal, gratuito y de calidad que necesitamos. Cada vez son más los colectivos que aparecen. Unos muestran su malestar ante el desmantelamiento y mal funcionamiento de su servicio, otros buscan la manera de encauzar ese malestar hacia una nueva forma de organizarse. Así podemos encontrarnos con el personal de urgencias del hospital de Cruces (GLA: Gurutzetako Langileen Asanblada), que participa en otro colectivo en el que se congregan los diferentes tipos de trabajadores de Osakidetza (OLAS: Osakidetzako Langileen Sarea), LAA (Lehen Arreta Arnasberritzen), las trabajadoras de emergencias, las de los quirófanos del HUA… por nombrar algunos.

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