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El gran bocazas supera la catatonia y rinde Zaragoza a sus pies: Morrissey ha vuelto

Luis Faci

15 de marzo de 2026 00:22 h

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Once años, dos frustrantes cancelaciones, un reguero interminable de polémicas en el camino y la sensación de que el ocaso se hacía inevitable. Pero definitivamente ha merecido la pena: Morrisey está de vuelta en España. Y cómo, en qué estado. En su primera visita a Zaragoza, ante 1.500 fans que habían consumido en pocos minutos la taquilla, uno de los mayores mitos del pop del último medio siglo confirmó que el gran bocazas ha regresado para golpear fuerte. Con una voz en plena forma, las dosis de histrionismo que siempre le acompañan y superada ya su reciente catatonia, el exlíder de The Smiths ha presentado en el Auditorio de la capital aragonesa su nuevo disco, 'Make-up is a lie', y ha llevado en volandas a los asistentes con algunos de sus grandes clásicos: 'Everyday Is Like Sunday', 'Suedehead', 'First of the Gang to Die' o, por supuesto y antes de apagar al salir, 'There Is a Light That Never Goes Out'.

La expectación ha sido máxima hasta el último suspiro: hasta que Steven Patrick Morrissey ha subido al escenario para disipar las dudas sobre su presencia, tras la espantada 48 horas atrás en Valencia. En ese momento todos han olvidado sus coqueteos con la extrema derecha, su nacionalismo en ocasiones rancio o la impresión de que los mejores años quedaron atrás, de que un autobús de dos pisos se lo había llevado por delante. Y más en un escenario como el Auditorio de Zaragoza, preparado para los trazos más sinfónicos y donde los cinco instrumentistas –tres guitarras, batería y teclado– han desplegado un sonido apabullante, en especial la electricidad en la guitarra de la italiana Carmen Vandenberg.

De rosa descamisado, con pantalón abolsado y mocasines, el artista británico ha abierto el concierto con el acelerado homenaje a Melville llamado 'Billy Bud' y ha mantenido el tono rockero con 'I Just Want to See the Boy Happy'. Y entonces ha llegado el primer himno, un tema con casi 40 años de vida –se dice pronto–: 'Suedehead'. Y la cerilla ha prendido.

A continuación, los dos primeros temas de su nuevo disco, 'Notre-Dame', del que mejor pasar por alto las conspiranoicas ideas de su letra, y Make-Up Is a Lie, con su triple sentido y su grandilocuencia de vieja escuela. Para compensar dos canciones –especialmente la primera– que no logran conectar con la misma intensidad con su audiencia, dos clásicazos de tono muy distinto: del cabaretero 'A Rush and a Push and the Land Is Ours' a la enérgica y reivindicativa 'Irish Blood, English Heart'; del “creo que estoy enamorado” a “escupir sobre el nombre de Oliver Cromwell”.

Pañuelo en mano para secarse el sudor han llegado 'Now My Heart Is Full' y –segunda llamada a The Smiths– 'How Soon Is Now?', ese himno tembloroso y eterno. Tras la poética 'I'm Throwing My Arms Around Paris', Morrissey ha vuelto a activar su modo reivindicativo con una canción de obvio simbolismo en España: 'The Bullfighter Dies', con sus referencias a Madrid, Barcelona y Sevilla, bajo imágenes de sangrientas corridas de toros, contrapunto a la bandera española de la batería.

Uno de los temas más intensos y destacados de 'Make-up is a lie', 'The Monsters of Pig Alley', ha precedido a una huida sucinta de Morrissey del escenario poco antes de cumplirse la hora de concierto. ¿Volvería? Lo ha hecho: tenía que responder al teléfono, ha dicho al público: una llamada de la “prensa local” que le calificaba de “¡bastardo, bastardo, bastardo!”.

Dos himnos generacionales, 'Half a Person' y 'First of the Gang to Die', han servido para recuperar con plenitud la conexión con el público, entregado a un Morrissey pletórico y melodramático a partes iguales. Y otro clásico, este con tintes de angustia vital: 'Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me' con sus silencios densos: “Sin esperanza, sin dolor; solo otra falsa alarma”. A continuación, 'Jack the Ripper' envuelta en humo londinense, con su dosis justa de teatralidad gótica y sumar dramatismo a la noche.

'Everyday Is Like Sunday' ha hecho del Auditorio de Zaragoza un eco unánime puesto en pie: no, no todos los días son “silenciosos y grises”; definitivamente, este no lo ha sido. 'World Peace Is None of Your Business' ha bajado el tono y ha anticipado un breve descanso: su regreso, enfundado en ahora en una camiseta blanca, ha traído uno de los clásicos que nunca van a envejecer, 'There Is a Light That Never Goes Out', la canción que ha acompañado a una generación entera, arrollada por ese camión de diez toneladas llamado 'The Smiths' y con Morrissey como capitán. Nunca es una buena noche para morir; pero, si tiene que ser, que sea a tu lado. Lo canta el gran bocazas.