Citas
He querido titular así este artículo para generar falsas expectativas y tener más entradas. Ahora, toda la gente que busque aplicaciones para ligar llegará hasta aquí. Si es tu caso, no hace falta que sigas leyendo. Gracias. Todo por el clickbait.
Bueno, continuamos (espero que quede alguien). Yo quería hablar de ‘citar’ en el sentido que el DRAE define como “referir, anotar o mencionar un autor, un texto, un lugar, etc., que se alega en lo que se dice o escribe”.
Hay cuadernos que se venden como regalo y que contienen ‘frases del día’. No sé muy bien qué hacer con una frase del día. No sé si uno debe tratar de que su martes –pongo por caso– se esfuerce en cumplir lo que allí esté escrito. O quizás únicamente debamos darnos por satisfechos conociendo una nueva afirmación. Ampliando –nunca está de más– nuestra cultura general.
Una de las cosas que más me asombran de estas colecciones de citas es que cerca del ochenta por ciento son siempre de Oscar Wilde y de Ortega y Gasset. Me imagino lo dura que hubo de ser la vida de estos hombres: cada día cumpliendo con la obligación de pronunciar una frase genial. Siendo cada día –como pedía Baudelaire– sublimes sin interrupción. También podría ser –aunque esto me daría mucha pena– que simplemente fuesen invenciones. Es muy feo poner frases en la boca de un muerto. Y más para vender un cuaderno cutre.
A los profesores nos gustan mucho las citas. Escribimos artículos y los llenamos de citas porque eso confiere seriedad. En ocasiones, hasta hemos leído a los autores a los que citamos.
Hay un libro que usa muy bien las citas. Es un libro del que ya he hablado aquí. Pero estoy perdonado porque también he dejado aquí escrito que estos artículos no son más que una colección de manías. Citarse a uno mismo –lo estoy haciendo ahora– no es lo más bonito. Ese libro es La hazaña secreta, de Ismael Grasa. Cada capítulo termina con una cita. Son citas variadas, originales. Son citas –como su autor– inteligentes. Sé que a Ismael Grasa no le entusiasma Ortega. A mí, tampoco.
Si buscabas quedar con alguien esta tarde en tu ciudad y, aun así, has llegado leyendo hasta aquí, quédate con esta cita del libro de Grasa: “Uno, del mismo modo que ha de confiar en los demás, ha de aprender a estar solo. Cuando uno está a bien y está a solas permite que el mundo descanse un poco, incluso de uno mismo”.