Diario
Nos olvidamos, a veces, de las cosas. Uno pasa los días procurando molestar lo menos posible (es cierto que no siempre se logra) y se olvida de que hay otros que tienen justamente el objetivo contrario. Nos olvidamos, a veces, de que la gente que quiere organizar la existencia de los demás según sus gustos, sus caprichos, sus filias y sus fobias no descansa. No. Esa no descansa. Lo hemos visto estos días. A veces tienen que pasar cosas para recordárnoslo. La gente que lleva en los ojos la furia de la verdad, pues mira, me parece muy bien, nos ponemos los demás unas gafas de sol y a seguir. Lo malo es que siempre son muy pesados. Siempre se te tienen que acercar cuando estás en una mesa charlando con un amigo o leyendo un libro, cogen una silla, se sientan y te tienen media hora explicando cómo tienes que vivir tu vida. No hay gafas de sol suficientes.
Hablando de leer libros, he estado con uno esta semana que quería ser original, pero que era bastante panfleto. No sé, hay que ponerle un poco de grises a la literatura. Un poco –aunque a veces cueste– de ironía. Ojo, no querría que se confundiese una literatura de grises con una literatura gris. No sé si me explico.
Tengo la sensación de que estos artículos se están convirtiendo en el diario que nunca tuve la fuerza de voluntad suficiente de llevar más allá de la página diez. Si esto es así, debo referir un hecho notable: hace un par de días me di el primer baño del año en Sirualas. Meter el cuerpo en el Mediterráneo frío de marzo creo que significa muchas cosas. Aunque algunas las desconozcamos. Escribir estos artículos, o escribir un diario, quizás signifique también muchas cosas. Aunque algunas las desconozcamos.
Un periodista conocido mío me pidió permiso hace un tiempo para enlazar algunos de estos artículos a un blog sobre política. Se lo di, claro.
Compruebo, pasadas las semanas, que todavía no ha subido ninguno. Quizás, en efecto, yo no me esté explicando bien.