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Presentismo y confusión

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El viernes 20 de febrero subía a tope Independencia crecida de médicos en huelga, manifestación de batas blancas, cero tranvías, gran éxito. 

A esa hora se celebraba en el Paraninfo un acto de alta cultura popular (ya van juntas): se presentaba el volumen 101 del Boletín de la Biblioteca de Menéndez Pelayo dedicado al catedrático de literatura recién jubilado Luis Beltrán Almería, eminente heterodoxo que sacude el corsé académico y ha creado un grupo de investigación global; en el acto, en el que intervino la doctora María Antonia Martín Zorraquino, participaron, además de las responsables del prestigioso Boletín, dos doctoras desde México por videoconferencia.

Tras repasar su trayectoria y agradecer a sus numerosos amigos, profesores y alumnos, muchos de ellos presentes en la sala, Luis Beltrán dijo que “vivimos inmersos en una sociedad global —imperial—. Y esta sociedad, precisamente porque se rige por los principios del monetarismo y del mercado, desprecia las ideas y se condena a la confusión. Desde hace algo más de dos siglos existe una corriente de pensamiento que intenta una alternativa, de momento sin éxito. (…) Busca una dimensión transcendente. Es la dimensión del gran tiempo, de ver la cultura como la expresión de la travesía del espíritu de la humanidad. En esa travesía cada paso, cada evento, cobra sentido como momento del gran tiempo. Muy pocos han seguido esta senda. En el conjunto de las humanidades sí puedo señalar otros nombres. Me refiero a Norbert Elias o Edgar Morin y, en España, a Nicolás Ramiro y Jesús Mosterín. Ellos han sido conscientes de la profunda crisis del pensamiento contemporáneo —incluida la filosofía, que ha abandonado el papel que tuvo para los románticos, el de guiar a las humanidades—. Son pensadores que vienen proponiendo un giro radical de las humanidades: la visión de la cultura en su gran evolución temporal. Y la comprensión de la cultura a partir de las leyes que han gobernado y gobiernan la vida, la naturaleza. Y han señalado las tareas a las que nos debemos entregar los que nos dedicamos a las humanidades: profundizar en la libertad y la igualdad, los principios del individualismo, para comprender el lugar de la humanidad en el universo y hacer un diálogo de los que deben vivir en un diálogo, los individuos y, sobre todo, las generaciones”.

Y concluyó Luis Beltrán: “Daré por bien empleada mi temporada en la Academia si ha servido para recordar que la literatura es algo más que objeto de erudición y un dominio profesional. Y estaría muy bien empleada si además hubiera aportado algunos conceptos útiles para ofrecer una aproximación a las leyes que gobiernan el gran tiempo de la imaginación. ”

El presentismo denunciado por Luis Beltrán en su intervención se comía la tarde por la que bajaban las médicas y médicos con sus pancartas y sus miles de horas extras. Luego empezó en concierto bajo los porches y volvieron los simulacros políticos. 

La confusión también citada por el profesor se hace carne y sangre en los empleados de Wizink, que están en el limbo laboral, limbo kafkiano de cada día.