El móvil para la tercera edad nacido en Zaragoza que ya utilizan más de 5.000 personas
Más de 5.000 personas mayores utilizan ya Maximiliana, un teléfono móvil desarrollado en Zaragoza que simplifica el uso de un smartphone y facilita funciones como las llamadas, las videollamadas o WhatsApp. El proyecto nació hace cinco años a partir de una necesidad familiar y ha ido incorporando nuevas funciones para adaptar el dispositivo a las necesidades de sus usuarios.
Jorge Terreu, fundador de Maximiliana, comenzó a trabajar en la idea mientras estudiaba Ingeniería Informática en Francia. Durante su estancia de Erasmus se encontró con las dificultades que tenía su abuela para utilizar el teléfono y decidió buscar una alternativa. “Me sorprende que no veo nada que pueda encajar con lo que yo noto que pasa con mi abuela”, explica.
Ante la falta de un dispositivo que respondiera a esas necesidades, Jorge Terreu compró un teléfono y lo adaptó para que pudiera utilizarse con el mínimo contacto posible. La idea era que su abuela pudiera llamar a sus familiares pulsando sobre una fotografía y que ellos pudieran hacerle llamadas y videollamadas sin que ella tuviera que configurar el dispositivo.
Cuando regresó a España comprobó que su abuela había dejado de utilizar su antiguo móvil y manejaba el nuevo con normalidad. Fue entonces cuando decidió convertir aquella solución familiar en un proyecto dirigido a otras personas mayores. “Mi abuela no es una excepción, al revés, mi abuela es lo más habitual en la gente de esa edad”, señala.
El perfil de los usuarios refleja precisamente las dificultades que encuentran algunas personas mayores con los teléfonos convencionales. Según los datos de Maximiliana, alrededor del 60% procede de teléfonos de teclas o de concha y otro 25% utilizaba anteriormente un smartphone que les resultaba demasiado complejo. El 15% restante no tenía móvil.
El objetivo del dispositivo es ofrecer las funciones de un smartphone sin trasladar al usuario la complejidad de sus menús y configuraciones. “Tratamos de que cualquier persona mayor lo pueda utilizar sin ningún límite, da igual que haya utilizado o no un teléfono antes”, explica el fundador.
Las llamadas y las videollamadas son las funciones más utilizadas. Alrededor de un tercio de los usuarios utiliza además WhatsApp, aunque no siempre para escribir mensajes. En muchos casos lo emplean para consultar fotografías enviadas por sus familiares.
La empresa ha incorporado también nuevas herramientas como Galería Gloria y Cámara Carmina, pensadas para simplificar la visualización y realización de fotografías. El teléfono se actualiza automáticamente para incorporar nuevas funciones sin que el usuario tenga que realizar el proceso.
Para Jorge Terreu, una de las claves del dispositivo está en eliminar el temor a equivocarse al manejarlo. “Al no tener ese miedo se lanzan mucho más a hacer las llamadas”, afirma.
El siguiente paso que plantea el proyecto pasa por ampliar las posibilidades de entretenimiento para las personas mayores, más allá de la comunicación con sus familiares. “El siguiente paso grande que yo veo en Maximiliana es abordar el área del entretenimiento”, explica Jorge Terreu. Entre las opciones que estudian está facilitar el acceso a contenidos como misas, programas o información relacionada con los intereses de cada usuario.
Cinco años después de aquel primer teléfono adaptado para su abuela, el proyecto ha superado las previsiones iniciales de su fundador. “El objetivo se ha visto muy superado por la realidad”, reconoce.
Una de esas usuarias tiene 90 años
Entre las personas que utilizan Maximiliana se encuentra María Cintora, una mujer de 90 años que lleva alrededor de cinco utilizando el dispositivo. En su caso, el motivo para buscar un teléfono diferente fue poder comunicarse con su sobrina, que vive en Irlanda.
“Deseaba tener videollamadas con ella”, explica. Encontró información sobre Maximiliana en una revista mientras estaba en Panticosa y, después, acudió para pedir un teléfono que le permitiera hablar con su sobrina. Desde entonces, las videollamadas forman parte de su día a día. “Me llama todos los días por videollamada y cuando no, me manda el mensaje por voz y le contesto”, cuenta.
Con el tiempo también ha aprendido a utilizar WhatsApp y otras funciones del teléfono. Además, reconoce que todavía hay una tarea que se le resiste: “Lo que más me cuesta y todavía no lo sé hacer es mandar mensajes”.
María Cintora valora especialmente haber aprendido a manejar el dispositivo a su edad. “Con los 90 años ya, la verdad, cada vez que aprendes es mejor, me defiendo con esto y soy feliz”, afirma. Su uso se concentra en las llamadas, WhatsApp y los mensajes que recibe. Después de cinco años con el dispositivo, resume su experiencia con una frase: “Para mí esto me ha dado la vida”.