Del Pirineo a la sabana: cuando los pastores de Aragón y Tanzania descubren que hablan el mismo idioma
El cayado del pastor (un bastón de madera, largo y curvado en la parte superior), apoyado en el muro de una explotación ganadera aragonesa, se ha convertido en una de las imágenes más reveladoras del proyecto internacional CoCo, en el que participa el CITA de Aragón. “Es prácticamente igual al que utilizan los pastores en extensivo en Tanzania, a más de 7.000 kilómetros de distancia de aquí”.
Ese pequeño detalle fue todo un descubrimiento para la investigadora del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) Ana Grau Valenciano, que forma parte del proyecto europeo CoCo (Co-Creating Coexistence), financiado por Horizonte Europa, liderado por el CITA en España, y en el que colaboran entidades de doce países.
El objetivo es encontrar fórmulas que permitan mejorar la convivencia entre la ganadería extensiva y la fauna silvestre, especialmente en territorios donde la recuperación de grandes carnívoros como el lobo, el oso o el lince genera tensiones crecientes con el sector ganadero.
Pero el proyecto está revelando algo más que soluciones técnicas. Está mostrando que, desde las montañas aragonesas hasta las llanuras de África oriental, los pastores comparten preocupaciones, conocimientos y valores sorprendentemente similares. Algo que la bióloga confiesa que “no esperaba” y de ahí nace su sorpresa. Un lenguaje común descubierto gracias a poner en el centro de la investigación a quienes ejercen el oficio; los pastores y las pastoras.
Más cerca de lo que parece
A primera vista, comparar Aragón con Tanzania puede parecer un ejercicio casi imposible. El primer paisaje está marcado por el color verde del Pirineo, las sierras ibéricas y los extensos pastos de montaña; el otro, por las grandes sabanas africanas, extensas franjas de tierra marrón donde conviven rebaños, leones, hienas y comunidades ancestrales dedicadas al pastoreo.
Sin embargo, quienes viven del ganado reconocen rápidamente elementos comunes entre ambas. La movilidad de los rebaños, la lectura constante del paisaje, la dependencia de los recursos naturales y la necesidad de adaptarse a un entorno en constante cambio forman parte de la rutina diaria en ambos lugares. Ana Grau Valenciano es una buena conocedora de estas dos realidades, ya que durante más de una década ha trabajado con comunidades pastoriles de Tanzania en contextos de convivencia con leones. Su experiencia le ha permitido identificar paralelismos entre África y Aragón que van mucho más allá de las herramientas o las técnicas de manejo.
Según explica la investigadora, los pastores españoles y los de África oriental comparten una relación muy estrecha con los animales y con el territorio. Aunque las circunstancias sean diferentes, existe una identidad ganadera común basada en el conocimiento transmitido entre generaciones y en una comprensión profunda de los ciclos naturales.
“En África la pérdida de hábitat es creciente, la población aumenta de manera exponencial, sin embargo, en Europa esa batalla todavía se puede ganar”, apunta la investigadora. Y una de las claves es integrar diferentes puntos de vista en el mismo proyecto: “Que haya personas implicadas no solo desde el ángulo de la conservación sino de otros como el que aportan los ganaderos, lo hace muy enriquecedor”, añade.
Y es ahí donde el CITA de Aragón entra en juego. A pesar de que los estudios se están centrando en la Montaña Palentina, sierra de Gredos y Guadarrama y Picos de Europa, —zonas en las que hay una presión importante de carnívoros silvestres sobre la ganadería extensiva y donde existe un conflicto no solucionado entre las distintas partes interesadas sobre cómo gestionar dicha situación—, es el Centro de Investigación aragonés el que lidera el proyecto CoCo en España.
El motivo principal es su Departamento de Ciencia Animal, en que investigadores aragoneses llevan años trabajando con ganadería extensiva, lo que permite aportar un conocimiento y experiencia al proyecto desde el punto de vista de los ganaderos; un paso más para llegar a aportar soluciones que tengan en cuenta también a los profesionales del sector primario.
Lobos aquí, leones allí
Las diferencias, por supuesto, existen. Y no son menores. Mientras que en Tanzania los grandes depredadores pueden representar un riesgo tanto para el ganado como para las personas, en España el conflicto se concentra fundamentalmente en las pérdidas de animales ocasionadas por el lobo. Sin embargo, los investigadores del proyecto CoCo han comprobado que las consecuencias emocionales y sociales son muy parecidas a ambos lados del planeta.
La incertidumbre, la sensación de vulnerabilidad, el esfuerzo adicional para proteger a los animales o la necesidad constante de adaptación aparecen repetidamente en los testimonios de los ganaderos. Cambian las especies, cambian los paisajes, pero los desafíos cotidianos mantienen un parecido que resulta sorprendente.
La visita a la Quesería Enrique Remis, donde Sara y Rubén desarrollan su actividad en los pastos de los alrededores de los lagos de Covadonga, ha permitido profundizar en estas conexiones. “Al escuchar hablar de leones, me di cuenta de que muchas sensaciones y desafíos son similares”, explica Sara. “Aunque la fauna sea distinta, las preocupaciones, la adaptación y el vínculo con la tierra son muy parecidos”.
Del conflicto a los datos
Hay proyectos de investigación que generan publicaciones científicas. Y hay otros que aspiran a generar algo mucho más difícil: confianza. El proyecto europeo CoCo (Co-Creating Coexistence) pertenece a esta segunda categoría. El objetivo no es únicamente recopilar datos científicos, sino incorporar la experiencia acumulada por quienes conocen el comportamiento de los animales, la evolución de los pastos y las transformaciones que experimenta el paisaje año tras año.
Para conseguirlo, los investigadores no solo se centran en analizar las pérdidas económicas derivadas de ataques o daños provocados por fauna silvestre. También medirán la carga psicológica, el impacto sobre la calidad de vida de las familias ganaderas, el aumento de trabajo o las consecuencias sociales que generan estos conflictos.
En este sentido, el proyecto ha recopilado datos originales de más de mil pastores y ganaderos, cerca de mil propietarios de tierras y cazadores repartidos por doce países europeos, además de cientos de entrevistas y grupos de trabajo con actores implicados. Y la magnitud de la muestra permitirá a quienes toman decisiones públicas disponer por primera vez de información comparable a escala europea.
La ciencia escucha al territorio
Durante tres años el proyecto reúne a investigadores, ganaderos, pastores, cazadores, propietarios de tierras y responsables políticos para intentar responder a una pregunta que preocupa tanto en el Pirineo como en territorios pastorales de otras regiones del mundo, incluido el Sáhara: ¿cómo garantizar que la ganadería extensiva siga siendo viable en paisajes donde aumentan las exigencias ambientales, la presión económica y la presencia de fauna silvestre?
La investigación comenzó oficialmente en noviembre de 2024 y se extenderá hasta octubre de 2027 bajo financiación del programa Horizon Europe de la Unión Europea. Está coordinada por la Universidad de Inland, en Noruega, y cuenta con la participación de 17 entidades de doce países europeos.
Pero detrás de las cifras hay una filosofía poco habitual en los grandes proyectos europeos. En lugar de empezar estudiando al lobo, al oso o a los ecosistemas, CoCo ha decidido comenzar por quienes viven de los rebaños. “En este proyecto, en lugar de comenzar con la fauna silvestre, ponemos a los ganaderos en el centro de nuestro trabajo”, explica John Linnell, coordinador del proyecto e investigador de la Universidad de Inland.
¿Qué se obtendrá en 2027?
En el caso de CoCo, los responsables han definido varios productos concretos que deberán estar disponibles al finalizar la investigación. Entre ellos figuran estudios comparativos en doce países, análisis coste-beneficio de diferentes modelos de gestión, evaluación de nuevas tecnologías aplicadas al pastoreo y a la monitorización de fauna, herramientas prácticas para gestores y explotaciones ganaderas, y una denominada “Hoja de Ruta para la Coexistencia”, destinada a orientar futuras políticas europeas y nacionales.
La investigación concluirá en 2027. Si tiene éxito, el proyecto CoCo habrá demostrado que proteger los paisajes rurales no consiste únicamente en estudiar la naturaleza, sino en comprender también a las personas que llevan generaciones cuidándola. Por eso, la medición del impacto será uno de los elementos clave, y los resultados obtenidos en estos años de trabajo deberán traducirse “en recomendaciones aplicables y evaluables, no únicamente en publicaciones académicas”.
Una lección compartida entre el Pirineo y el desierto
Es posible que la mayor enseñanza de este proyecto no tenga que ver con la tecnología, ni con los censos de fauna, ni siquiera con las políticas agrarias. Quizá tenga que ver con algo mucho más sencillo. Con la imagen de dos pastores que jamás se han conocido, separados por continentes y culturas diferentes, pero capaces de entenderse al hablar de sus animales, de los depredadores, de la lluvia que no llega o del valor de un buen pasto.
Porque entre las montañas del Pirineo y las sabanas africanas existe algo que el proyecto CoCo ha puesto de manifiesto: aunque las distancias geográficas son enormes y los contextos culturales también, existe una lengua compartida que no necesita traducción, la de quienes viven pendientes del ganado, caminan detrás de un rebaño y siguen encontrando en el paisaje su forma de vida en millones de explotaciones de todo el mundo.