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Arantza Coullaut

Periodista.

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Los médicos que cuidan a Teresa atendían después a los pacientes críticos de La Paz

Los médicos que cuidan a Teresa Romero, la auxiliar de enfermería contagiada de ébola, han compaginado este servicio con la atención a los pacientes más críticos del hospital de La Paz. El equipo de 18 médicos de la Unidad de Medicina Intensiva –que también vigila la evolución del resto de las personas que se encuentran aisladas en el Carlos III–, después de trabajar en el centro de infecciosos, también lo hacía con los enfermos del Área 5, los más críticos, del hospital La Paz.

Este martes se ha decidido formar un grupo de seis personas que se ocuparán exclusivamente de los enfermos de ébola. También se ha acordado que comenzarán por la tarde a recibir cursos de formación de los trajes EPI (Equipo de Protección Individual) en el Instituto Nacional de Salud.

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"Te ayudamos a ponértelo, no te preocupes". "No me preocupo... A ver. Espera, creo que se pondrá así pero no es de mi talla". Es viernes y el médico de medicina intensiva del hospital madrileño La Paz, B.C, cuenta cómo esta mañana se ha enfundado en un traje amarillo rodeado de 10 compañeros en un despacho del hospital madrileño. Dentro de tres horas irá al hospital Carlos III a cuidar a la auxiliar de enfermería contagiada de ébola, Teresa Romero, y vigilar los casos sospechosos. Nunca se ha puesto un traje antes y quien le ayuda a ponérselo –la parte más fácil pues está acompañado, el pánico llega cuando tienen que quitárselo solo en un par de metros cuadrados - es una médico, E. F, que ya se ha vestido varias veces para tratar a los pacientes infectados de Ébola en el centro madrileño.

Ella tampoco ha recibido ninguna formación pero tiene práctica y más de diez años de experiencia atendiendo a pacientes críticos. Le calma y le dice qué es lo que hay que hacer para intentar no fallar al quitarse los guantes y el resto del traje en el mínima cuarto que está habilitado para ello – ni siquiera se duchan, solo se quitan el traje antes de salir de la zona de aislamiento- en el Carlos III. "Es como si estuvieses en el mar, sensación de buceo, tienes que guardar la calma, controlar la mente". Sudando sin parar, tiene empañadas las gafas, contesta con una risa nerviosa: "¿Bucear? ¡Esto es un infierno! Necesito otra talla... una XXXL."

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