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Darío Adanti

Darío Adanti (Buenos Aires, 1971) es uno de los creadores de la revista satírica Mongolia. Empieza a publicar en 1990 en medios argentinos como El Porteño, Humor o Página / 12. En 1996 se muda a España y publica en El País, Público y El Jueves. Es creador de personajes como 'El Niños Dios' o 'El Hombre Gato'. Autor, junto a Jordi Costas, de 'Mis problemas con Amenábar'  y 'Vida mostrenca'. En 2015 publica junto a Enric González el 'Diccionario irreverente de economía' (Ed. Alternativas Económicas).

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Están entre nosotros: tu vecina fue guerrillera y tu amiga nació clandestina

¿Sabías que esa señora de canas que atiende tu pizzería favorita huyó de Argentina para que no la mataran? ¿Sabías que tu fisioterapeuta escapó clandestina de la dictadura de Videla? ¿Sabías que ese que te hace las camisetas con el logo de tu banda luchó contra el fascismo en sudamérica? ¿Sabías que aquel cantante de rock que te hace bailar desde los ‘80 llegó a Madrid huyendo de la represión con su madre para que no los secuestraran? Y ese actor que ves en el cine, y esa actriz que te emocionó en el teatro, y ese periodista, y ese taxista, y la dueña de esa floristería, y esa activista feminista, y esa otra que trabaja en Memoria Histórica, y el hippie que atiende ese puesto en el Rastro, y aquel que atiende un bar, aquella fotógrafa y ese otro que corrige galeradas en aquella editorial.

Muchos españoles no lo saben, pero están rodeados de exiliados políticos, de simpatizantes, militantes y activistas que sobrevivieron a la masacre, de hijas e hijos de combatientes revolucionarios, de hijas e hijos de desaparecidos.

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No es el humor, es la democracia

Ya nos hemos acostumbrado a escuchar la palabra fascista como arma arrojadiza contra quien no piensa como uno. Y no es algo exclusivo de los políticos, vemos en redes sociales cómo la palabra fascista se arroja como descalificativo con una naturalidad que espanta. Estamos vaciando la palabra de su verdadero sentido. El fascismo es matón, es criminal, es autoritario y atenta contra los derechos y libertades, se ceba con los débiles, no acepta pactos de convivencia y atenta contra los derechos humanos.

Sin embargo, a pesar de esta utilización banal y recurrente de la palabra, el fascismo existe, siempre ha estado ahí y ahora ha salido del armario.

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Je suis Ortega Cano, el matador

Sí, nos ha llegado la sentencia del juicio por la demanda que nos puso el torero Ortega Cano por utilizar su imagen para el cartel de nuestro show de Mongolia el Musical 2.0. en Cartagena en noviembre del 2016. La jueza asume enteramente lo exigido por Ortega Cano y nos condena a pagarle 40.000 euros sin explicación de por qué estima que la vulneración del honor que el demandante atribuye a la utilización de su imagen en nuestro cartel vale esa suma y no otra.

Si uno analiza la sentencia puede ver que lo que se determina como delito no es otra cosa que el mecanismo mismo de la sátira: «Sin conocimiento previo del protagonista ni vinculación de la imagen con la temática del evento, la proyección pública no ampara el uso indiscriminado de su imagen ni la burla de su figura, el rendimiento económico con la vejación y burla de la imagen».

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Humor vs Trump: La incorrección política contra la política de la incorrección

En estos tiempos confusos en los que vivimos, suele pasar cuando empiezan los siglos, las luces pálidas del pasado se convierten en el foco que lo ilumina todo y que es, a la vez, el productor de las actuales sombras. Lo explica bien John Updike en su novela 'La feria del asilo', no es lo que está hoy en el centro lo que terminará expandiéndose y conformando el mañana, es la periferia desapercibida del presente lo que se transforma en el núcleo central del futuro.

Esa luz apareció como parte de la contracultura hippie que reaccionó contra los valores conservadores de las décadas anteriores. La Guerra Fría les aportó su desconfianza a la ciencia por culpa y miedo a la bomba atómica. Hubo un resurgir del misticismo dentro de la contracultura que se asoció a la prédica del respeto por la diferencia y las minorías que sus padres y abuelos no habían tenido.

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Atención, Audiencia Nacional: No se juzga a Strawberry, se juzga a la RAE

Desde pequeño que soy disgráfico, que no es otra cosa que dislexia escrita. Me pasé toda la infancia con una logopeda buscando y copiando palabras. Será por eso que me gustan los diccionarios y será por eso que, desde no recuerdo cuándo, inventé un juego al que llamé mi Cinta Semántica De Moebius.

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Ni puta gracia (sobre los límites del humor y su contexto)

Me piden una reflexión sobre el humor, ahora que el caso Zapata es tema de debate en los medios. Pero yo no voy a hablar del caso Zapata, voy a hablar del humor. El suyo es uno más de tantos casos paradójicos relacionados con el humor que es, paradójicamente, un juego de paradojas.

¿Tiene límites el humor? Me preguntan, y respondo: "Sí, los tiene, aunque debería no tenerlos".

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Con Mahoma no hay cojones

La mañana del día después de que los Reyes Magos, esos reyes que vienen de oriente, nos trajeran regalos, otros reyes, del terror en este caso, sembraban de muerte la redacción de una de las revistas satíricas más emblemáticas: Charlie Hebdo. Doce muertes y otros tantos heridos es el coste sangriento que el fanatismo se cobró por algo tan pequeño como es el oficio de hacer humor.Los teléfonos de Mongolia, hija de Charlie Hebdo y de tantas otras, empezaron a sonar: amigos de la prensa querían saber nuestra opinión. La familia no paraba de llamar: el miedo a que su ser querido, dedicado a aquello que a priori parecía tan inofensivo, el humor, ahora fuera blanco del terror homicida. Y, como ya es costumbre en las redes sociales de Mongolia, tampoco se hicieron esperar cientos de twitts con la ya cansina frase de: "Os metéis con el cristianismo pero con Mahoma no tenéis cojones"…Para aquellos que les hiere el humor que tiene como blanco sus creencias, parece que todo se reduce a un tema de genitalidad. No es reprochable ni los muertos ni los heridos, lo que es reprochable, para estos yihadistas de la cristiandad patria, es la falta de testículos para reírse de quienes sí pasan esa frontera inapelable que es el atentado y el asesinato. Para hacer humor no hace falta emular las proporciones glandulares del Espartero, para hacer humor sólo hace falta tener sentido del humor. Si lo tienes, hacer humor es inevitable.Pero lo que realmente parecen querer decir con el consabido "con Mahoma no hay huevos" es, en realidad, un mensaje en espejo: no somos nosotros, los humoristas, los que necesitamos cojones para hacer chistes sobre Mahoma, los hacemos cuando es noticia o los hacemos cuando se nos ocurren, sino que son ellos, los que increpan enarbolando esta frase, los que, secretamente, parecen envidiar la capacidad homicida de los terroristas, mediante ese sistema históricamente ibérico del "pique", pretenden que sean estos, los mismos que han atentado contra el Charlie Hebdo, los que realicen esa venganza sangrienta que ellos añoran secretamente pero que las nuevas modas de su superstición local les prohibe.El humor es ficción, puede ser incómodo o molesto, pero es ficción y sólo cabe dos tipos de respuestas ante él: ignorarlo o responder con otra ficción, y si es humorística, touché."Es imposible dialogar con el dolor físico", decía Cioran, y con razón. Todo acto de violencia, de muerte, nos deja sin respuestas, sin capacidad de diálogo, no hay debate, no hay dialéctica en la muerte. La muerte es discurso único y viceversa. Pero decía Bukowski, bastante más vital que Cioran, que "follar era darle de patadas en el culo a la muerte". A mí me gusta pensar que el humor es como follar, porque es, también, darle de patadas en el culo a la muerte: a esas muertes cotidianas que tienen forma de injusticia, de intolerancia, de absurdo…   y eso es lo que hace el Charlie Hebdo, y eso es lo que hacemos todos los humoristas y todas las revistas de humor del mundo: darle de patadas en el culo a las muertes cotidianas del ciudadano común. Pero los humoristas somos cabezotas, no porque tengamos cojones, que nos los tenemos ni los necesitamos, somos cabezotas porque la testarudez y hacer aquello que el otro no espera que hagamos es un mecanismo básico de  nuestro oficio, que te de la risa en medio de la misa es un buen síntoma si quieres ser humorista. Si con la muerte pretenden callarnos, sólo lograrán que se nos ocurra un nuevo chiste… Cada tabú, cultural o labrado a base de munición y sangre, es una nueva frontera que el humorista debe traspasar por imposición de su oficio, el humor…  porque es nuestra manera de pegarle patadas en el culo a esa muerte que se nos impone. No es valentía ni se le emparenta.Qué le vamos a hacer, es inevitable: somos humoristas. Por último, los cinco puntos que planteamos en Mongolia ante al atentado del Charlie Hebdo1.- En Mongolia consideramos que la libertad de expresión es un valor superior y que ninguna religión puede coartarla o limitarla.2.- Ningún acto terrorista nos va a hacer renunciar a nuestra superior creencia respecto de la libertad de expresión.3.- Si algunos radicales cree que asesinando a 10 personas callarán a quienes trabajamos en el mundo de la sátira y de la información se equivocan, estas muertes nos obligan a redoblar nuestros esfuerzos y trabajo.4.- Hoy estamos con todos los compañero de Charlie Hebdo y, especialmente, con las familias y seres queridos de los asesinados; confiamos en una pronta recuperación de los heridos.5.- Revista Mongolia estará siempre con los perseguidos y hoy esos son los caricaturistas y periodistas que se atreven a cuestionar una visión ilegítima e inmoral de una determinada religión.

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