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Hugo Cuello

Licenciado en Ciencias Políticas y especialista en Estudios Europeos. Trabaja en la oficina de Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR) como consultor de comunicación. Anteriormente ha colaborado como analista en medios de información europea como EuroXpress y ha participado en proyectos internacionales organizados por el Instituto de Estudios Políticos de París, la Universidad de Oxford o la Universidad de Harvard. También es Presidente en Madrid de la organización Jóvenes Europeos Federalistas (una organización juvenil pro-europea con miles de miembros en toda Europa).

Tras estudiar un año en la Universidad de Copenhague, ahora se prepara para ayudar en la transición democrática en Myanmar, colaborando con el Instituto de Derechos Humanos de Birmania.

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¡Europa nos pertenece a los jóvenes!

A un año de las elecciones europeas, la maquinaria de Bruselas ya se ha puesto en marcha para convencer al mayor número de ciudadanos que, de una vez por todas, alcen su voz en los próximos comicios. ¿Acaso nos jugamos algo que no hayamos tratado ya en cualquiera de nuestras elecciones nacionales? Si lo que queremos es dotar a Europa de los instrumentos suficientes para salvarse, sí. Sin duda. Ya no se puede seguir por la puerta de atrás y de espaldas a la ciudadanía. Hasta ahora, el euro se había construido de forma que se pudiera ceder lo mínimo necesario para que la soberanía nacional no se viera tan socavada que la decisión fuera cuestionada por los ciudadanos. La cesión de soberanía económica no fue acompañada de un control de la soberanía popular a nivel europeo. De esta forma, se creó una política monetaria centralizada con una responsabilidad descentralizada, lo que acabó siendo un fracaso no solo en términos de legitimidad, sino también de eficacia.

Ahora ya no hay duda. Las tareas de unión bancaria, fiscal y económica necesarias para seguir adelante exigen unas instituciones fuertes que se hayan legitimado democráticamente, y esto implica una responsabilidad también por parte de la ciudadanía española, que hasta ahora había vivido más o menos cómoda en un consenso permisivo y acrítico hacia las instituciones europeas. Esto se detecta en la población en general, pero en los jóvenes en particular, aunque dicho desinterés es transversal y no afecta únicamente al tema europeo. Según datos del INJUVE, más de la mitad de los jóvenes españoles siente aburrimiento o desconfianza hacia la política. Pero a la vez, también la gran mayoría considera que el sistema necesita de reformas profundas, de modo que se necesita un sistema que pueda ser ese canalizador que aúne exigencia con necesidad.

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