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Joaquín Copeiro

Joaquín Copeiro, profesor de Lengua y Literatura durante muchos años en Toledo, ha publicado una docena de libros, entre poemarios y novelas, la última de las cuales es Madre, mar, Marta… (Descrito Ediciones, 2013).

Muere José María Ruiz Alonso, investigador toledano de la Guerra Civil y la memoria histórica

Con la insoportable inmisericordia de una muerte inesperada, acaba de fallecer José María Ruiz Alonso. Y eso significa, entre otras muchas cosas, que perdemos a un buen amigo, de amena y enriquecedora conversación en torno a unas cervezas; pero también a uno de los historiadores toledanos que más han contribuido a clarificar nuestro pasado.

En efecto, su obra 'La Guerra Civil en la provincia de Toledo. Utopía, conflicto y poder en el Sur del Tajo (1936-39)', publicada por Almud en 2004, es hoy todo un clásico imprescindible para quien quiera conocer con rigor qué ocurrió exactamente en Toledo y provincia durante uno de los dos o tres episodios más importantes que han jalonado la historia de nuestro país. Y no hay historiador que se precie, se llame Paul Preston ('El holocausto español') o Francisco Espinosa ('La columna de la muerte'), por nombrar a algunos de los más prestigiosos, que no lo cite en sus bibliografías de consulta obligada.

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Buen viaje a Ítaca

Acabáis de iniciar un largo viaje a Ítaca, amigos griegos. Y dicen que el camino está lleno de peligros, con voraces caníbales dispuestos a tragar de un bocado a vuestros hijos, con gigantes monstruosos y hercúleos que pretenderán hundir vuestras naves, y en medio de un océano agitado que embestirá inclemente contra ellas para impediros seguir hacia delante.

Mas no temáis, que os alienta el espíritu de Cavafis, un poeta bien querido. Y no temáis, porque, como él sugiere, no existen los caníbales voraces que maten y devoren tiernos niños, ni existen los gigantes poderosos que lancen toneladas de granito al paso decidido de las naves, ni existe un mar malvado, omnipotente, que rija el movimiento de las olas, si no les dais cabida en vuestras almas.

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Homenaje al Maquis en Santa Cruz de Moya (Cuenca)

Cada año por estas fechas, la asociación 'Gavilla Verde' organiza las Jornadas sobre el Maquis con un entusiasmo que cautiva a quien asiste a las jornadas. Y la cosa viene funcionando desde 1988, desde hace la friolera de 26 años, los 15 últimos bajo la tutela de la citada asociación. 

Durante estas XV Jornadas, centenares de personas han acudido a la convocatoria de la Gavilla Verde para participar en el homenaje a los guerrilleros españoles que entregaron sus vidas en defensa de la libertad. Y a quienes trabajaron, arriesgando las suyas, para asegurar apoyos y enlaces a los guerrilleros. 

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¡Raíces profundas!

Final del verano, 2014. A estas alturas de la película, uno ya está más que hastiado, cabreado, colérico, indignado, enfurecido, sublevado, exasperado, iracundo..., frente a las mentiras del Gobierno, el mismo que nacionalizó las pérdidas supermillonarias de la banca y privatiza los hospitales, el que cierra por doquier camas hospitalarias y aulas educativas, el que condena al limbo a los dependientes, el que amnistía a los defraudadores y permite los desahucios, el que pretende una nueva Ley de Seguridad Ciudadana para reprimir mejor a quienes se atrevan a protestar por sus medidas, el que vende armas a la Venezuela que tanto critica y promueve la reforma de la jurisdicción universal para satisfacer al Gobierno de China, el que nada dice del embargo contra Cuba y comercia con dictaduras como la de Teodoro Obiang, el que enmudece cobardemente frente a los desafueros de Marruecos contra los inmigrantes, el que habla de transparencia y regeneración democrática y cambia sin consenso las leyes electorales para garantizar su mayoría absoluta (por ejemplo, el pucherazo de María Dolores [de] Cospedal en Castilla-La Mancha; por ejemplo, la pretensión de cambiar el sistema de elección de alcaldes y presidentes autonómicos, otro pucherazo), el que manipula la televisión pública y gobierna a base de decretos ley, el que habla de igualdad y favorece la desigualdad entre pobres y ricos, el que niega la desnutrición infantil y reparte como se le antoja las ayudas para combatirla, el que pretende imponer la maternidad forzosa a las mujeres embarazadas que no deseen tener hijo... La lista de despropósitos podría crecer hasta el infinito y la verdad es que uno ya está cansado de ver tanta tropelía, tanta prepotencia.

Por eso, oyendo a Rajoy hablar de «raíces vigorosas», uno piensa si no sería más apropiada la expresión «raíces profundas» para referirse a cuanto está sucediendo y pueda suceder en nuestro país. Esta segunda fórmula a uno le recuerda, cómo no, aquella mítica película dirigida en 1953 por George Stevens en que el impertérrito Alan Ladd, después de aguantar carros y carretas del malo de turno, insultos y humillaciones, termina propinándole una soberbia y justiciera paliza, ante los ojos atónitos del niño Brandon De Wilde.

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Artículo 35

¡Conque se les llena la boca de «Constitución» a unos y a otros, que no hacemos sino cumplir el mandato constitucional, que hay que ajustarse a la Constitución, que eso no cabe en la Constitución, que tal cosa no la recoge la Constitución, que la Constitución manda, que bla, bla, bla! ¡Pues cumplámosla de una vez y dejémonos de martingalas, que en ella hay artículos tanto más aprovechables, cuanto más incumplidos!

Por ejemplo, el 35.1: «Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo». ¿Cómo entender desde el pueblo, o sea, desde mis humildes entendederas, el contenido de este artículo?

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El enemigo público número uno

Es verdad que el día de la abdicación acudí por la tarde, con otros muchos ciudadanos, a la concentración republicana de la plaza de Zocodover, en Toledo.

Particularmente, reconozco, sin ambages, que el rey fue durante la Transición uno de los elementos clave para consolidar la democracia. Aunque también creo que no fue el único, ni siquiera el fundamental: el pueblo estuvo constantemente reclamando en la calle, a través de numerosas huelgas y de manifestaciones de todo tipo (ver «El final de la Dictadura», de Nicolás Sartorius y Alberto Sabio), la amnistía de los presos y las libertades, y también en las instituciones en que se podía, con sus líderes vecinales, sindicales o políticos, con sus escritores, periodistas, profesionales, cantautores o artistas más comprometidos. Pero insisto, no veo problema en aplaudir el papel del rey durante esos años.

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Luz al final del túnel

En Castilla-La Mancha, desde las anteriores elecciones europeas, el PP y el PSOE, es decir, los partidos con aparatos sumisos, en mayor o menor medida, a los dictámenes de la troika, han perdido el 25% de sus votos, mientras que PODEMOS, IU y EQUO Y SU COALICIÓN, potenciales y deseables aliados para las próximas generales, han conseguido un total del 15% de los votos. Es verdad que aún falta mucho para cambiar las cosas en la región; pero esto ya supone ver luz al final del túnel. Y si consideramos los resultados nacionales, han sido aún peores para PP y PSOE y muchísimo más esperanzadores para los tres grupos de izquierda citados: ¡Luz al final del túnel, ahora sí!

Frente a ello, la rancia derecha española y la sedicente socialdemocracia de nuestro país andan un tanto desorientadas, porque no acaban de encajar el fenómeno PODEMOS. Es más: no es que no lo encajen; es sencillamente que lo temen, temen que de una vez los millones de indignados de este país, esos que manifestaron su disconformidad el 15 M, encuentren una manera de canalizar políticamente su indignación, una herramienta democrática con la que mandarlos al carajo y poner en marcha una democracia real. Por eso sus gurús han salido en tromba a demonizar a PODEMOS. Un par de perlas: para el ínclito Carlos Floriano, director de campaña del PP de los sobres, PODEMOS es «un partido que ha hecho campaña desde el antisistema y con referentes en la Cuba de Fidel Castro y la Venezuela de Maduro»; para el perínclito Felipe González, el de Fenosa, PODEMOS no es sino «una alternativa bolivariana influida por algunas utopías regresivas» y añade que algo así sería «para España y para Europa una catástrofe sin paliativos». ¡Pues anda que no les queda nada quina! Esto sólo acaba de que empezar.

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La voz de El Shaday

 Mi amigo Federico de Arce, que acaba de publicar en Toledo un bello libro, La voz de El Shaday (Descrito Ediciones), confiesa ser un hombre religioso y no creyente. Y se apoya para explicarlo en las relaciones paronomásticas entre los términos ‘religión’, ‘releer’ y ‘religar’. Soy ‘religioso’, viene a decirnos mi amigo, porque ‘releo’ continuamente a los clásicos para empaparme de su sabiduría, y porque me siento ‘ligado’ o ‘religado’ a mis semejantes, aquí y ahora, para compartir con ellos los avatares de la existencia. Y soy ‘no creyente’, parece añadir, porque el creyente, en lugar de ‘religarse’ a los demás, se ‘desliga’ de ellos, en su afán por elevarse hacia un dios tan alejado, tan inaccesible, de tan inextricables designios, y yo busco todo lo contrario.

Pues bien, es desde esa perspectiva del ‘relector religado’ a los demás desde donde Federico de Arce ha escrito La voz de El Shaday. No se trata de una novela, dice él, sino de una narración, un midrás, y «la narración no se explica, se cuenta simplemente», escribe. Y es verdad, esa es la sensación que uno tiene cuando se adentra en sus ciento cincuenta páginas, la de que estamos ante una hermosa narración, un cuento precioso de asunto bíblico, con personajes como Adán y Eva, Caín y Abel, Abraham y Sara, pero cuyo tema central es el sacrificio de Isaac; «el sacrificio», en realidad. Y frente al sacrificio, ya sea el de Isaac, el de Jesucristo o el de cada uno de nosotros mientras bregamos por estos mundos, mi amigo reivindica su rechazo al mismo y la alegría de vivir.

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El 1 de mayo

Dos fechas, entre otras posibles, para homenajear a sus protagonistas. Una: el 1 de mayo de 1886, es decir, hace ciento veintiocho años, cientos de miles de trabajadores comenzaron en EE.UU. una huelga para reivindicar la jornada laboral de ocho horas. En Chicago, la respuesta patronal a las movilizaciones culminó con un número desconocido de muertos y de heridos, un juicio contra 31 sindicalistas y cinco condenas a muerte. La segunda: el 1 de mayo de 1891, en la comuna francesa de Fourmies, su población obrera decidió reclamar pacíficamente la jornada de ocho horas. La represión de las manifestaciones arrojó al menos diez trabajadores muertos y varias decenas de heridos. ¡Mucha sangre, mucho sudor y muchas lágrimas!

Un documento con una reivindicación histórica. «Reclamación de las sociedades obreras de Madrid al Gobierno con motivo del 1º de mayo de 1891»; en él se lee «lo que más necesita (el proletariado) es la ley que determine como jornada máxima de trabajo en todos los oficios ocho horas», y añade que «mientras esa ley no se dicte y practique no habrá modo de dar colocación a miles de obreros que carecen de ella». ¡Hace ciento veintitrés años!

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¡FELIZ 25 DE ABRIL!

En 1974, tampoco en Toledo pudimos celebrar el 14 de abril de nuestros amores heredados: para eso estaba la Brigada Político-Social de la Dictadura (¡por cierto, esa de Billy el Niño y compañía!), para impedirlo. Siempre quisieron borrar para siempre el recuerdo de la Segunda República. Consiguieron todo lo contrario: idealizarlo y cargarlo de romanticismo. Por eso, la frustración de no poder brindar por el régimen político que podía haber hecho de España un país moderno y libre se intensificaba con cada prohibición.

Pero entonces surgieron ellos, los capitanes de abril, los capitanes del pueblo de Portugal, los claveles, la más bella revolución de Europa. El 25 de abril nos llenó de orgullo como vecinos del pueblo portugués, como demócratas que veíamos cómo terminada otra dictadura europea, como románticos capaces de creer que una revolución podía hacerse con claveles en las bocachas de los fusiles, sin un tiro, sin una brizna de violencia. Nos sentimos orgullosos de ser europeos y amigos de “nuestros hermanos portugueses” con quienes compartíamos península (La balsa de piedra, Saramago).

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