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José Fernández-Albertos

Doctor en ciencias políticas por la Universidad de Harvard. En la actualidad soy investigador permanente en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC. La mayor parte de lo que escribo trata de las relaciones entre política y economía.

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Ideología y voto, septiembre de 2018 edition

Empiezo por una obviedad: los ciudadanos tienden a votar a partidos ideológicamente próximos, es decir, que piensen como ellos. Para maximizar el número de votos, los partidos se ven forzados a adoptar ciertas estrategias, cada una con sus límites y restricciones. En primer lugar, acercarse a las preferencias de los grupos de votantes más numerosos. Tener una ideología compartida por muy poca gente puede ser gratificante, pero corre el riesgo de condenar a sus defensores a la irrelevancia electoral y política. Así pues, en la medida que puedan, los partidos intentarán moverse hacia aquellas posiciones ideológicas defendidas por muchos votantes. Pero acercarse a la ideología de los grupos más grandes de votantes tiene también costes: el partido puede perder sus señas de identidad, y sus simpatizantes pueden verse defraudados por los cambios de mensaje de sus líderes. Además, con frecuencia las posiciones más "populares" ya están ocupadas por otras candidaturas con las que es difícil competir y en los sistemas multipartidistas puede tener más sentido asegurarse "nichos" que garanticen un mínimo de apoyos. Si los partidos están alejados ideológicamente de muchos votantes, no les quedará más remedio que hablar de otros temas en los que estén más cerca de lo que opinen grupos amplios de electores.

Bajo determinadas circunstancias, los partidos pueden evitar estos dilemas ofreciendo diferentes propuestas a diferentes grupos de votantes. Es una estrategia difícil de llevar a cabo y de mantener en el tiempo. Al fin y al cabo, diferenciar los mensajes no es algo que se pueda hacer muy fácilmente, pues los partidos no se suelen comunicar con el electorado con cartas individualizadas, sino sobre todo a través de medios de comunicación de masas. Aunque les gustara lo primero, además, los rivales políticos tratarán de hacer evidentes las contradicciones programáticas provocadas por este micro-targeting. A pesar de estas dificultades, a veces esta estrategia funciona. Como Lluís Orriols mostró hace ya más de diez años, el Partido Popular lograba ser competitivo electoralmente en España pese a tener una ideología media muy alejada de la del conjunto del país en gran medida gracias a este "camaleonismo": lograba parecer un partido de centro para los votantes más centristas, y un partido más de derechas para los más extremos. 

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El progresivo distanciamiento entre PSOE y Ciudadanos

Los principales titulares del barómetro del CIS de Julio dado a conocer ayer son bien conocidos. El PSOE logra ponerse en primer lugar en la estimación de voto gracias sobre todo a la movilización de su electorado, que permanecía apático e indeciso desde la investidura de Rajoy (la intención de voto entre sus votantes de 2016 sube  nada menos que quince puntos respecto de Abril), a un importante aumento de las transferencias desde Podemos y, sobre todo, las confluencias, y a que ha sido capaz de darle la vuelta al fenómeno de la (leve) fuga de votos hacia Ciudadanos durante la crisis catalana: el porcentaje de votantes de Ciudadanos que expresan una voluntad de votar al PSOE es ahora el doble del porcentaje de votantes del PSOE que dicen que optarán por Ciudadanos. Es un barómetro cuya recogida de datos se hizo en un momento especialmente favorable para el partido de Sánchez, lo que explica que la “cocina” del CIS haya tenido que corregir a la baja los extraordinarios resultados obtenidos por el PSOE en los datos brutos.  

Querría sin embargo escribir de un proceso más de medio plazo (sería pretencioso llamarlo de largo), que creo particularmente relevante que para entender las dinámicas de competición política de la actualidad: la progresiva derechización demoscópica de Ciudadanos y su distanciamiento respecto del PSOE desde su plan frustrado de investidura de Pedro Sánchez en 2016. Visto con un poco de perspectiva, esta es una de las principales transformaciones sostenidas en el tiempo desde la aparición del nuevo sistema de partidos. Es supongo muy pronto para dar explicaciones definitivas de este proceso, pero mi hipótesis preferida es que los anclajes ideológicos clásicos (que son “atajos” que ayudan a los individuos a formarse opinión sobre las políticas públicas, actitudes, y prioridades) están más vivos de lo que muchos pensaban, y a los nuevos partidos les resulta difícil obviarlos, aunque sin duda les gustaría. Dicho de otra forma, es complicado sostener en el tiempo bajo un mismo paraguas partidista a votantes de tradiciones ideológicas diferentes.

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Cinco lecciones de la moción de censura de Pedro Sánchez

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Cinco gráficos para entender el crecimiento de Ciudadanos

Ayer el Centro de Investigaciones Sociológicas publicó el avance de resultados de su primer barómetro político del año. Uno de los titulares es el ascenso de Ciudadanos, en intención directa de voto y en porcentaje estimado de voto, siguiendo la tendencia ya marcada en el barómetro de otoño, y en línea con lo que están detectando los institutos demoscópicos privados en los últimos meses. Hace medio año, el CIS estimaba que C's obtendría el 14,5 por ciento de los votos si hubiera elecciones. Hoy ese porcentaje se ha disparado hasta el 20,7. ¿Qué fuerzas están detrás de esta subida? ¿A qué votantes está atrayendo ahora Ciudadanos? ¿Es este crecimiento sostenible? Es muy pronto para dar respuestas a estas preguntas. Aquí ofrecemos solo algunas pistas para empezar a responderlas, ilustradas con cinco gráficos.

Cs está creciendo sobre todo gracias a exvotantes del PP, aunque no solo.

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Cinco cosas que aprendimos el 21D

¿En qué medida los resultados del 21-D se han desviado de los escenarios que anticipábamos hasta ayer?

En primer lugar, hay que reconocer que las encuestas de las que disponíamos lo han hecho razonablemente bien. Si tomamos como referencia la encuesta preelectoral del CIS cuyo trabajo de campo se hizo antes de la campaña electoral, Ciudadanos ha obtenido 2,9 puntos porcentuales más de lo que allí se predijo; Junts Per Catalunya, 4,8 puntos más; Esquerra, 0,6 puntos más; PSC 2,1 menos; Catalunya-en-Comú-Podem, 1,2 menos; CUP 2,2 menos; y el Partido Popular, 1,4 menos. No son diferencias enormes, con la excepción quizá del partido de Puigdemont. Y es más, las encuestas que se hicieron durante la campaña posteriores a la del CIS marcaban tendencias muy claras que acabaron siendo consistentes con los resultados finales: Cs y JxC estaban creciendo, mientras que los partidos pequeños perdían apoyos. Así todo, dada la situación en la que se celebraron estos comicios, las encuestas nos dejaban varios interrogantes. Solo ayer por la noche pudimos resolverlos del todo.

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Fieles pero descontentos

Una de las principales cuestiones que subyacía a los análisis los eventos del otoño caliente catalán era en qué medida la escalada del conflicto entre el gobierno independentista catalán y el gobierno central provocaría un cambio en la famosa "correlación de fuerzas" en la sociedad catalana: ¿lograrían los independentistas que la reacción del gobierno español provocara una ampliación de su base social, que parecía estar estancada durante los últimos años? ¿O acaso el incremento de la tensión institucional y la incertidumbre política y económica provocaría un abandono del barco independentista por parte de algunos sectores, lo que haría que el soberanismo perdiera su hegemonía electoral?    

El escenario que dibujan la mayor parte de las encuestas -una alta estabilidad del voto dentro de cada bloque, y una posible ganancia del conjunto de partidos no independentistas como consecuencia de una altísima movilización de antiguos abstencionistas- parecería sugerir que ninguno de estos dos procesos se están produciendo ¿Podemos concluir por tanto que los últimos meses no han provocado fisuras ni en el bloque soberanista ni en el anti-independentista? Creo que sería una conclusión apresurada. 

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Tres miradas al barómetro del CIS sobre Catalunya

Todos los barómetros del CIS que incluyen indicadores electorales y de valoración política suscitan siempre una gran expectación y son ampliamente comentados por los medios de comunicación. Sin embargo, la expectación generada por el último barómetro que ha dado a conocer este organismo público, a través de su página web, seguramente bate récords. Se esperaba este barómetro, realizado entre el 2 y el 11 de octubre, para valorar el impacto, a nivel nacional, de la crisis catalana en el clima social y el pulso electoral. Se trata del primer estudio de opinión pública realizado por el CIS después de que se produjera el estallido de la crisis catalana, tras la celebración el pasado 1 de octubre del referéndum independentista.

El acusado incremento de la preocupación social por la situación de Catalunya ha sido uno de los resultados que más se han comentado. Algo que no es de extrañar, si tenemos en cuenta que el desafío independentista se ha convertido en un solo mes en la segunda preocupación ciudadana, sólo superada por el paro y desbancando al tercer puesto del ranking de problemas la inquietud que genera la corrupción y el fraude.

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Encuestas en la montaña rusa: cinco motivos para ser prudentes

Ante la inminencia de las elecciones catalanas convocadas para el próximo 21 de diciembre, se nos viene encima una nueva avalancha de estudios demoscópicos que aspiran a orientarnos sobre lo que ocurrirá en dicha contienda. En este blog solemos defender el trabajo de los responsables de estos estudios, y queremos ahora llamar la atención sobre lo difícil que lo tienen esta vez, en especial cuando se evalúa la calidad de su trabajo de forma estrecha e injusta por cuánto sus predicciones se acercan del resultado final de la votación. En este contexto actual, predecir el resultado de las elecciones al Parlament es particularmente difícil, por los siguientes motivos. Seamos por tanto prudentes a la hora de leer e interpretar las estimaciones que veremos en las próximas semanas.

1. Escenario cambiante plagado de “eventos” con capacidad de alterar las preferencias políticas.

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La hora de los valientes

Vivimos tiempos convulsos, tiempos que han desatado una polarización en las acciones y una inflación retórica sin precedentes. Los ejemplos abundan y no es nuestra intención amonestar a nadie. Nuestro objetivo es otro, pensar una posible salida al aparente bloqueo al que la gestión del pre y post 1-O nos ha traído.

Nuestro análisis y nuestra recomendación parten de varias premisas. La primera es que estamos ante un problema político de primer orden que, más allá de lo que ocurra en los próximos días, no se resuelve simplemente con la invocación a la legalidad. Creemos que esa falta de audacia en la búsqueda de soluciones políticas a demandas políticas es una parte de lo que nos ha llevado a la espiral de polarización actual que nos preocupa a todos.

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Secesiones democráticas

¿Cuándo una secesión puede considerarse como “democrática”? En el polarizado debate actual, la calificación sobre los procedimientos de unos y otros como “democráticos” o “antidemocráticos” sigue lógicas totalmente diferentes en función de quién los use. Para unos, lo que define un procedimiento como democrático es que se adopte de acuerdo a la regla de mayoría, contando preferencias individuales según el principio de “una persona, un voto”. Si los catalanes votan, y una mayoría de ellos decide optar por la formación de un nuevo Estado, estaríamos ante una secesión “democrática”. Para otros, lo que define algo como democrático no es la existencia de una mayoría en una parte del territorio, sino el respeto a los procedimientos a través de los cuales opera el régimen democrático existente. La secesión supone una ruptura del pacto original, y por ello ha de ser tramitada siguiendo los procedimientos constitucionales sobre los que se asienta el régimen democrático. Fuera de la legalidad constitucional no caben las secesiones “democráticas”. 

En el choque de estas dos lógicas estamos instalados desde hace ya bastante tiempo. ¿Es posible conciliarlas? A continuación expongo mi humilde intento.

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