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José Ricardo de Prada

Magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Juez internacional en la Sala de Crímenes de Guerra de la Corte de Bosnia Herzegovina (2005-2008). Ha participado como experto en Derecho Penal Internacional en un proyecto de la Unión Europea para asesorar a jueces y fiscales en Colombia en el marco de la Ley de Justicia y Paz. Desde 2011, es Juez del Mecanismo Residual para Tribunales Internacionales Ad hoc de la Naciones Unidas (MICT). Punto de contacto de la Genocide Network de la UE.

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Verdad y justicia para el genocidio de Srebrenica

Se ha dicho que la primera víctima de todas las guerras es la verdad. Veinte años después de la más cruel masacre ocurrida después de la segunda guerra mundial en Europa, aun cuando las armas llevan ya dos décadas calladas, continúa una guerra sorda y soterrada, por la verdad, la justicia y por escribir una memoria dominante de lo ocurrido. Faltan consensos básicos, incluso en temas tan altamente simbólicos, como lo ocurrido hace veinte años en Srebrenica, y a día de hoy se sigue negando por los dirigentes de Serbia nación y sobre todo por los de la República Serbiobosnia (Republika Srpska), que se tratara de un crimen de genocidio, aunque sobre ello si exista consenso en la comunidad internacional, dispuesta a aprobar una Resolución en ese sentido por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que finalmente ha sido vetada por Rusia en el último momento. Tampoco los tribunales internos ni internacionales han sabido acabar con su cometido de hacer justicia y aunque se han puesto muchos medios y se ha andado un largo camino, quedan todavía muchos, demasiados, temas pendientes sobre verdad, justicia y reparación, lo que sin duda, aunque no es el único factor, está contribuyendo negativamente a la conciliación de las distintas etnias en conflicto y al progreso del país en el que todos se ven forzados a cohabitar.

La ferocidad de la guerra de Bosnia Herzegovina dio lugar a que por primera vez en la historia, la comunidad internacional organizada en torno a Naciones Unidas decidiera, cuando aún no había terminado la contienda ni su fin se viera como algo próximo, la creación de un tribunal internacional como un instrumento de paz y seguridad, con la finalidad de poner de manifiesto, de forma clara y tangible, que nada de lo que estaba ocurriendo durante dicha guerra quedaría impune, que sería investigado y perseguido y que la fiscalía recabaría las pruebas necesarias para los futuros procesos que se siguieran. Este Tribunal que desde entonces viene operando y que será sustituido por otro también para el de Ruanda, denominado curiosamente como Mecanismo Residual para los Tribunales Internacionales ad hoc (MICT), ha tenido ocasión de pronunciarse ya en varias ocasiones sobre Srebrenica y declarar, de forma unánime y sin fisuras, que lo allí ocurrido era un "genocidio", condenando por ello a varios altos militares y otros cargos de inteligencia y seguridad serbiobosnios – Krstic, Popovic, Beara, Tolimir -. Ha dicho que los asesinatos en masa de unas 8000 civiles, musulmanes bosnios, hombres adolescentes, jóvenes y adultos, huidos de sus lugares por el horror de la guerra y refugiados junto con sus mujeres en una zona segura bajo la protección de Naciones Unidas, ejecutados sistemáticamente por el ejército serbobosnio y paramilitares venidos en muchos casos de la vecina Serbia, en los días siguientes al 11 de julio de 1995, en las granjas y en los bosques aledaños de la pequeña localidad de Srebrenica, fueron mucho más que un grave episodio de guerra y respondieron a un plan de exterminio de ese grupo étnico de civiles musulmanes refugiados en una zona geográfica bajo su control militar. También el Tribunal Internacional de Justicia tuvo ocasión en febrero de 2007 de condenar a Serbia por incumplir su obligación de prevenir el genocidio de Srebrenica producido en 1995.

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