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Lourdes Lancho

Periodista. Subdirectora de "A vivir que son dos días" en la Cadena SER.

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España en serie

Dicen que las plataformas digitales han cambiado nuestra forma de ver televisión y cine. Y de percibir la realidad también. Al final de tanto ver series acabas viviendo la realidad como si fuese una de ellas. Espera, no. Es que la realidad cada vez se parece más a la ficción. Ya no la supera, están a la par.

En un mismo día coinciden varios puntos calientes de información. En el Tribunal Supremo primera jornada del juicio contra los líderes independentistas catalanes. Escenificación en la puerta, y en la sala. Los asientos de los acusados van de tres en tres como en los aviones o como en el dragón kan, tal y como han observado algunos en twitter.

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Arrastrados y arrasados por los sentimientos

Vivimos un tiempo con el espacio público dominado por las emociones. No. Las redes sociales y el acceso a la información no han llevado a una mayor reflexión o sabiduría. Se ha abierto compuerta a los comentarios entre amigos en la barra del bar, a los aspavientos de sala de estar ante la tele, o a las emociones desatadas ante situaciones que requerirían serenidad y cabeza fría. No hay filtro, y no, tampoco los hay en política. La emoción siempre gana a la razón, y cuando mandan las emociones no caben argumentos ni debates. Tan solo discusiones que ya arrancan a voz en grito. Todos compramos antes lo que apela a la emotividad. La razón es a menudo antipática y en un tiempo con tantas incertidumbres y tantos frentes abiertos necesitamos que nos den certezas absolutas que no existen.

Se podría hacer un repaso de cómo la reacción en caliente está aniquilando la política y nos arrastra, como sociedad, a esa zona que siempre acaba revuelta y con pésimas decisiones. La prudencia de la diplomacia internacional, y la calma que se debería tener ante la crisis en Venezuela, choca de frente con la urgencia que mostró desde el minuto uno la derecha en España para apoyar a Juan Guaidó, el líder de la oposición venezolana. Tomar distancia y posicionarse en el tema venezolano es tan impopular como en su momento declararse equidistante en Catalunya. Pedir calma, y no un pronunciamiento radical a favor de uno u otro bando, se ve como algo sospechoso. Una cobardía.

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La igualdad como patrimonio

Muchas mujeres de la posguerra española criaron a sus hijas susurrándoles al oído que estudiasen una carrera, o en su defecto tuviesen un oficio, un trabajo. Que jamás dependiesen de nadie. Al menos es lo que yo viví en casa. La dependencia económica es la cárcel, quedarse en casa cuidando a los hijos, ancianos y enfermos ha sido el rol femenino tradicional que nos ha condenado a la cuneta social. Porque sí, cuidar es maravilloso, pero también lo es sentirse libre de vivir la vida que quieras, y además de ser madre, ser mujer, periodista, carnicera o ingeniera molecular.

Crecimos escuchando a esas madres mientras nos hacían la merienda, y protagonizamos las primeras fotos con birrete y orla en muchos comedores de pisos humildes de toda España. El orgullo de ser las primeras licenciadas universitarias de miles de familias. Su trabajo y enorme sacrificio estaba en esas fotos expuestas como trofeos sobre la tele. Hoy las teles son de plasma y no aguantan un marco de fotos. Y la ultraderecha... bueno, la ultraderecha en boca de Aznar ya dijo hace años que lo que le gustaba era “la mujer, mujer” y con esta imprecisión ya lo entendimos todo.

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Silencio, se está negociando

Hace unos días se aprobó en el Senado la Ley Orgánica de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales. Con ella se permite a  los partidos políticos elaborar bases de datos que tracen un perfil ideológico  a partir de las redes sociales y de webs a las que regalamos, con total inconsciencia, nuestros datos. También autoriza a los partidos a enviarnos propaganda electoral de forma electrónica. Es por eso que a esta ley se la conoce por la del spam electoral. No quiero entrar a analizar o valorar este asunto sino proponer un pacto, un quid pro quo a los políticos ya que nos van a coser a mensajes y consignas en nuestros buzones de entrada.

Hagamos un pacto por el que partidos y líderes políticos dejen las redes sociales. Déjenlas de lado por favor, por lo menos durante un tiempo, el que dure el buen propósito de tomar decisiones difíciles. Porque se tienen que tomar decisiones firmes y con muy mal marketing así a primera vista, si queremos salir de algunos hoyos en los que estamos.

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No pidas a quien pidió ni sirvas a quien sirvió

Pues ya somos europeos. Parecíamos la aldea gala, el país en el que la ultraderecha no había enseñado todavía la patita. Quizás alguien pudo pensar que en España teníamos muy presente la dictadura franquista, que era demasiado pronto... Pero justamente por eso, a la que alguien ha encendido la cerilla, ha prendido como en un pajar.

Vox ha conseguido entrar en el parlamento andaluz nada más y nada menos que con 12 escaños. No caigamos en el error de pensar, como se ha hecho con Trump, que sólo los catetos votan a la ultraderecha. O sólo los pobres. O sólo los que viven en las zonas rurales. La realidad es mucho más compleja.

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Convertirnos en malas personas

Me avergüenza, sin excusa, la falta de respeto. Y últimamente el respeto cotiza a la baja en la vida pública, desde Estados Unidos hasta nuestro país, pasando por la flemática Gran Bretaña. Hablando de flemas. Ahora te escupen un “fascista” o un “golpista” y se quedan tan anchos, e incluso parece que se puede escupir literalmente, como dice el ministro Borrell, le ha hecho un diputado de Esquerra en el Congreso. Todo muy de patio de colegio. Con el agravante de que en el cole tienes toda la vida por delante para aprender a respetar.

El respeto me parece un mérito intelectual y moral, que no tan solo tiene que ver con las aulas. El respeto se inculcaba en las casas, esos valores que no se compran con dinero, y que te enseñan a ser buena persona. Y aquí quería llegar.

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Malos tiempos para la justicia

En Madrid se ha puesto en marcha una iniciativa artística que estampa versos de ciudadanos en algunos pasos cebra de la ciudad. Es bonito, mientras esperas a que se cambie el semáforo, leer el verso, a veces casi un haiku, otras una consigna. Se llama, la iniciativa “versos al paso”, y a mi me parece preciosa.

Justo en la calle San Bernardo, esquina con la calle Pez, hay en el paso de peatones una frase estampada: “Que no se te olvide: esta manada aúlla más fuerte que la vuestra.” Quizás si mantienes la vista hacia el suelo no la entiendas, o no sepas interpretar el mensaje. Pero al levantar la mirada te topas con la sede del Ministerio de Justicia ante el cual, y sobre ese mismo trozo de calle, gritamos, perdón, aullamos mujeres y hombres que no concebíamos que la justicia pudiese ser tan cruel. Eso fue el pasado mes de abril. Cuando la Audiencia Provincial de Navarra dictó la sentencia que consideraba la violación de una chica de 18 años por 5 hombres en un portal era un delito sexual y no una agresión. Unas veces la violencia se ve, aunque no exista, y otras se vuelve misteriosamente invisible. Seguramente porque los magistrados que decidieron se hubiesen enfrentado en solitario, como Bruce Lee, a 5 tíos grandes como armarios.

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El príncipe moderno y el politólogo

Cuando yo empecé a trabajar en la radio, escuchaba y leía hablar de la influencia de Karl Popper (el filósofo, no la droga) y Francis Fukuyama proclamaba el final de la historia. Ese era más o menos el telón de fondo intelectual de ese principio de los 90. Esas eran algunas de las referencias que se manejaban en tertulias y entrevistas.

Luego llegó lo de la sociedad líquida de Bauman, pero de todo esto hablo de oídas porque en esto del periodismo diario se acaba siendo aprendiz de mucho, maestro de nada. Lo menciono porque siempre se trabaja con un marco intelectual de fondo, una moda, algo de lo que todo el mundo habla, de lo que todo el mundo escribe y en el que te ves metida sin tener mucho que aportar.

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Política sin gente, gente sin política

Ya decía Marx que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los medios equivocados (lo dijo Groucho, disculpen la broma fácil). Esto viene a cuento de lo que pasó la semana pasada con el Supremo y las hipotecas. Fue uno de esos capítulos (uno más, suma y sigue) que nos recuerda por qué la ciudadanía no confía en la política y en los políticos para solucionar sus problemas.

Ya veremos si se mantiene la doctrina y si aclaran de una vez quién paga el llamado impuesto de las hipotecas. Sin entrar en detalles, porque no sé dónde piso en el terreno judicial, el relato para la justicia española, ya bastante baqueteada en los últimos tiempos, es demoledor. Resulta que hemos estado calculando nuestras hipotecas, incluyendo unos impuestos, gastos notariales, etc., que a lo mejor no nos tocaba pagar. Quien se haya comprado un piso sabe de qué estoy hablando... se daba por hecho el porcentaje que se aplicaba en cada comunidad y se incluía en los planes de compra.

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L'Esquerra y l'Esquerda (La izquierda y la grieta)

Desde que se inició está especie de locura zombie del “procés” ser de izquierdas y no sentirse incómodo en todas las siglas es prácticamente imposible. Aquello de “no nos representan” para un votante de izquierdas, con conciencia de clase, se convierte en una pregunta “¿quién nos representa?”. Repasemos las opciones. Muchos dirán que la CUP. Puede. Pero se hace difícil, nuevamente, explicar que quienes cuestionan el sistema se alíen y vayan codo con codo con los que llevan siglos representándolo. Recuerdo unas imágenes como ejemplo: la concentración en la Diagonal de trabajadores de las oficinas centrales de La Caixa y otras del financial district de Barcelona gritando ese lema tan “cupaire” de “els carrers seran sempre nostres”. Ese día muchos nos quedamos pasmados ante el televisor. Se puede argumentar con que es una alianza táctica para conseguir la república catalana y refundar el sistema. Pero lo hacen con quienes son el sistema. Los que ven, en esa república, una oportunidad para controlar su negocio directamente y sin intermediarios. Ser dueños definitivamente del cortijo, vamos. Llamadme resentida, pero no me convence.

El PSC. Los socialistas hacen lo que pueden pero siempre mirando quién les va a pisar el callo desde Madrid y ahora con las elecciones andaluzas, desde el sur. Susana Díaz no va a dejar pasar el filón que puede suponer el agravio comparativo de trato de favor que el gobierno de Pedro Sánchez pueda dar a los catalanes. Aunque todavía no tenga nada sobre la mesa, el que en Moncloa quieran hablar, ya le da argumentos a Susana para llenar discursos y de paso molestar a su inquilino. Una vez más Miquel Iceta tendrá que demostrar su habilidad política y funambulística. 

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