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Lydia Cacho

Periodista mexicana, escritora, defensora de los Derechos Humanos. Autora de 12 libros traducidos a nueve idiomas, entre ellos 'Sexo y amor en tiempos de crisis: Lo que debes saber antes de cumplir 40' y 'En busca de Kayla'. Ha sido reconocida con algunos de los premios más importantes del mundo en materia de periodismo y Derechos Humanos. Viaja por el mundo impartiendo cursos, conferencias, talleres y capacitaciones de diversos temas relacionados con el periodismo de paz y los Derechos Humanos. Es experta en capacitación y asesora de diversos organismos civiles del mundo.

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México bárbaro

Camino al lado de mi colega Miroslava Breach por las calles de Chihuahua, en el norte de México; ambas estamos acostumbradas a marchar a paso rápido, seguramente por los años de trabajar como reporteras en nuestro país y la prisa por encontrar verdades y voces que precisan ser escuchadas. Entramos a la Procuraduría de Justicia, la fiscal nos espera con un claro gesto de ansiedad; sabe que esta periodista norteña de sonrisa franca y ojos hermosos ha trabajado durante años en documentar los feminicidios en el norte de México al lado de periodistas como yo. La fiscal se ve obligada a dar explicaciones puntuales, de esas que evitan sistemáticamente los funcionarios judiciales de México. Lo hace casi contra su voluntad, temerosa de decir algo que pueda costarle la vida.

Yo le pregunto sobre evidencia científica, datos concretos, reconocimiento de ADN de veintenas de niñas asesinadas y tiradas como despojos en baldíos. Corría el año 2000 y pasaron unos meses para que la fiscal me confesara que después de nuestra visita fue amenazada por el jefe de la policía de investigación, que resultó ser el operador del Cartel de las drogas que dominaba la región. Una y otra vez ella y yo hablamos sobre la importancia de investigar con perspectiva científica, reportear como si fuésemos corresponsales de guerra en nuestro propio país, documentar cada instante y obtener evidencia como sólo lo hacen las mejores policías de investigación de otros países. Nos reíamos de las correrías, a veces de alegría por los logros, a veces para espantar el miedo después de alguna amenaza.

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