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Pablo Torres

Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la Universitat de València.

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Mañana, ¿una Europa mejor?

Tenemos la suerte -o la desgracia- de habitar un mundo en el que, hoy en día, todo es volátil, nada es rígido y, lo que hoy aprendemos, mañana puede haberse quedado en papel mojado. En este contexto mundial de cambio continuo; procesos globales que a todos afectan; economías en auge, y economías en declive; surgimiento de nuevas ideas, o resurgimiento de antiguas; se encuentra un continente histórico, llamado Europa. Podría extenderme en la historia que nos une a los europeos: una historia de guerras continuas, una historia de progreso incesante, o una historia de hegemonía global; pero vivimos en un momento histórico el cual requiere de una mirada puesta en el futuro y una mejora del presente, como manera de alcanzar ese tan ansiado esperanzador mañana.

La globalización es el presente, y quizás nuestro más probable futuro, un proceso que, según Ulrich Beck, ha llevado a la existencia de unos riesgos globales que actúan como autores del deterioro de nuestros sistemas de seguridad, y, que difícilmente, pueden ser atribuidos a unos responsables concretos. Así pues, este proceso que; por un lado, ha sacado de la pobreza extrema a sociedades enteras en el Pacífico y, que, por otro, ha precarizado y desestabilizado los empleos de millones de nuestros ciudadanos occidentales; no tiene causante claro y definido. Además, no debemos olvidar que la globalización ha provocado un elevado descenso de la capacidad de decisión en múltiples ámbitos, desde la maniobrabilidad de los gobiernos nacionales hasta el poder de elección como ciudadanos. Y este hecho ha sido visible desde la óptica social. Europa, para mejorar su presente, debe ser consciente del complejo escenario en el cual vive, debe afrontar unida este proceso global, aunque para ello sea necesaria esta cesión de soberanía pues, desde la unilateralidad y el tamaño de los países que la formamos, nadie será relevante en el futuro, y, por tanto, desde la irrelevancia, nadie alcanzará la prosperidad. El camino a seguir es más unión; el camino es algo que, por suerte ahora sí, ya existe: la Unión Europea.

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