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Paula Ramos

Socióloga de formación y educadora por pasión, hace más de 15 años que estoy vinculada con la infancia y con el ocio educativo, usando y fomentando el juego como herramienta educativa para el cambio social.

Gracias a los perros y los caballos descubrí las injusticias que cometemos sobre el resto de animales y me comprometí con sus derechos y la imperiosa necesidad de un mundo más justo con todos sus habitantes. Creé Dekimba para fomentar una educación que empodere a la infancia y la comprometa con un cambio de paradigma.

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'Guardianas del Planeta', primeras colonias de verano infantiles por el respeto animal

El movimiento educativo centrado en el tiempo libre se inició como una oportunidad para las niñas y niños más pobres de conocer el campo, disfrutar del aire libre y alimentarse de forma saludable, alejados de la industrialización de las ciudades. A finales del siglo XIX, el pastor evangelista suizo Walter Bion se llevó a un grupo de niñas y niños al campo, para alejarlos de las zonas más contaminadas y facilitarles todos los beneficios del contacto con la naturaleza.

El nacimiento de la educación no formal estaba centrado en un nuevo paradigma educativo en el cual el papel de la infancia cambiaba por completo. En nuestro país, la  Institución Libre de Enseñanza organizó durante los años previos al golpe militar del 36 las Colonias Escolares, que buscaban fomentar una educación lejos de los currículos educativos oficiales y ofrecer a la infancia un entorno vivencialmente enriquecedor y educativamente estimulante. Fue la primera experiencia no formal en España que, también, fomentaba el contacto de la infancia con la naturaleza y los otros animales.

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Jugando para cambiar el mundo

Marco es un chimpancé que nació hace más de treinta años en Valencia. Le alquilaban para trabajar en campañas publicitarias, películas, fotos de estudio y espectáculos de circo. Pero las cámaras ocultaban una vida lamentable: encerrado en una diminuta jaula, vivía dentro de un camión junto a otros seis chimpancés, también explotados por quien se creía su dueño. Hasta que Fundación Mona realizó su primer rescate y trasladó a Marco y a sus compañeros al centro de primates donde actualmente viven tranquilos, en paz y junto a otros chimpancés rescatados por la Fundación, en un entorno adaptado lo máximo posible a sus necesidades naturales.

Historias como la de Marco o la de tantos otros animales explotados por los seres humanos son la prueba de que, a pesar de los cambios sociales y legislativos que se han dado en las últimas décadas, queda todavía un largo camino por recorrer hasta poder considerarnos una sociedad empática, respetuosa y solidaria. Y en ese camino la educación es y será un pilar fundamental en el que debemos incidir si queremos conseguir un cambio real y duradero.

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