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Tomás Martín Tamayo

Docente y escritor. Cofundador, junto a Adolfo Suárez, del CDS. Fue diputado autonómico y consejero de Cultura, Educación y Deportes de la Junta de Extremadura. Tiene catorce libros publicados de temática diversa y es desde hace años colaborador habitual en los medios nacionales y extremeños.

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Pequeño recordatorio ( y III)

En diciembre pasado, el director de uno de los periódicos digitales de más audiencia en España, me decía que el gabinete de comunicación que se había montado en Extremadura tenía más medios y personal que el del presidente del Gobierno. Yo le maticé que no era un gabinete de comunicación, sino de propaganda personal de Monago. Y se lo expliqué: ¿Qué sabemos de la gestión que se está haciendo en Agricultura, Turismo, Sanidad, Infraestructuras…? No podemos juzgarla porque si lo están haciendo bien o mal, eso no preocupa en absoluto al consejero de Ocurrencias que contrataron para  aumentar los delirios de grandeza del  presidente del ridículo gobex (con minúsculas, por favor). Se ignora lo que hacen y se ignora quién lo hace, porque los consejeros son peones desconocidos en un tablero en el que no hacen ni sombra. Toda la cama la ocupa Monago y a sus pies, arrellanados en las alfombras, andan desperdigados los consejeros, que se van a ir tan desconocidos como llegaron. Si es que llegaron alguna vez. Todavía siguen en funciones, pero invito a cualquier lector a que haga un esfuerzo mental para poner nombre y careto a los responsables de cada uno de los departamentos. Además de la vice Jejeje, el duendecillo de las ocurrencias  y el propio Monago ¿son capaces de acordarse de dos o tres más? ¡Pues son nueve, con el de Ocurrencias y Recados y Asentimientos!

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Pequeño recordatorio (II)

¿Te ha llamado Vara?, me preguntó un conocido que suele seguir la faena política desde el tendido. La interrogante no era ingenua y el que la formulaba lo hacía porque, supongo, me veía en espera de no sé qué. Pues sí, me ha llamado Vara, le respondí, y no le di más explicaciones, con lo que el buen señor todavía estará deshojando la margarita sobre el puesto que me ofreció o que yo persigo. Lástima que no sepa que estoy de vuelta de casi todo y que lo único que anhelo es “que no me quiten el sol”, caminar a mi paso y disfrutar del sosiego que tengo. La libido del activismo y la participación política la tengo muy baja y no hay oferta ni tentación posible. Pasé la página para siempre jamás y  sólo espero que no me quiten la tranquilidad recuperada tras el 24 de mayo, porque cuatro años de vergüenza ajena, de ocurrentes y ocurrencias ya fueron demasiado. No puedo remediar sonreír para adentro cuando, ahora, me comentan desde todos los frentes del PP -vaya descubrimiento-, que la sobreactuación, los excesos, las ocurrencias chirriantes y el divismo, han sido causa de la causa del mayor estropicio del Partido Popular en la elecciones autonómicas de toda España... Bienvenidos, pero ¿no os apuntáis alguna culpa con vuestros cuatro años de silencio?

 Hay gente sin profesión conocida que se han especializado en hacerse imprescindibles para el que llega. Lo mismo les da que sea blanco, negro, cobrizo o amarillo, porque siempre están de guardia, ojo avizor,  jejeje de oreja a oreja, para otear la ruta del que va a llegar y salir a su encuentro. Esa es su profesión. Son zahories políticos que con solo mirar el terreno, ya saben dónde hay agua para saciar su sed. Corchos que flotan en cualquier líquido, tan pragmáticas que no pierden el tiempo en trabajar ni en los partidos políticos porque su especialidad es tan simple como situarse al lado del que manda, para navegar sin esfuerzo siguiendo la corriente que las lleva. Gentuza, garrapatas que se han acostumbrado a vivir holgadamente del erario público, que no aportan nada y que desde luego no se van a romper la uñitas con el engrudo de los carteles. En la tercera entrega de este pequeño recordatorio me pararé un poco en los ocurrentes que llegaron para hacernos un favor y que ahora se quieren quedar, como sea y donde sea, porque no tienen adónde ir. La misma ruina que han traído a su marioneta los ha dejado con el culo al aire.

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Pactar no es pastar

Pactar está bien y pastar tampoco está mal si no se vende como un pacto. Son verbos diferentes. El pasado 24 de mayo el electorado no enterró el bipartidismo, pero envió un serio aviso, obligando a los dos partidos mayoritarios, PSOE y PP, a dejar de mirarse el ombligo para complementar mayorías. Como en Extremadura no hay mucha práctica de diálogo, los hegemónicos  han tenido que someterse a una apresurada y rigurosa dieta de adelgazamiento de la soberbia que, en algunos ayuntamientos, sobrepasaba los 20 años, con el contundente argumento de “porque me sale de los co...” Durante 26 años,  Extremadura se hizo tan estrecha que solo cabía en ella el pensamiento de Ibarra, que tampoco era muy ancho. Era el amo y como amo se comportaba, eligiendo interlocutores sumisos y concediendo “peonadas” en las plazas de los pueblos a los que esperaban ser señalados por su dedo protector. Antes los señoritos lo hacían desde un caballo, pero él mandaba a sus capataces para cumplimentar tan desagradable misión y, si acaso, señalaba  a alguno bajando la ventanilla de su coche oficial. Todavía, 32 años después, sigue montado en el coche, aunque lleva ocho fuera del mando en plaza. El excelentísimo de por vida no se baja del coche oficial ni aunque se lo llenen de escorpiones y, si puede, en él hará su último viaje.

Dijo Ibarra  –¡qué humilde!- que se iba al asiento trasero, dejando supuestamente que Vara condujera la tartana, pero todo indicaba que seguía marcando la ruta, los destinos y paradas, porque a los dictadores, no sólo a Franco, les gusta dejarlo todo “atado y bien atado”. Vara logró incluso más escaños, 38, pero era evidente de que nunca logró liberarse del aliento en su nuca del padrecito que, casi desde el principio, se dedicó a meter entre las ruedas de su supuesto protegido los palos de la displicencia. Vinieron mal dadas porque Zapatero, una ruina como político, se encargó de arruinar al PSOE y de sus lodos salieron los barros de un PP hegemónico que logró superar al PSOE incluso en Andalucía, Extremadura y Castilla la Mancha.  Y Vara, haciendo suyo el poema de Rafael León y Antonio Quintero, parece que se dijo: “Otro cualquiera en mi caso/ se hubiera echao a llorá…/Yo, crusándome de brazo/ dije que me daba igual”. Aguantó el tirón, supo digerir la derrota y afrontar el reto de recuperar el poder cuatro años después. “Con la ayuda del vecino, mató mi padre un cochino” se dice en mi pueblo. Si ZP ayudó al PP, no se puede negar que el pistacho fosforito de altos vuelos ayudó al PSOE con su mercadotecnia de todo a cien. ¿Dónde estará el consejero de Ocurrencias? Los centenares de cargos de libre designación, que están recogiendo sus cosas para salir pitando, deberían organizarle un homenaje. Dos por el precio de uno, a él y a su marioneta.

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¿Trato hecho?

Me susurran al oído que entre el PP y Ciudadanos hay acuerdo para que el PP siga gobernando la ciudad de Badajoz y que el asunto está más complicado en Cáceres. En lo que respecta al ayuntamiento pacense me dicen que se está mareando un poco la perdiz, escenificando diferencias insalvables, pero que al final, antes del 13, los dos “cederán” y habrá fumata blanca. No afirmo ni desmiento, pero quien me informa no suele errar en sus predicciones y en este caso tiene motivos para saber de lo que habla. Si es así tampoco es nuevo, porque yo he conocido acuerdos desde el primer café que se han vendido como diferencias insalvables hasta el último segundo, en el que, qué casualidad, lograron un entendimiento cuando el carrillón cantaba la hora límite. De todos modos, si se analizan las diferencias que se han hecho públicas suenan un poco huecas. Veamos:

Ciudadanos sale de la reunión afirmando estar más cerca del PSOE que del PP, porque Fragoso, el alcalde en funciones, se niega a prescindir de los puestos de confianza y a rebajar el número de concejales liberados y semiliberados. ¿Ese es el abismo que los separa? Fragoso es un político pragmático y entre reducir concejales liberados y no tener ninguno al pasar a la oposición, no tengo ninguna duda de que cederá, si no lo ha hecho ya, para hacer bueno aquello de “del mal el menos”. ¿Se va a empeñar el PP en mantener los cargos de libre designación del ayuntamiento, aún conociendo el riesgo de pasar a la travesía del desierto que supondría dejar el gobierno municipal después de 20 años de mando en plaza? Yo no lo creo y me cuadra que PP y Ciudadanos están dando muchas “espantadas” para mantener cada uno su rol, sin decepcionar a nadie. Esos amagos de votar finalmente al candidato socialista me parecen redobles de tambor, más para llamar la atención que para enviar avisos a navegantes al PP.

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Monago, ¿quién te dijo bonito?

Son muchas las causas que se apuntan para justificar la caída del Imperio romano, pero parece que la más evidente es la rebeldía de los gobernadores de provincias para seguir las consignas que llegaban desde Roma. Estos, amparándose en lo que consideraban “su ejército”, en  vez de cumplir, traducían las órdenes que llegaban según les convenía, dejando su impronta personal en todo lo que hacían.  Como si fueran pequeños emperadores que, ante la debilidad y la corrupción que azotaba a Roma, iban casi por libre. Hoy se les reconocería como “versos sueltos”. Cambiaron los estandartes, los signos, las costumbres e incluso las leyes… En esa deriva hacia los personalismos provincianos, el Imperio perdió cohesión y su propio peso aplastó las columnas que lo sostenían.

Hago esta incursión, sé que un tanto cogida por los pelos, para explicar el extraño caso de PP en Extremadura, con un Monago y un minúsculo cuerpo de ejército, asentados en la rebeldía y renegando de todo lo que pudiera llegar del PP como marca matriz. Por renunciar incluso renegaron del propio nombre, Partido Popular, para sustituirlo por uno de nuevo cuño, Hacemos Extremadura. Y ya puestos, cambiaron el logotipo, el color, la música, el mensaje, los modos y las formas… Un disparate, una deslealtad sin precedentes que el PP nacional consentía poniéndose de perfil para no reconocer una evidencia que podía resultar aún más inconveniente.

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La Torre de Babel

Los que quieran el domingo votar a Podemos en las elecciones municipales ¿qué nombre tienen que elegir? ¿Los de Ganemos en la candidatura autonómica son los mismos Ganemos en las municipales? Los escindidos de IU, frente Sosa-Jubete, ¿qué siglas han elegido? ¿Se presentan también a la Asamblea de Extremadura? ¿Qué papeleta tienen que coger los que quieran votar comunistas? ¿Socialdemócratas, liberales…? ¿Qué tienen que elegir los que quieran derecha, más derecha o derecha extrema? ¿Cuál es la papeleta que tienen que coger los que deseen regionalistas? ¿Cómo se presentan los restos de IU, subsector centro relativista de Pedro Escobar? ¿Quiénes son los de “Hacemos Extremadura? ¿Quién está detrás de “Adelante Extremadura? ¿Y los de Pacma?... Una auténtica Torre de Babel.

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Eso que llaman cultura

Tardé mucho tiempo, años, en enterarme de que cuando con otros amigos, esperábamos en la biblioteca municipal de Villanueva de la Serena a que pusieran en la mesa los últimos ejemplares de “El guerrero de la antifaz”, “Roberto Alcázar y Pedrín”, “Pantera negra”, “El Jabato” o el TBO, nos estábamos adentrando en el mundo sin retorno de la lectura y de la escritura. Tampoco supe que, cuando mi padre me entregó “Solo”, un relato tremendo de Armando Palacios Valdés, que me hizo llorar, me iba a marcar de por vida y no imaginé que al llevarme a ver el Museo del Prado, aquello era una visita cultural. Él me guiaba cogido de su mano, pero nunca dio importancia a lo que hacíamos ni me habló de “cultura”. Por supuesto, tampoco me dijo al entregarme un tomo encuadernado, con cincuenta ejemplares de “Blanco y Negro”, para que lo ojeara, que allí había información de España, de Europa, del mundo y que podía aprender… Eran cosas que me gustaban, con las que me entretenía, pero a las que no le daba más importancia que a otras, como correr por las eras, subir a los árboles para ver nidos, jugar a “toro visto”, al fútbol o al “palo y la billarda”.

Jugar era divertido y leer para mí era un juego porque soltaba mi imaginación, me hacía protagonista de historias fantásticas y, sobre todo, porque me señalaron el libro, pero jamás me obligaron a acercarme a él. Un día mi abuela me entregó un librito, “Dafnis y Cloe”, que conservaba de mi abuelo, escrito por un señor que se llamaba Longo y que despertó mi interés por el erotismo y me hizo pasar por el confesionario por los “malos pensamientos” que me surgieron. Tenía doce años. Qué sorpresa cuando, muchos años después, me enteré de que Longo era un escritor griego del siglo II. Por supuesto para mi aquello tampoco tenía nada que ver con la cultura, porque no podía ser cultura algo tan placentero, que ayudaba a imaginar otros mundos y divertía al mismo tiempo. Nadie me había dicho nada, pero yo asociaba “la cultura” con algo amuermante, tedioso, propio de gente aburrida y vieja, incapaces de sonreír. Después de Palacios Valdés y de Longo, se incorporaron Calderón, Lope de Vega, Tirso de Molina, Zorrilla, Bécquer, Machado, Lorca… ¡Yo no sabía que estaba leyendo a los que después estudié como “clásicos”! ¡Qué bien me lo pasé leyendo la historia de un majarón que se peleaba con molinos, escrita por un señor que se llamaba Cervantes! ¿Eso era cultura? Ni de lejos imagine semejante cosa.

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Qué cansino eres, Monago

Ya no sorprendes ni causas perplejidad, has contado tantas veces el mismo chiste malo que maldita la gracia de oírtelo una vez más. Comenzaste hace cuatro años con tonterías -decías que hablando en extremeño, mientras ponías acento vallisoletano-, después seguiste con las mismas ocurrencias, pero como eres tan moderno retaste en catalán, haciendo también pinitos con el vasco, el gallego y no recuerdo muy bien si también el canario, que debes manejarlo con soltura. Dejaste el extremeño-vallisoletano y te pasaste al inglés, aunque no sabes más allá del “yes”, pero sin cambiar el repertorio de tonterías. La factoría del consejero de Ocurrencias, anda con encefalograma plano y ya non capaces de parir ninguna gilipollez que no sea autocopia y refrito de gilipolleces anteriores. Un corta y pega de parvulario, vamos.  Los conejos que saca el tipillo de la chistera salen corriendo, las palomas se van volando y hasta el desodorante lo ha abandonado, porque, como a ti te gustaba decir cuando no eras un políglota, “jiede contra el viento”. Todo en ti “jiede contra el viento”, porque eres muy cansino, Monago.

Nos has hecho pasar los cuatro años más largos del calendario democrático. Algún día tal vez te lo perdonemos, todo menos el aburrimiento, porque la gota malaya a la que nos has sometido ha concluido por agujerear las testas más duras. Y tú tan contento por tener detrás de ti a tu banda de trompetillas, a tu sinfónica de panderetas e interpretando el himno de la alegría con “matasuegras” y pitos de cebada. Con tu tele de juguete, tu corte de correcaminos y tu periódico “chiripitifláutico”, pagando el alfombrado de baba que te han hecho con nuestro dinero, mientras te paseabas en plan Luis XV, creyéndote  “el bienamado”, dedicándote a la caza, a los viajes y a las diversiones de la corte. Y encima, ahora, en el último tramo, cuando falta un suspiro para que te vayas, además de seguir con “las cosas de Monago”, nos impides ver en Interviú unas fotos con las que, tal vez, te podíamos haber entendido un poco. ¿Por qué no has hecho una consulta popular no vinculante, preguntándonos si queríamos o no ver esas fotos de doña Olga Henao? Antes te ibas a verla con nuestro dinero y ahora, con nuestro dinero nos impides que la veamos. Aburrido y mala leche. ¿Cuánto nos ha costado?

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Decide el cabreo

En 23 días tendremos la gran encuesta, la que cierra todas las bocas, fabulaciones y expectativas. Las elecciones del 24 de mayo tienen mucho de singular porque, al margen de la aburrida alternancia a que nos tienen acostumbrados en municipios y comunidades, vamos a comprobar si el electorado está realmente hastiado de un bipartidismo tan supuestamente denostado. Sobre el papel parece que decidirá el cabreo. La irrupción de nuevas opciones es un melón sin catar y como  “hasta el rabo todo es toro” veremos que pasa y qué decide el respetable en aquellos pueblos en los que siguen teniendo las mismas alternativas de los últimos treinta y tres años. ¿Elegirá el elector papeletas diferentes para el municipio y la comunidad? Ojalá me confunda, pero no lo creo. Sería un signo de madurez democrática que no parece probable porque, al menos hasta ahora, las elecciones municipales tiran de las autonómicas y las opciones que no presentaban candidaturas en los municipios apenas arrastraban un voto testimonial en las autonomías. La suma del voto municipal solía ser, aproximadamente, el voto autonómico.

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De chorradas y paridas

Aunque ha colapsado las redes, me parece anecdótico que María Dolores Cospedal situara a las Hurdes en Andalucía. Esta señora, que está en todas partes menos en Castilla la Mancha, debe de tener una coctelera geográfica difícil de ordenar aún haciéndolo “en diferido”, porque la secretaria general del PP no se aclara ni en su propia comunidad. En Cuenca confundió “casas encantadas y colgantes” con las “casas colgadas” y  estando de campaña electoral en Puertollano escribió en las redes sociales que se encontraba “muy contenta por estar en Puerto Llano”. Peor me pareció que viniera a Extremadura para escenificar su apoyo a la candidatura de Monago y que no se molestara en renovar un discurso que repite todos los días en todas las presentaciones municipales o autonómicas a las que asiste, con sus latiguillos “estamos contigo”, “eres un ejemplo”, “todos sabemos que para ti lo primero es tu pueblo”, “eres un modelo de político honrado y ejemplar”... ¿Pero es que no sabe que la siguen las cámaras? La única variante es que en algún sitio también se confundió de candidato y a un Juan Pedro lo rebautizó como “mi amigo José Miguel”… Peor fue lo que dijo en Guadalajara días después: “Hemos trabajado mucho para saquear a nuestro país”. Yo creo que quiso decir “sanear”, pero vete tú a saber.

Son lapsus o despistes sin importancia, Federico Trillo confundió Honduras con El Salvador –“¡Viva Honduras!”- y en Murcia todavía se recuerda al diputado cunero que se despachó con un eufórico: “¡Viva Murcia y los murciélagos!” Hace poco Woody Allen llegó a Barcelona después de su concierto en Badajoz y cuando le preguntaron que de dónde venía, dijo que de un pueblo cerca de Lisboa. ¿Más? Durante la larga etapa de Ibarra como presidente de la Junta, parece que atendiendo a una recomendación de Alfonso Guerra, nombró consejero de Turismo a Félix de Sande, un señor que no conocía absolutamente nada de Extremadura. En su presentación ante los medios una periodista de la SER, con evidente mala leche, le preguntó si tenía algún plan para el desarrollo turístico de la Siberia. Y el bueno de Félix -era un buenazo-, no se tomó el respiro necesario y dijo algo así como “primero vamos a programar el desarrollo turístico de Extremadura, que de la Siberia ya se encargarán en Rusia”…

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